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Solía enojarme con las personas sobre las cuales imponía mis manos y no sanaban. Un día estaba orando y conversando con Dios acerca de esto, cuando Él habló a mi espíritu, diciendo: La sanidad siempre llega.
Recuerdo que le pregunté: "¿Cómo que la sanidad siempre llega? No todas las personas son sanadas".
Yo no dije que todos la reciben, respondió. Luego me habló con firmeza: Yo cumplo Mi parte, y he dicho que se recuperarán.
Esas palabras me golpearon como una tonelada de ladrillos. Dios afirmó que ellos se recuperarán. Él nunca miente. Si Él dijo que se recuperarán, entonces eso significa que la sanidad siempre llega. No es Dios quien la retiene, sino quienes no la reciben.
Desde entonces, no he tenido problema alguno para imponer manos sobre las personas y creer que serán sanadas. Ya sea que ellas se vayan sanas o no, yo sólo permanezco en fe por ellas. De hecho, sé que si esa persona, que se va enferma, alinea su fe con Dios y conmigo —no importa aunque sea en cinco años— se sanará.
Si has impuesto manos sobre alguien que no recibió la sanidad, no interrumpas el fluir del poder de Dios al remover tu fe. Permanece firme. Sigue creyendo que la sanidad siempre llega, y quizás más adelante esa persona enferma decida permanecer firme y ¡ponerse de acuerdo contigo!
Lectura bíblica: Marcos 10:46-52La mayoría de nosotros ha leído acerca de nuestro ángel guardián cuando éramos pequeños. En aquellos días resultaba reconfortante. Era alentador saber que había alguien que nos protegía de los monstruos que acechaban detrás de la puerta del armario y de cosas horripilantes que se arrastraban debajo de la cama cuando la luz se apagaba.
Pero a medida que transcurrieron los años, dejamos atrás nuestros temores de la niñez. Las criaturas imaginarias que habían parecido una vez tan reales han desaparecido de nuestra mente y —lamentablemente—, para la mayoría de nosotros los ángeles también.
Sin embargo, el tema de los ángeles no es sólo asunto de niños. Son espíritus poderosos enviados para servir a los que somos herederos de la salvación.
La palabra salvación en Hebreos 1:14 proviene de la palabra griega soteria que significa: "rescate, preservación material y liberación temporal". ¡Piensa en eso! Dios ha creado un gran número de seres espirituales gloriosos y poderosos, con el propósito específico de protegernos y librarnos de los males de este mundo.
Y recuerda que, según Salmos 103:20, la Palabra de Dios es la que pone a esos ángeles en acción. Así que cuando te encuentres en peligro, no te asustes ni grites por lo difícil que estén las cosas. ¡Confiesa la Palabra! Tus ángeles responderán a la Palabra. Luego se paciente y dales tiempo para que actúen. Ellos cumplirán con su deber.
Lectura bíblica: Salmos 103:17-22La mayoría de los creyentes no sabe nada acerca de la verdadera humildad. Si les dijeras que ellos son la justicia de Dios, no lo creerán. Podrías citarles versículos bíblicos para demostrárselos, pero aun así debatirían del tema contigo.
Te dirían: "No, yo no soy justo. Sólo soy un pecador que ha sido salvo por gracia". Tratan, con sinceridad, de ser humildes. Pero la verdad es que están equivocados. Tienen tanto temor de caer en orgullo, que han dejado que Satanás los engañe; y él los ha hecho caer precisamente en el orgullo que tanto han querido evitar.
Déjame explicarte lo que quiero decir. De acuerdo con 1 Pedro 5:5-6, ser verdaderamente humilde es someterse a Dios. Eso significa que cuando Dios declara algo, debes creerlo sin importar cuán extraño pueda parecer a tu pensamiento "religioso". Cuando Él afirma que has sido hecho la justicia de Dios en Cristo Jesús, tú debes afirmarlo también. De hecho, no te atreverías a decir una cosa distinta, porque hacerlo sería estar en desacuerdo con Dios, lo cual es la peor forma de orgullo que hay, ¿no es cierto?
