El primitivo calendario romano tenía diez meses, empezando en nuestro actual marzo. Por eso, septiembre, octubre, noviembre y diciembre comienzan así. Porque eran, respectivamente, el séptimo, el octavo, el noveno y el décimo mes. Pero Julio César, en el año 46 a. C., promovió una reforma que se hizo efectiva al año siguiente: el año pasaría a tener 365 días, más un día que se añadía cada cuatro años, agrupados en doce meses. El quinto mes, que hasta ahora se llamaba QUINTILIS, se llamaría, en su honor, IULIUS. Llegamos, en este CAPITULUM TERTIUM DECIMUM, a la quinta declinación.