l 30 de diciembre del año 2000, en el tranquilo distrito de Setagaya, en Tokio, ocurrió uno de los crímenes más inquietantes y misteriosos de Japón.
Una familia de cuatro personas fue brutalmente asesinada dentro de su propia casa. Pero lo que convirtió este caso en algo verdaderamente perturbador no fue solo el crimen.
Fue lo que ocurrió después.
El asesino no huyó inmediatamente. Se quedó durante horas dentro de la vivienda: comió de la nevera, usó el baño, navegó por el ordenador familiar e incluso descansó en el sofá antes de desaparecer.
Dejó ADN, huellas y numerosas pruebas.
Han pasado más de 25 años… y el caso sigue sin resolverse.
Durante años, los vecinos comenzaron a llamar a la vivienda “la casa fría de Setagaya”, porque algunos aseguraban sentir algo extraño al pasar por allí: una sensación de frío inexplicable, sombras en las ventanas y una inquietud difícil de describir.
Un caso real que mezcla crimen, misterio y una pregunta que aún sigue sin respuesta.
¿Quién entró en esa casa aquella noche…
y cómo logró desaparecer sin dejar rastro?