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¿Has estado orando para que el Señor te muestre si lo que quieres hacer está de acuerdo con la voluntad de Dios? Deja que la paz de Cristo sea tu guía y te ayude a encontrar la solución. Si empiezas a llevar a cabo lo que tienes pensado hacer, pero no tienes paz al respecto, desiste de tus planes.
Sin embargo, recuerda que debes ser sensible y poner atención al consejo del Espíritu Santo. Él pondrá sutilmente paz o intranquilidad en tu corazón. No te quedes esperando a que el Señor se te aparezca una mañana, te saque de la cama y te diga qué debes hacer. Él, por lo general, no te hablará de esa forma. Su método principal de comunicación es por medio de lo que la Biblia llama: el testigo interno.
Por eso, es necesario que estés siempre atento. No puedes darte el lujo de estar siempre ocupado en las cosas del mundo. Debes apartar tiempo para el Señor y prestarle atención.
Otro aspecto del cual debes cuidarte es de la contienda. Si estás irritado y molesto por asuntos cotidianos, te será muy difícil discernir el consejo y la voz apacible del Espíritu Santo. Por lo tanto, pon en práctica lo que el versículo citado arriba dice hacia el final: "Se agradecido, con aprecio, dándole siempre alabanza a Dios". Mantén un corazón lleno de gratitud; te será mucho más fácil oír "al árbitro de la paz" cuando Él haga un llamado.
Lectura bíblica: Salmos 95:1-7
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Jesús vino a quitar el pecado. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Quiere decir que Dios, mediante la sangre de Jesús, ha anulado el poder del pecado para que tú, como creyente nacido de nuevo, puedas vivir como si ese pecado nunca hubiera existido. Tú puedes salirte de su sombra de una vez por todas.
Ten presente que salirse de la sombra del pecado no significa llevar una vida perfecta. Te equivocarás algunas veces. Quizás algunas veces caigas en pecado (no tienes porqué, pero ¡es probable que suceda!). Sin embargo, tienes una promesa de Dios, sellada con la Sangre de Jesús, la cual dice que cuando confiesas ese pecado, Él es fiel y justo para perdonarte y limpiarte de toda maldad.
No deberías vivir ni cinco segundos bajo la sombra de ese pecado, si eres lo suficientemente sensato para arrepentirte y recibir el perdón de Dios.
"¡Pero hermano Copeland, me siento tan mal por el pecado que cometí!"
No importa cómo te sientas al respecto. Hazlo por fe. Aprende a arrepentirte lo más pronto posible. Luego, levántate y ríete en la cara del diablo.
Recuerdo una ocasión en particular en la que yo me encontraba en esa situación. Había cometido un error garrafal y debía predicar esa misma noche. Me sentía tan culpable que dije: "Señor, tendrás que conseguirte otra persona que predique esta noche porque yo no voy a hacerlo". De repente, el Espíritu me habló al corazón, diciéndome: Kenneth, ya me confesaste ese pecado, ¿cierto?
—Sí, ya lo hice.
—Entonces, ¿consideras la sangre por la que has sido santificado como una cosa inmunda?
—¡De ninguna manera!, Señor.
—Pues, eso mismo es lo que estás haciendo. Mi Palabra dice que cuando confiesas tu pecado no sólo voy a perdonarte, sino también a limpiarte y a echar ese pecado en el mar del olvido. Así que, no es agradable que continúes tocando este tema.
Te lo digo: me olvidé del asunto en ese preciso instante, fui al servicio y prediqué por dos horas y media acerca del ¡perdón de Dios!
No permitas que los sentimientos de culpabilidad e indignidad te priven del poder de la Sangre de Jesús. Arrepiéntete y sal por fe, de la sombra del pecado a ¡la poderosa luz del perdón de Dios!
Lectura bíblica: Juan 1:1-34
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Observa que este versículo bíblico nos instruye a dar gracias "en" todo, no "por" todo. Cuando la calamidad o la tentación nos golpean, no debemos dar gracias a Dios por las calamidades. Él no es el autor de estas situaciones. Al contrario, Él es quien nos muestra la salida para escapar de ellas, y ésa es la razón por la cual debemos ser agradecidos con Él.
