En la actualidad, y debido a nuestra herencia de tradición católico-cristiana, el orgullo se identifica con soberbia, precisamente, el primer pecado capital según Santo Tomás de Aquino, y, por ende, el considerado más serio de todo los pecados. Sin embargo, el orgullo también una connotación positiva y puede ser entendido como moralmente correcto. Podemos, por ejemplo, estar orgullosos de nuestra familia, de nuestros amigos o de nosotros mismos cuando hemos llevado a cabo un buen trabajo o una buena acción. Desde un punto de vista moral, es correcta la estima siempre que sea apropiada y proporcionada a los hechos. Cuando deja de serlo y es más alta de lo que debería, hablamos de soberbia. Y la soberbia, como manifestación del orgullo en sentido negativo, es uno de los principales males que se pueden tener a la hora de invertir.