No permitas que Satanás te pisotee en el polvo de la falsa humildad. Ponte de acuerdo con Dios. Descubre y aprende lo que la Palabra de Dios afirma acerca de ti; luego, atrévete a declararlo con tu boca. Despójate de todo orgullo al someterte a Su Verdad. Revístete de la verdadera humildad. Estoy seguro de que lucirás muy bien en ella.
Lectura bíblica: 1 Pedro 5:5-11Si le das lugar al diablo, él lo ocupará. Tienes que estar alerta y mantener el escudo de la fe en alto porque si no lo haces, él se volverá y te arrebatará el terreno que acabas de conquistar.
Hay personas que han recibido sanidad y han vuelto a su antigua manera de pensar sobre la enfermedad. Han dejado que la fe mengüe y le han dado lugar al diablo. Cuando el enemigo los ataca con algún síntoma pasado, ya no están preparados. Se convierten en víctimas del contraataque.
Tú puedes mantenerte firme contra las asechanzas del diablo y tener éxito. Pero antes de hacerlo, tendrás que tomar tres decisiones de calidad:
Primero, la Palabra de Dios debe ser la autoridad final en tu vida. Alinea tus pensamientos con lo que declara la Palabra.
En seguida, decide vivir por fe en lo que Dios ya ha dicho. La Biblia dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios» (Romanos 10:17; RV 95).
Por último, decide que vivirás en el amor de Dios, porque la fe obra por el amor. Sin el amor, la fe no servirá. Sin la Palabra, no podrás tener fe. Así que no trates de tomar alguna de estas decisiones sin las otras dos. Es necesario que tomes las tres al tiempo. ¡Un estilo de vida conforme a la Palabra, a la fe y al amor te mantendrán en una posición de resistencia contra el diablo!
Ahora te sugiero que, a solas con Dios, hagas la siguiente oración: En el nombre de Jesús, me comprometo desde hoy en adelante a vivir de acuerdo con la Palabra de Dios, la fe y El amor de Dios.
¡Decide hoy mismo no darle lugar alguno al diablo!
Lectura bíblica: Juan 15:7-12Jamás te emocionarás con la Palabra de Dios hasta que entiendas que no es sólo una colección de promesas inspiradas por Dios. Es una fuerza viva que conlleva en sí misma el poder para hacer que esas promesas se hagan realidad en tu vida.
¿Te es difícil creerlo?
No debería serlo. Puedes observarlo en el mundo natural todo el tiempo.
Si yo pusiera en tu mano una semilla de tomate y te dijera que dentro de esa pequeña semilla yace el poder para producir un tallo mil veces más grande, para producir hojas, raíces y tomates rojos, no tendrías ningún problema para creerlo. ¿Cierto? Sabes por experiencia que aunque esa semillita no parezca una fábrica de tomates, de alguna manera, en la atmósfera correcta, llegará a serlo.
Jesús nos dijo que la Palabra de Dios obra de acuerdo a ese mismo principio: hay un poder milagroso dentro de ella. Es una semilla que, una vez sembrada por fe en el corazón humano, producirá más bendiciones de las que puedas imaginarte.
Una vez que comprendas ese principio, te entusiasmarás con la Palabra de Dios. Eso es lo que me sucedió a mí.
Hace muchos años visualicé un destello de lo que la Palabra podía hacer. Visualicé un destello del poder que había en ella. Así que puse una Biblia en cada habitación de mi casa y en mi automóvil, y tenía una grabadora de casetes prendida casi todo el tiempo.