Si lees los cuatro Evangelios, notarás que Jesús jamás dio gracias por la enfermedad o la muerte. Al contrario, cada vez que se enfrentó a ellas, su reacción era vencerlas con el poder de Dios. Por eso, agradece como Jesús lo hizo—no por las obras de Satanás, sino por la victoria que Dios te ha dado sobre las calamidades.
Lectura bíblica: Juan 11:1-48
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Alguna vez has pensado en David y te has preguntado lo siguiente: ¿Cómo David, un joven pastor, se convirtió en un hombre conforme al corazón de Dios, y llegó a ser alguien tan fuerte en el espíritu que Dios lo escogió para ser el rey de Israel? Yo lo he hecho.
De hecho, le pregunté al Señor al respecto, y me mostró que la revelación fue la que convirtió a David en un hombre espiritualmente poderoso, aquella que provino de las muchas horas de meditación en las cosas de Dios. Me imagino que el día en que escribió el Salmo 23, David se encontraba meditando en la bondad de Dios y cantándole alabanzas. Él estaba teniendo comunión con Dios cuando, de repente, la Unción del Señor vino sobre David y el exclamó: "¡El Señor es mi pastor!".
Sin duda se acordó de las ovejas que cuidaba cuando era joven: "Me enfrenté a la muerte por esas ovejas. Las guíe a lugares de pastos verdes y de aguas frescas, limpias y tranquilas". Continuó meditando en esas cosas, y se llenó de emoción: "Cuando me enfrenté al león y al oso, ¿no colocó Dios una mesa delante de mí en presencia de esos enemigos? Él me dio la victoria. ¡Mi Dios! ¡Mi Dios peleará por mí! «¡El Señor es mi pastor, nada me faltará!».
Esa revelación invadió a tal punto el alma de David, que el diablo no pudo hacer nada para quitársela. Por eso, cuando Goliat estaba burlándose de Israel, David salió a pelear contra él. Todos los israelitas le tenían miedo, excepto David, porque en su ser había una revelación que decía: «Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo» (Salmos 23:4). Esa revelación le dio a David el valor y el poder no sólo para decir: «yo vengo contra ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado» (1 Samuel 17:45), sino también para incrustar una piedra en la frente del gigante.
¿Está el diablo buscando cómo destruirte? Haz lo mismo que David. Medita en Dios y en Su Palabra. Canta alabanzas al Rey. Ten comunión con el Señor hasta que la revelación de quién es Él en ti empiece a inundar toda tu alma. Luego, dile al diablo: "Tú no me matarás. ¡Jehová es mi Pastor!". Pégale con la piedra del conocimiento adquirido por revelación divina, y lo dejarás fuera de combate, en toda ocasión.
Lectura bíblica: Salmo 23
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Creer. Ésa es la clave para todo lo perteneciente al reino de Dios. Es la manera en que nos conectamos al poder del Dios todopoderoso. La mayoría de nosotros lo sabe, pero pocos sabemos con exactitud cómo hacerlo. Desconocemos cómo ponerlo en práctica.
En realidad es más sencillo de lo que nos imaginamos. Es tan fácil como decir: "Yo creo que recibo".
Algo sucede en tu espíritu cuando dices esas palabras. No entiendo cómo, pero es así. No comprendo cómo es que mi sistema digestivo sabe qué hacer cuando trago algo, pero lo hace. Sólo ingiero un poco de comida y éste empieza a funcionar. No tengo que provocarlo. No tengo que sentirlo. Simplemente, sucede. Ésa es la manera en la que está diseñado el cuerpo humano.
Similarmente, cuando te alimentas de las maravillosas promesas de Dios y las "ingieres" en tu espíritu al decir "Yo creo que recibo", la fe es liberada. No tienes que provocarlo, ni tienes que sentirlo. Simplemente sucede. El espíritu regenerado está diseñado de esa manera.
