Hace un año, Rosario Murillo inventó una «copresidencia» sin elecciones, sin mandato, sin legitimidad. Su objetivo: aferrarse al poder. Estados Unidos, en un duro mensaje, le restregó la manipulación constitucional de la que hizo uso para colocarse en un puesto que en democracia requiere del voto popular. Tres días después, la codictadora no se ha atrevido a responderle al gobierno de Trump. Más en #AHORA, el pódcast de #Artículo66.