Pasaba todo el tiempo posible escuchando la Palabra de Dios porque quería el poder de esa Palabra dentro de mí más que cualquier otra cosa del mundo. Sabía que rompería las barreras de mi vida, barreras que me habían limitado y reprimido por años. Sabía que al leerla no estaba sólo leyéndola, sino sembrando semillas. Semillas de prosperidad, semillas de salud, semillas de protección y semillas de victoria en cada área de mi vida.
No trates a la Palabra de Dios como cualquier libro. ¡No lo es! Es la semilla espiritual que conlleva en sí misma el poder sobrenatural para producir la cosecha de una vida plena. ¡Entusiásmate con ella y comienza a sembrar hoy mismo!
Lectura bíblica: Marcos 4:23-32Tú has "crecido" o madurado espiritualmente cuando, mediante la práctica, has entrenado tus sentidos para discernir entre el bien y el mal. Cuando has practicado tanto vivir en el Espíritu como renovar tu mente por la Palabra de Dios, que hasta tu carne sigue habitualmente los caminos de Dios en lugar de los caminos del mundo.
Deténte y piensa por un instante. ¿Hay algunas cosas que tu carne te instigaba a hacer antes de recibir a Jesús como el Señor de tu vida, que ahora ya no las quieres hacer?
Para mí, sí las hay. Por ejemplo, solía fumar y sentía lástima por todos esos cristianos que no podían hacerlo. ¿Pero, sabes qué? Ahora que soy creyente, ya no tengo esa adicción al tabaco. Ni siquiera forma parte de mis pensamientos, y mucho menos de mi vida.
Eso es lo que sucede cuando te alimentas de la Palabra de Dios y renuevas tu mente con ella. Usualmente no ocurre de la noche a la mañana, ni es sencillo. Quizás tu carne luche y forcejee por un tiempo, ya que ha sido adiestrada para seguir los caminos del mundo por largo rato. Pero, si permaneces en la Palabra y sigues creciendo, tu carne puede desarrollar el hábito de la justicia, así como en el pasado desarrolló el hábito de la injusticia.
No dejes que tu espíritu muera de hambre, alimentándolo solamente con leche espiritual de vez en cuando. Forma el hábito de nutrirte con el alimento sólido de la Palabra de Dios todos los días y descubre lo que es la verdadera madurez.
Lectura bíblica: Hebreos 5:11-14, 6:1-3Con frecuencia, le pedimos al Señor que solucione los problemas que hay a nuestro alrededor, cuando en realidad lo que Él desea es resolver los problemas en nuestro interior. Por años cometí ese mismo error referente a mi peso. Oré y oré a Dios para que me ayudara a adelgazar. Sin embargo, fracasé muchas veces. Perdí, literalmente, decenas de kilos, sólo para aumentarlos otra vez.
Finalmente un día tomé una decisión firme. Dije: Señor, ¡no daré un paso más hasta que no averigüe qué hacer al respecto! Luego comencé un ayuno, me aparté de los demás, y me propuse estar atento a lo que Dios tuviera que decirme.
Durante ese ayuno, el Señor me reveló la verdadera causa de mi problema. Me mostró que yo quería perder peso, pero que no quería cambiar mis hábitos alimenticios. Yo era como el alcohólico que quiere beber constantemente sin ser afectado por el licor. ¡Quería comer nueve veces al día y seguir pesando 75 kilos!
De repente, me di cuenta de que Dios no sólo quería librarme de los kilos extras que tenía en el exterior, sino también del pecado de la glotonería en mi interior. Ahí mismo y en ese instante me arrepentí de ese pecado. (Ese día comprendí lo difícil que es para un hombre enfrentar el hecho de ser alcohólico. Duele admitir ese tipo de problema). Entonces, en lugar de pedirle a Dios que me librara de mi problema de peso, le pedí que me librara de la glotonería.
Y, efectivamente, Él lo hizo.
Si tus oraciones no parecen estar cambiando los problemas a tu alrededor, quizás sea hora de examinar tu vida y pedirle al Señor que actúe en la raíz del problema.