Cuando repites con tu boca en forma continua: "Creo que recibo mi sanidad", o "creo que mis necesidades económicas son suplidas", y luego citas los pasajes bíblicos que respaldan esas confesiones, la fe se libera para atraer el poder que suple esas necesidades.
Como dice el Dr. Kenneth Hagin, necesitas "mantener encendido el interruptor de la fe". Tanto Gloria como yo hemos descubierto que confesar en voz alta la frase: "Yo creo que recibo", es una manera de mantenerlo encendido. Lo decimos cuando oramos. Lo declaramos al alabar a Dios. Lo decimos al leer la Palabra.
Lo declaramos especialmente en el momento en que debemos enfrentar las tinieblas, cuando parece que no estamos recibiendo nada de nada. Cuando todo parece que va de mal en peor, lo confesamos en voz más alta: ¡Yo creo que recibo!
¿Quieres activar hoy tu fe? Entonces, haz de estas cuatro palabras las más importantes de tu vocabulario. Confiésalas todos los días. Pronto descubrirás, al igual que nosotros… que ¡funcionan!
Lectura bíblica: Marcos 11:12-24
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Jesús es el principio y el fin. Él es el Todopoderoso. Cuando nos dijo eso en el libro de Apocalipsis, no estaba solo presentando información acerca de Él. Nos estaba dando a conocer una poderosísima verdad, la cual podemos aplicar hoy en día.
Déjame mostrarte cómo. Jesús dijo que Él es el principio. No importa qué reto o situación estés enfrentando en este momento; necesitas empezar con Él. En Juan 1:1 leemos que Jesús es la Palabra. Es decir, si vas a empezar con Jesús, empezarás con la Palabra. No hagas nada hasta averiguar qué dice la Palabra respecto a tu problema.
Luego, mantente firme en la Palabra. Colosenses 1:23 dice: «…permanezcan cimentados y firmes en la fe, inamovibles en la esperanza del evangelio que han recibido».
Permanecer cimentado en la fe. La única manera en que el diablo puede derrotarte es presionándote para que abandones la Palabra. Todo lo que él hace, toda situación que cause, conlleva la intención de que dudes de la Palabra de Dios. Por lo tanto, no importa lo que pase, permanece en la Palabra. Establécelo con Dios en oración y confía en ella siempre. ¡Escrito está!
Después, deja que la Palabra sea la autoridad final. Jesús dijo que Él es el principio y el fin. Eso significa que la palabra de tu médico no es la definitiva. Ni siquiera tu pastor tiene la última palabra. ¡La Palabra de Jesús es la última palabra!
Recuerda: tú eres lo que la Palabra dice que eres. Puedes hacer lo que la Palabra dice que puedes hacer. Y puedes tener lo que la Palabra dice que puedes tener. Empieza a creerlo; comienza a decirlo en voz alta y con fe.
Ahora, da un grito de victoria. Sí, ¡ahora! No tienes que esperar a ver el resultado para celebrarlo. Tienes la Palabra de Jesús referente a tu problema, así que sabes sin lugar a dudas que tu victoria está garantizada. Una vez que te hayas cimentado en Él, puedes estar seguro… Su Palabra será la ¡última palabra!
La religión es peligrosa. La religión prefiere debatir la sanidad, que ver a alguien sano. La religión prefiere discutir acerca de la liberación, que ver a alguien libre.
En Lucas capítulo 13, podemos observar un claro ejemplo de esto. Jesús sanó a una mujer que había estado encorvada por 18 años. Imagínatelo: una pobre anciana —a la que Jesús llamó hija de Abraham— a quien liberó después de haber estado atada por el diablo por casi dos décadas. Era de esperar que los líderes del templo se regocijaran por lo que Jesús había hecho. Pero, ¡no! Más bien se enojaron porque había sanado en el día equivocado.
¿Sabes qué es lo peor? Esos mismos líderes religiosos, que criticaron a Jesús por sanar en el día de reposo, pudieron haberle ministrado sanidad a esa mujer en cualquier otro día de la semana, si en realidad les hubiera importado hacerlo.
