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Una vez que comienzas a creer que la voluntad de Dios es prosperarle, te preguntarás: ¿Cómo va a hacerlo? ¿Me enviará un cheque por correo? ¿Empezarán a llover billetes?
Claro que no. Él Señor primero prosperará tu alma. Él sembrará semillas de prosperidad en tu mente, en tu voluntad y en tus sentimientos; y cuando estas semillas crezcan, producirán una gran cosecha material.
Consulta el libro de Génesis y lee la historia de José. Encontrarás un ejemplo perfecto de lo que te estoy hablando.
Cuando José fue vendido a los egipcios, no tenía ni un solo centavo. Ni siquiera era un hombre libre. Había sido vendido como un esclavo. Pero, en medio de su esclavitud, Dios le dio tanta sabiduría y capacidad que hizo posible que su amo prosperara. Como resultado de esto, él encargo a José de todas sus posesiones.
Más adelante, José fue encarcelado. En la prisión no hay muchas oportunidades para ascender, ¿cierto? Pero Dios le dio entendimiento como a ningún otro hombre en Egipto. Ese entendimiento le abrió las puertas para un puesto en la corte de Faraón; no como esclavo, sino como el hombre más reconocido en todo el país después del mismo Faraón.
José se paseaba en un carruaje y la gente, literalmente, se inclinaba ante él. Durante la época de hambruna, José estuvo a cargo de todo el alimento: ¡a eso le llamo prosperidad!
¿Cómo hizo Dios todo eso? Lo hizo al prosperar el alma de José. Incluso cuando su situación llegó a ser sombría y sus problemas se volvieron imposibles, Dios pudo revelar los secretos espirituales que abrirían la puerta del éxito para él.
Por eso es que el método de Dios para prosperar es tan emocionante. Da resultado en cualquier lugar. Funciona en los países más pobres del mundo, así como en los Estados Unidos. Y puedes estar seguro de que ¡dará resultado en tu vida!
Lectura bíblica: Génesis 39Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio, y dio… y dio.
Ése es el mensaje que la Biblia nos comparte de principio a fin. Parece algo muy simple; sin embargo, en realidad, pocos lo entienden.
Podemos entender la idea de un Dios poderoso. Podemos entender la idea de un Dios que desea que le sirvan. Pero, ¿comprender a un Dios Todopoderoso que nos ama tanto que desea dar por sobre todas las cosas? Es difícil de comprender.
Por miles de años, Dios ha estado obrando para derramar la revelación de Su amor en los corazones de los hombres. Ha hecho promesas amorosas de bendición y protección. Pero siempre ha enfrentado el mismo obstáculo: seres humanos que no pueden aceptar esas promesas como ciertas.
La historia de Abram es un ejemplo perfecto. Abram no estaba acostumbrado al concepto de un Dios dadivoso. Después de todo, él había sido adorador de la luna, y la luna nunca había hecho nada por él. Entonces, conoció a El Shaddai: el que es mayor que todos, el Dios omnipotente. Lo primero que El Shaddai quería hacer era darle bendiciones.
Las promesas de Dios asombraron tanto a Abram, que no podía creerlas. Abram le preguntó: «Señor, ¿y cómo sabré que realmente voy a recibir estas cosas?» (Lee Génesis 15:8).
¿Sabes cómo le respondió Dios? Estableciendo un pacto de sangre. Ese pacto resolvió para siempre cualquier pregunta que Abram pudiera tener acerca del amor y la fidelidad de Dios. Al derramarse la sangre, Abram supo que Dios hablaba en serio.
Dios estableció el mismo pacto de sangre contigo: sacrificó a Su propio Hijo. El cuerpo quebrantado y la sangre derramada de Jesús son la prueba eterna del amor de Dios por ti. Por medio de la Comunión, Él nos insta a recordarlo una y otra vez, con el fin de que cuando nuestra fe en las promesas de Dios comience a flaquear, «tengamos un sólido consuelo» (Hebreos 6:18).