Lectura bíblica: Salmos 139:1-10, 23-24Como creyente, el poder del Espíritu Santo está en ti. ¡Ese poder no actuará si no es activado!
El Espíritu Santo no te forzará a hacer las cosas. Él no llegará a apagar la televisión, sacarte del sofá y decirte: "Ahora sí, vas a ponerme atención".
No, el Espíritu Santo es un caballero. Él ha sido enviado para ayudarte a hacer la voluntad de Dios, para fortalecerte, para aconsejarte… pero no hará nada de eso hasta que no se lo pidas.
Por esa razón, en la carta de Santiago leemos que debemos orar al enfrentar problemas o aflicciones. Es la oración la que hace que el poder que reside en tu interior se active.
Considera lo siguiente. El Espíritu del Dios todopoderoso… el Espíritu que se movía sobre la faz de las aguas y que cumplió la Palabra de Dios en la Creación. Ese mismo Espíritu vive en ti, ¡y está esperando que tú le clames!
Si Jesús entrara a tu casa y se sentara a la mesa, dejarías todo para hablar con Él, ¿no es cierto? No le dirías: "Mira Jesús, estoy muy contento de verte. ¡Ojalá tuviera suficiente energía para conversar contigo!, pero no vas a creer la clase de día que he tenido hoy. Todo me ha salido mal. Ahora estoy muy cansado y lo único que quiero es acostarme, y mirar la televisión. Tal vez podamos conversar un rato más tarde".
No harías tal cosa, ¿verdad? Claro que no. Si Jesús estuviera en tu casa, donde pudieras verlo, te postrarías y comenzarías a adorarlo. No te importaría lo cansado que estuvieras ni el día que has tenido. Aprovecharías la oportunidad para tener comunión con Él.
Bueno, escucha esto. El Espíritu Santo vive en ti, esperándote a cualquier hora del día, o de la noche. Él te dice: Estoy aquí para ayudarte, fortalecerte y consolarte. ¡Quiero ayudarte a salir del problema que estás enfrentando!
Él quiere mostrarte algunas cosas—cosas que has estado tratando de solucionar en tus propias fuerzas. Él te está esperando para vencer todo obstáculo en tu vida. Tómate el tiempo para orar. Ora en el Espíritu. Ora con entendimiento. La oración activara el poder que obra en ti, hoy mismo.
Lectura bíblica: Efesios 3:16-21Los momentos difíciles son inevitables. Necesitas saberlo. Es cierto que hemos sido redimidos de la maldición, y no hay nada que Satanás pueda hacer para cambiar eso, pero él te desafiará de todos modos.
Por tanto, no te sorprendas cuando las cosas se pongan difíciles. Habrá ocasiones en las que deberás mantenerte firme solamente por fe y en las que tendrás que hablar y actuar como si lo que Dios dice es cierto, aun cuando no puedas sentirlo, verlo o palparlo en forma natural. Incluso habrá otras ocasiones en las que todo parecerá terrible. Es en esos momentos cuando deberás soportar el sufrimiento como un buen soldado de Cristo.
Mucha gente oye la palabra de fe acerca de la sanidad o la prosperidad, y piensan: "¡Oye! Voy a intentarlo". Luego, cuando llegan los momentos difíciles, se dan por vencidos.
Déjeme advertirte que vivir por fe no es algo que intentas. Se trata de un estilo de vida. Lo haces en los momentos difíciles; lo haces cuando todo es fácil. Vives por fe siempre, pues no lo haces sólo para obtener los beneficios, sino porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6).
Quizás las cosas se pongan un poco difíciles, pero déjame asegurarte que saldrás siempre adelante si soportas el sufrimiento como un buen soldado de Cristo. Si no desmayas ni te apartas de la fe, tendrás la victoria. Él único cristiano derrotado es ¡aquel que se da por vencido!
Lectura bíblica: Números 14:1-24From the publisher's feed

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