Por ese motivo, Jesús se indignó con ellos. Jesús ministró respaldado por el mismo pacto de Abraham que ellos tenían, pero su religión había tenido atada a esa mujer en lugar de haberla liberado. Siempre sucede así.
Recuerda eso la próxima vez que alguien trate de debatir sobre la sanidad o la liberación. Si alguien necesita ser liberado de un demonio, ¡sólo hazlo! No te enredes en cuestiones teológicas tratando de averiguar dónde está el demonio.
"¿Estará en el cuerpo?, ¿en el cerebro?, ¿en el espíritu?, o quizás ¿en el bolsillo?" Mientras piensas en esas cosas, el demonio estará volviendo loca a la pobre persona.
La pregunta no es: "¿dónde está el demonio?", sino "¿por qué no hemos liberado a esa persona?" Es nuestro prójimo, y en el Nombre de Jesús ¡debe ser libre!
Una vez que te hagas esa pregunta, no te importará si el demonio está adentro, afuera, suspendido en el aire o reposando. Lo único que te importará es que esa persona sea libre.
Ésa es la diferencia entre la religión y el amor de Dios. La religión discute. El amor actúa. Escoge el amor, hoy.
Lectura bíblica: Lucas 13:11-17
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Parece que hay abundancia de "pedregales" cristianos en estos días. Al comienzo, cuando comienzan en la vida cristiana, se emocionan con la Palabra de Dios. Oyen un mensaje acerca de la prosperidad y vuelven a sus hogares diciendo: "¡Aleluya! Voy a prosperar, en el nombre de Jesús". Pero luego, por alguna razón las cosas no marchan como ellos esperaban.
Su cuenta bancaria no se duplica de la noche a la mañana. Se decepcionan con algo. Reciben algunas críticas. Luego, en poco tiempo, su fe se marchita.
Si no quieres que eso te suceda, decide ahora mismo que no te dejarás derrotar por esos momentos difíciles. Decide ahora que te mantendrás firme en la Palabra, aun en medio de la persecución y la aflicción, pues te garantizo: los problemas sí vendrán a tu vida.
Cuando uno se decide a vivir por fe, las pruebas no desaparecen. En su lugar, aprendes a vencerlas.
Cuando dejes a la Palabra de Dios llegar hasta tu corazón, aprenderás más del diablo de lo que alguna vez hayas deseado, pues él hará todo lo posible para que la Palabra sea infructuosa en tu vida. Tratará de confundirte con cada paso. Tendrás problemas, pero la diferencia ahora es que también tendrás la respuesta―la Palabra de Dios.
Gracias a Dios, por medio de Cristo Jesús tienes el poder para derrotar a Satanás. Cuando éste genere problemas y desilusiones en tu camino, no tienes que postrarte y dejar que te arrollen. Continúa peleando la buena batalla de la fe hasta que venzas.
Algunas veces serás derribado. Pero cuando eso suceda, levántate y declara: "Mira bien, diablo, no permitiré que robes la Palabra de mi corazón. Está ahí, y estoy meditando en ella. La confieso con mi boca y actúo conforme a ella hasta que las bendiciones de Dios me alcancen. Si no me crees, ¡sólo escóndete y observa!".
Al tomar esa actitud, sin importar lo que el diablo haga, él jamás podrá convertirte en un "pedregal" cristiano.
Lectura bíblica: 2 Corintios 4:6-18
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
¡Dios quiere que estés bien! ¿Lo sabías? Él te quiere saludable y fuerte en todos los aspectos de tu vida.
Él te quiere fuerte espiritualmente. Fuerte en tu fe. Fuerte en la Palabra. Fuerte en la redención. Fuerte en el amor de Dios.
Él te quiere mentalmente bien, fuerte y estable en tu estado de ánimo.
Él quiere que tengas una voluntad saludable, que se acople con la Suya.