Medita en el pacto que Dios hizo contigo para recibir una revelación refrescante de Su amor por ti. Toma el pan y la copa. Preséntate ante el Señor y recibe la Comunión. Medita en el cuerpo y la sangre de Jesús, los cuales te han hecho miembro de la familia del Dios todopoderoso gracias al pacto de sangre. Deja que te ayuden a despejar toda duda acerca del amor de Dios por ti. Jamás dudarás de Sus promesas una vez que hayas creído en Su amor.
Lectura bíblica: Génesis 15Como creyentes, ¡debemos guardar nuestras palabras! Debemos dejar de hablar como si éstas no fueran importantes, y empezar a hablar como si nuestra vida dependiera de ellas, porque, según la Palabra de Dios, ¡sí depende! (Proverbios 18:21).
Muchos tenemos lo que Proverbios 19:1 llama: labios perversos. Tener labios perversos no es sólo mentir y maldecir. Se refiere a una boca desobediente. Significa decir cosas que van en contra de la Palabra de Dios.
Todos lo hemos hecho alguna vez. Por ejemplo, decimos que estamos confiando en Dios para que nos sane, pero luego le decimos a alguien: "¡Este dolor me está matando!".
¡Eso es tener labios perversos! Es hablar contrario a lo que afirma la Palabra de Dios.
"Por favor, hermano Copeland, sé que dije eso, pero no fue lo que realmente quise decir".
Escucha: el mundo espiritual no obra conforme a lo que has querido decir. Funciona de acuerdo a lo que dices. Leemos en Marcos 11:23: «Porque de cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: "¡Quítate de ahí y échate en el mar!", su orden se cumplirá, siempre y cuando no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirá».
Observa, este versículo no dice que será hecho lo que has querido decir, sino lo que digas. Lo que digas es lo que cuenta.
No estoy sugiriendo que te compliques la vida preocupándote acerca de cuál será tu próxima frase. Usa la sabiduría que Dios te ha dado. Enséñale a tu boca a ser obediente a la Palabra de Dios. Entonces, cuando más la necesites, encontrarás esa misma Palabra arraigada abundantemente en tu interior.
Lectura bíblica: Proverbios 10:11-21Hay cierta dimensión de la vida que sólo podrás experimentar cuando tomes la decisión de agradar al Padre en todos los aspectos de tu vida. En esa dimensión, Cristo se te manifestará de una manera más real.
A comienzos del siglo XX, Dios derramó Su Espíritu y comenzó un avivamiento en la calle Azusa. Fue un tiempo maravilloso en el que muchas vidas fueron transformadas. Las cosas del mundo perdieron su importancia. Sucedían cosas sobrenaturales, mientras Dios se manifestaba en presencia de todos.
Aquellos involucrados en ese avivamiento, empezaron a ser conocidos en el mundo como personas "santas". Se las denominó así porque era evidente que eran diferentes a los demás. Abandonaron cualquier cosa que creían que no agradaba a Dios. Estaban tan cautivados con el poder de las cosas espirituales que no tenían interés por las cosas naturales.
Hoy en día, pocos creyentes saben lo que significa la "santidad", y aún son menos los que entienden el derramamiento de Dios que cae sobre los que se atreven a seguirla.
El término santidad significa: "Apartado para Dios". Es lo que haces con tu vida cada día; es ordenar tu conducta de acuerdo con la Palabra de Dios y el consejo del Espíritu. La santidad es el hábito de estar en un mismo sentir con Dios, apartándose de los caminos del mundo y siguiendo los del Señor. La santidad no es resultado de la casualidad; la misma requiere de una decisión voluntaria. Toma esa decisión hoy mismo.
Ama a Dios con todo tu corazón al guardar Sus mandamientos. Él te mostrará Su amor y se te manifestará con poder en formas inusuales. Él descenderá sobre ti como lo hizo sobre los creyentes de la calle Azusa,—y el avivamiento verdaderamente comenzará en ti.
Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 4:1-8Sólo la Palabra viva del Dios omnipotente es lo suficientemente poderosa para disciplinar tu carne. Es la única que puede hacerte pensar, mirar, hablar y actuar como un creyente nacido de nuevo.
Cuando me convertí, el vicio horrible de fumar dominaba mi vida. Traté por todos los medios posibles de dejarlo, pero nada funcionó. Después de varios meses de luchar y fracasar, decidí asistir a una campaña en la iglesia de Hilton Sutton en Houston, Texas. Antes de entrar a la iglesia, escondí los cigarrillos en la visera del auto.
En ese tiempo, aún no había aprendido mucho de la Palabra y tampoco había visto el poder de Dios en acción. Así que cuando comencé a oír a esos ministros predicar ungidos por el Espíritu Santo, esto llamó mi atención. Había sido cautivado por la Palabra viva. Mis deseos cambiaron, y lo único que deseaba era conocer más a Dios. Por primera vez en mi vida, las Escrituras cobraron vida.
Al terminar la campaña, ya de regreso a casa, encontré los cigarrillos que había dejado en la visera del auto y me di cuenta que no me habían hecho falta.
¿Qué había sucedido? La Palabra me había alejado del deseo de fumar y me había dado el poder para disciplinar la carne. Cuando vi a Cristo a través de la Palabra y bajo la unción del Dios todopoderoso, fui libre ¡no sólo del vicio de fumar, sino también del deseo de hacerlo!
Déjate cautivar por la Palabra viva y descubre el poder que puede hacerte libre para siempre.
Lectura bíblica: Salmos 119:1-9¡La alabanza precede a la victoria!
La Biblia nos cita un claro ejemplo de esta verdad en 2 Crónicas 20. Allí, la Biblia nos relata que una gran multitud de ejércitos marchaba en contra de Israel. El ejército de Israel era tan inferior en número que no sabía qué hacer. Entonces, todos ayunaron y oraron hasta que recibieron una palabra de Dios: "No tengan miedo ni se acobarden cuando vean a esa gran multitud, porque la batalla no es de ustedes, sino mía" (2 Crónicas 20:15; AMP).
¿Sabes qué hicieron ellos en respuesta a esa palabra? Organizaron un coro de alabanza. Sí, eso fue lo que hicieron. Pusieron a algunos a cantar y alabar a Jehová, y los enviaron ¡al frente del ejército! Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, en la Palabra vemos que: "El Señor hizo que aquellos hombres cayeran en sus propias emboscadas y se mataran entre ellos mismos".
Cuando todo terminó, ningún israelita había caído—y ninguno de sus enemigos había escapado. Es más; cuando fueron a tomar el botín, encontraron tanto ganado, tantas mercancías, tantos vestidos y otras cosas de gran valor, que les tomó tres días para recogerlo todo.
¡Eso es obtener una gran victoria! Y todo comenzó con la alabanza.
¿Deseas disfrutar de ese tipo de victoria? Entonces, levántate y di: "¡Gloria!". Después de todo, te encuentras en la misma situación en que estaban los israelitas. Tienes un ejército que marcha en tu contra, pero Jesús ya derrotó a tus enemigos. Ya ganó la batalla por ti el día que resucitó.
Sólo debes confiar en Él y comenzar a alabarle. Empieza hoy a proclamar esas alabanzas. Decláralas, cántalas y proclámalas en la cara de tu enemigo. Una vez que las oiga, él sabrá que no tiene ninguna oportunidad de derrotarte.
Lectura bíblica: 2 Crónicas 20:1-22Años atrás, Dios habló al corazón de Gloria una frase que jamás olvidaré. Ella había estado pidiéndole que le enseñara a vivir en el Espíritu, para así operar en una mayor plenitud del poder sobrenatural de Dios.
