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No importa cuánto tiempo hayas estado viviendo por fe ni cuánto hayas aprendido al respecto; de vez en cuando enfrentarás adversidades. Te encontrarás con situaciones que no saldrán como esperabas.
Si eso sucede, recuerda que esas adversidades son temporales. Quizás hayas perdido una batalla, pero no perderás la guerra. Sólo necesitas levantarte y empezar de nuevo.
Quizá digas: "No entiendo, hice todo lo que pude. Anduve en toda la verdad que conocía. ¿Por qué no obtuve la victoria?".
¡Porque todavía había algo que ignorabas! No te asombres de que existan cosas que desconozcas acerca del mundo espiritual. Kenneth y yo hemos estado en el ministerio más de 45 años. Hemos pasado innumerables horas estudiando la Palabra. Sin embargo, hemos comprendido que cuanto más aprendemos, más cuenta nos damos de lo poco que sabemos.
Por eso, cuando nos encontramos en una situación donde parece que no podemos lograr la victoria, tenemos que pedirle a Dios más sabiduría. En 2 Samuel 21 vemos al rey David haciendo precisamente eso. La nación había estado sufriendo de hambre por tres años, y David no entendía qué estaba sucediendo. Entonces le preguntó al Señor, ¿y sabes lo que Dios le respondió? ¡Le explicó que el hambre había surgido como causa de algo que Saúl había hecho! ¿No es asombroso? Saúl había muerto hacía años, pero lo que él había activado en el mundo espiritual aún afectaba a la nación.
David pudo haberse rendido cuando sus confesiones diarias de fe y métodos de oración no aliviaban el hambre, pero no lo hizo. Le pidió a Dios más sabiduría. David usó sus adversidades temporales para buscar más conocimiento de Dios.
¡Sigue su ejemplo! Deja de darte por vencido a causa de adversidades temporales. No dejes que te saquen del juego. Después de todo, éste no termina hasta el final. Y la Biblia dice que cuando termine, habrás ganado. Por lo tanto, mantente firme en la fe. Al final, tu victoria está garantizada.
Lectura bíblica: 2 Samuel 21:1-6Una vez que hayas hecho de la Palabra de Dios la máxima autoridad de tu vida, lo primero que deberás hacer para lograr la victoria sobre el enemigo es ir a la Palabra y tomar las promesas de Dios en lo que respecta a tu situación.
Nota que dije: "ir a la Palabra". Es muy bueno que la Palabra esté almacenada en tu memoria, pero no dejes que eso reemplace el tener diariamente la Palabra delante de tus ojos.
Ninguna persona hambrienta puede alimentarse del recuerdo del sabor de unas papas. Ni aunque lo recuerde perfectamente. Lo mismo podemos decir de la Palabra de Dios. Es importante guardarla en la memoria, pero también debemos abrirla y leerla directamente para alimentar el espíritu. Hay un gran poder cuando tienes la Palabra ante sus ojos y cuando entra en tus oídos, pues así es como llega a tu corazón, y al llegar a tu corazón puedes vivir por ella.
Por tanto, no sólo pienses en la Palabra hoy, sino léela. Busca las promesas relacionadas con tu situación y aliméntate de ellas para que tu vida sea fortalecida.
Lectura bíblica: Deuteronomio 6:1-9Pareciera como si los fracasos, las decepciones, los dolores y los sufrimientos del pasado no se fueran. La mayoría de nosotros sabemos lo que es sentirse agobiado por esas cargas, pero pocos sabemos qué hacer. Por eso, andamos mal o con dificultad por la vida, con la esperanza de que desaparezcan por arte de magia y dejen de causarnos dolor.
Pero nunca sucede así. Más bien, con el paso del tiempo nuestra condición empeora. En lugar de olvidar esas experiencias dolorosas, pensamos constantemente en ellas, hasta que llegan a ser más reales para nosotros que las promesas de Dios. Pensamos tanto en ellas que terminamos deprimidos, estancados en la vida y llenos de temor al fracaso.