Él quiere que tu cuerpo esté bien. Él te quiere libre de las ataduras del dolor, de la enfermedad y de los afanes. Libre de las preocupaciones y aflicciones de esta vida terrenal.
En pocas palabras, ¡tu Padre celestial quiere que estés bien!
Es más: en este día y hora, Él necesita que estés bien. Necesita que vivas en victoria y sanidad para que le enseñes a otros cómo hacerlo. Estamos llegando al tiempo en que esa clase de conocimiento será una necesidad absoluta. Ya es tiempo de que el Cuerpo de Cristo deje de andar cojeando e ignorando las maquinaciones del diablo, y de estar desprevenido contra sus ataques.
De hecho, el Señor me dijo lo siguiente:
Cuanto más avances, más peligrosas serán las cosas en el mundo. Es necesario que los creyentes crezcan en las verdades de la redención, y que aprendan a vivir por la fe en forma práctica, a fin de que puedan disfrutar de la más grandiosa y victoriosa manera de vivir, la cual he planificado para ellos.
Jesús se entregó a Sí mismo hasta la muerte para que nosotros pudiéramos estar bien. Él resucitó, y está siempre intercediendo por nosotros para que podamos estar bien. Él quiere que estemos sanos y fuertes, a fin de que en estos últimos días seamos testimonio de Su amor, Su gracia y Su poder en este mundo lleno de maldad.
Recibe el poder sanador de Jesús en todos los aspectos de tu vida. Empieza a aplicarlo por fe en este momento. Comprométete a estar bien y a fortalecerte hoy ¡en todas las áreas de tu vida!
Lectura bíblica: Salmo 107
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Hace algunos años, estaba orando en nuestra pequeña casa en Tulsa, Oklahoma. Caminaba de un lado a otro, confesando 1 Juan 4:4: «…porque mayor es el que está en ustedes que el que está en el mundo». ¡Mayor es Él…! ¡Mayor es Él…! De repente, esa revelación surgió dentro de mí y supe lo siguiente: ¡Oh! ¡Dios está en mí!
Me impresionó tanto que sentí como si alguien me hubiera golpeado con un trapo mojado. Me conmocionó, y comencé a saltar por toda la casa. De pronto, dejé de ser el pobre predicador que vivía en esa casucha. ¡Ahora entendía que yo era la morada del Dios altísimo! Esa revelación cambió mi manera de pensar referente a muchas cosas. Vi mis manos, y pensé: Sus dedos están en mis dedos. Vi mis piernas. Sus piernas están en mis piernas. ¡Sus pies están en mis pies! Si camino hacia el peligro, Él camina conmigo.
Ahora, cuando oigo a la gente decir: "Hermano Copeland, mis oraciones no suben más allá del techo de mi casa", deseo contestarles: "¿Más allá del techo? No tienen que ir más allá de tu nariz, porque Él habita en ti. El Autor de tus oraciones y de tu fe, Jesús de Nazaret, reside en ti. ¡Aleluya!".
Algunos creen que para ser llenos del Espíritu Santo hay que recibir el bautismo de éste. Pero no es así. El Espíritu Santo entró en tu vida cuando recibiste a Jesús como tu Señor, cuando naciste de nuevo. Ser bautizado en el Espíritu Santo es otra cosa: es recibir el poder del Espíritu para ministrar (Hechos 1:8).
Es decir, que aunque hayas nacido de nuevo hace dos segundos; Jesús ya está en tu interior, vive dentro tuyo, y estará ahí para siempre. ¿Lo comprendes? Si piensas y meditas en esa verdad, podrás recibir esa revelación de la misma manera en que yo la recibí. Esa revelación empezará a llenar tu espíritu, y con el tiempo cambiará toda tu vida.
«…Ya Dios lo ha dicho: «Habitaré y andaré entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (2 Corintios 6:16). Jesús está en ti. Ésa es la verdad más gloriosa de la Palabra de Dios. Deja que esa verdad cobre vida en ti hoy.
Lectura bíblica: Colosenses 1:13-27
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
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