Dios le dijo: El poder reside en la constancia.
Comprender esta revelación fue difícil para mí. Desde el punto de vista natural, yo puedo ser de todo menos constante. Mi naturaleza humana tiende a ser como un sube y baja: animado un día, desanimado al día siguiente. Pero, gloria a Dios, no necesito depender de mi naturaleza humana para seguir adelante. Jesucristo mora en mi interior, y ¡Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos!
Cristo no es inconstante. Él no cambia de opinión de un día para otro. Él es constante, y si lo buscas cada día más, aprenderás a serlo también.
A la mayoría de creyentes no le interesa eso. Por esa razón, hay tantos "fracasados en la fe". Son creyentes que un día están firmes en la Palabra y al día siguiente flaquean.
Necesitamos ser constantes. Jesús dijo que si permanecemos en Su Palabra, seremos verdaderamente Sus discípulos, y conoceremos la verdad, y esa verdad nos hará libres (Juan 8:31-32). El creyente que es constante recibe revelaciones que el inconstante nunca ve.
Decídete ahora mismo a ser perseverante. No planifiques tu día de hoy en la lectura bíblica de ayer; planifícalo en la lectura bíblica de hoy. Empieza con la Palabra hoy, permanece en la Palabra todo el día y termina tu día con la Palabra. Al día siguiente, levántate y haz lo mismo.
Hay poder en la perseverancia. No seas un cristiano que se apaga y se enciende, sino uno que es constante en la Palabra de Dios, todos los días.
Lectura bíblica: Colosenses 1:14-23La gente hace de todo un poco para obtener conocimiento de parte de Dios, cuando lo único que debieran hacer es ir a la Biblia. Dios no está escondiéndose de nadie. Su voluntad es que cada hombre y mujer experimente la revelación de Su conocimiento.
Quizás digas: "Bueno, hermano Copeland, Dios no le dará a todos esos pecadores ningún tipo de revelación". ¿En serio? Entonces, ¿por qué Él envía evangelistas a predicarles? ¿Por qué crees que envió Su Palabra? ¡Para revelar la verdad!
Por lo tanto, si quieres conocer de esa verdad, sólo abre la Biblia y léela. En su totalidad… no sólo las partes que aparecen en rojo. Ésas no son las únicas cosas que Jesús dijo. Él habló todo lo que se encuentra escrito en Génesis. Él habló todo lo que se encuentra escrito en Éxodo. Él habló todo lo que se encuentra escrito en Números. Él habló todo lo que se encuentra escrito en Deuteronomio. Él habló todo lo que se encuentra escrito en Levítico. Él habló todo lo que se encuentra escrito en Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Él habló todo lo que se encuentra escrito en Romanos. Él habló todo lo que se encuentra escrito en tu Biblia. ¡Él es la Palabra de Dios!
De hecho, si lees el tercer capítulo de Gálatas, descubrirás que toda promesa hecha a Abraham era ¡para Jesús! Esas promesas son las que lo manifestaron en este mundo, y lo capacitaron para sanar y libertar a la gente. Él no ministró con algún poder especial que nadie más podía tener. Su ministerio se basó en las revelaciones que recibió de la Palabra escrita de Dios al usar su fe.
Cuando el diablo lo tentó, Jesús no peleó en contra de sus ataques con una legión de ángeles asignada para protegerlo porque era el Hijo de Dios. Jesús enfrentó a Satanás con la frase: "Escrito está".
Dios te ha equipado con las mismas armas para que hagas lo mismo. Te ha dado Su Palabra escrita y también al Espíritu Santo para que puedas entenderla. Él está siempre dispuesto a darte el conocimiento que necesitas. No tienes que exprimirlo; sólo abre tu Biblia, y deja que comiencen las revelaciones.
Lectura bíblica: Juan 16:7-15Ser especial. No es una meta para la mayoría de nosotros, ¿cierto? Pero debería serlo. Dios nos ha llamado a ser linaje escogido; a vivir de tal manera que el mundo se dé cuenta de que somos pruebas vivientes del amor y el poder de Dios (1 Pedro 2:9).
