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“Hay ciertas cosas que no puedo contarle a nadie, excepto a la gente que ya no está aquí”. Una sencilla tarea escolar se convierte para Laurel, protagonista de esta obra, en un cuaderno lleno de cartas dirigidas a artistas que ya han muerto. Artistas que su hermana fallecida y ella admiraban. Ava Dellaira se inspira en la muerte de su madre y escribe un hermoso relato epistolar lleno de amor, perdón, encuentro y reconciliación.
Usualmente se escriben cartas a familiares, conocidos, amistades o amantes. Remedios Varo dirigió sus cartas, bastante humorísticas, a distintas personas, como parte de su juego estético surrealista. Varias de sus anotaciones quedaron guardadas entre sus cuadernos personales.
Ifemelu va a un salón africano a hacerse las trenzas para su retorno a Nigeria después de años como becaria y bloguera en Estados Unidos. Hace un recuento de su vida, de su pasado y de su primer amor: Obinze, de su complicidad e intimidad generadas casi inmediatamente en medio de la fiesta de un casi americanoh: un nigeriano absorto con la cultura británica o estadounidense.
Una niña recuerda uno de los momentos vividos junto a su papi. En este episodio, están Maria Cristina, una de las tantas novias de papi y Kiki. Junto a ellos descubre la ambivalencia del deseo, por un lado, el de agradar a papi, como lo hacen todos sus esbirros. Por otro lado, el de su amor hacia María Cristina. La novela cuenta, desde una mirada infantil, cómo un mafioso puede tener tanto poder que puede convertirse en el diablo, en un santo, o en el protagonista de los sueños o las pesadillas de su propia hija.
Lorenza y Mateo, madre e hijo, pareja distante, curiosa, volátil. Una vida marcada por la militancia de Lorenza, los secretos sobre su relación y las verdades a medias, y las dudas de Mateo sobre su padre ausente, el héroe caído. Madre e hijo viajan a Buenos Aires en busca de Ramón, antiguo amante de Lorenza y padre de Mateo. Más que la búsqueda del padre, es la búsqueda de la identidad del hijo.
Ruth Algrave era una mujer privilegiada: vivía en Londres, era soltera y virgen, mecanógrafa perfecta, descendiente de irlandeses, hermosa y buena cantante. Era tan privilegiada que, un sábado por la noche, fue escogida por un ser de Saturno.
Michel Pretre, gran explorador, encontró en las selvas del Congo Central a la cosa humana más pequeña del mundo. Como cualquier hombre que categoriza y capitaliza, la llamó Pequeña Flor. Su fotografía se publicó en tamaño real en las páginas del periódico dominical. Pequeña Flor, al ser tan diminuta, se escapa entre las hojas de los árboles, del diario.
Luisa se descubre sola en la cama, en la habitación, en la casa, ¿y en la vida? ¿Qué pasó con los otros? ¿Qué pasó con Luisa? El reloj da las nueve y ella está inmóvil. Pasan los minutos, las horas, y nace en Luisa un sentimiento, una pasión, una revelación; una certeza.
Ana Victoria amaba el sexo y estaba convencida de que era imposible que la naturaleza hubiera inventado la sexualidad para avergonzarse de ella. Pero su madre no estaba de acuerdo y se preguntaba qué pecado había cometido para merecer semejante castigo.
Sara tiene 13 años y es incapaz de relacionarse normalmente dentro de una dinámica social establecida. Su padre la observa, Sara se comporta de forma extraña: se sienta durante horas frente al jardín, observa y espera. ¿Qué espera?
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