Por ejemplo, Él no quiere que padezcamos con el resto del mundo. No quiere que suframos las dolencias, ni las enfermedades, ni la pobreza, ni los fracasos del mundo. Dios nunca ha querido esas cosas para Su pueblo.
La Biblia nos da un ejemplo claro de esto cuando Israel estuvo cautivo en Egipto. Faraón se había rehusado a liberar a los israelitas y Dios permitió que las tinieblas cubrieran toda la región. La oscuridad fue tan densa en todo Egipto que nadie pudo hacer nada por tres días.
Sin embargo, vemos en Éxodo 10:23 que «todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones».
¡Qué ejemplo tan impresionante de la manera en que Dios desea que vivamos! Deberíamos estar glorificando a Dios por el milagro de disfrutar una vida victoriosa. La gente debería decirnos continuamente: "Supe cómo Dios te sanó" o "me contaron cómo Dios te ha prosperado y cómo salvó a tus hijos".
Por lo tanto, sigue adelante. Pon en práctica la Palabra de Dios en tu vida y atrévete a recibir las ricas bendiciones que le pertenecen a todo creyente. Utiliza la Palabra para delimitar tus alrededores, pintando señales espirituales de advertencia para el diablo. Señales que digan:
"¡Vete de aquí! De acuerdo con la Palabra de Dios, ya no te pertenezco. Mi familia no te pertenece. Mi salud no te pertenece. Mi dinero no te pertenece. Mi ministerio no te pertenece. Pertenezco a otro Reino. Ahora, ¡aléjate en el nombre de Jesús!".
¿Suena algo especial? Me alegra. ¡Dios te ha llamado precisamente para eso!
Lectura bíblica: Éxodo 10:20-29Quizás estés enfrentado a un gigante. Tal vez sea una enfermedad, un fracaso, escasez financiera o algún otro tipo de problema. Pero no dejes que ese gigante te asuste. Tú tienes un arma secreta. Es la misma que una vez convirtió a un pastorcillo en un campeón vencedor de osos, leones y gigantes. El arma no es nada menos que un pacto de sangre con el Dios Todopoderoso.
En los días de David, la circuncisión era la evidencia de ese pacto. Por eso, cuando David dijo que Goliat era un filisteo incircunciso, él estaba diciendo: "Este hombre podrá ser un gigante y podrá ser muy fuerte; pero no tiene ningún pacto con Dios, y por eso lo venceré".
Al igual que David, tú también tienes un pacto. Pero el tuyo es mejor. El pacto que David tenía otorgaba bendiciones en abundancia a quienes lo guardaban; sin embargo, también incluía maldiciones para aquellos que no lo hacían.
Tu pacto ha cambiado. Tu pacto es el Nuevo Pacto que Jesús compró con Su propia sangre, y no depende de lo que tú hagas, ni de tus propias fuerzas. Sólo depende de Él y de lo que Él ya ha hecho. ¡Él ya lo hizo todo! Lo único que debes hacer es creerlo, y recibirlo.
Lee Deuteronomio 28:16-68 en este instante. Allí encontrarás la lista de todas las maldiciones de las que Cristo te ha librado. Es más, podríamos llamarla "la lista de los gigantes que Jesús venció por ti". La misma incluye toda maquinación que el diablo pueda alguna vez utilizar en tu contra.
Léela, y regocíjate. ¡La lista incluye todas las cosas de las que Dios ya te ha sanado y de las que te ha librado!
No dejes que ningún gigante te intimide. Tú tienes un pacto de sangre con el Dios todopoderoso, y no hay ninguna situación "incircuncisa" sobre la faz de la Tierra que pueda quitarte la victoria.
Lectura bíblica: Gálatas 3:13-29From the publisher's feed

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