Yo solía caer mucho en esa trampa. Entonces un día, cuando estaba en medio de una lucha con la depresión, el Señor me habló al corazón, diciendo: Kenneth, tu problema es que estás formando tus pensamientos con el pasado, en vez de hacerlo con el futuro. ¡No hagas eso! La incredulidad mira al pasado y dice: ¿Ves?, no se puede hacer. Pero la fe mira al futuro y dice: ¡Sí se puede!; es más, según las promesas de Dios, ¡ya está hecho! Así que al dejar los fracasos del pasado atrás para siempre, la fe avanza y actúa como si la victoria ya hubiera sido ganada.
Si la depresión te ha causado un decaimiento espiritual, podrás librarte de ella si quitas tu mirada del pasado y la enfocas en el futuro―un futuro que ha sido garantizado por Cristo Jesús en las grandes y preciosas promesas de Su Palabra.
¡Olvida los fracasos del pasado! Dios ya se olvidó de ellos (Hebreos 8:12). Y si Él ya no los recuerda, ¿por qué lo haces tú?
La Biblia declara que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Así que, si tomas en serio lo que Dios dice, podrás despertar cada mañana a un mundo nuevo. Podrás vivir completamente libre de las ataduras del pasado.
¡Hazlo! Reemplaza los pensamientos de los errores pasados con promesas bíblicas del futuro. Al hacerlo, la esperanza comenzará a reemplazar la depresión. Los dolores y los daños espirituales que te han hecho cojear por tanto tiempo, desaparecerán rápidamente. En vez de mirar hacia atrás y decir que no puedes, mira hacia adelante y confiesa: ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!
Lectura bíblica: Filipenses 3:1-14¡Dios te castigará por eso! La mayoría de nosotros hemos dicho cosas como esas muchas veces. De alguna manera, hemos creído que a Él le gusta causarnos dolor y castigarnos cada vez que pecamos. Pero no es cierto. Es verdad que la paga del pecado es muerte. Sin embargo, no es Dios quien la ocasiona.
La Biblia nos dice que por miles de años ha estado en vigencia una maldición. El diablo es el causante de ella, no el Señor. Dios nos advierte de ella en Deuteronomio 30:19. Después de describir en detalle las bendiciones que recibirán los que siguen al Señor y las graves consecuencias que sufrirán los que se aparten de Él, nos dice: «… he puesto ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan».
Analízalo de la siguiente manera. Existe un lugar que se llama maldición. Dios nos advierte acerca de ese lugar y nos insta a evitar el camino que nos lleva en esa dirección. Ahora, Él nos ha dado libre albedrío para que escojamos el camino que queramos seguir. Si elegimos el camino que lleva a la maldición, y no nos desviamos, allí llegaremos. ¿Será porque Dios nos envió? ¡No! Él nos advirtió de antemano que no fuéramos ahí.
Es vital tener presente lo siguiente: En cualquier momento del camino―no importa si te encuentras en el camino hacia la maldición o estás viviendo en medio de ella―Dios te salvará de ella. Te sacará de ahí y te hará libre de enfermedades, vicios y cualquier cosa que te tenga esclavizado.
Si hoy te encuentras en el camino equivocado y ves la destrucción acercándose, solamente arrepiéntete y toma el camino correcto. Encomienda tu camino a Jesús para que Él te libere de cualquier cosa que te tenga cautivo. Puedes comenzar orando: "Señor Jesús, he tomado el mal camino y ahora mismo te pido que me perdones. Quiero escoger la vida y Tu camino. Por favor, libérame de esta atadura y lléname de Tu Espíritu Santo. ¡Gracias, Señor!"
Recuerda que sin importar lo que hayas hecho, Dios no quiere castigarte, sino perdonarte. Él quiere salvarte y levantarte. ¡Confía en Él para que te ponga en el camino de la vida hoy!
Lectura bíblica: Deuteronomio 30¿Sabías que como creyente la Sangre de Jesucristo te ha redimido de la maldición del dolor y la tristeza? Tú no debes aceptar esos sentimientos, de la misma manera que rechazas el pecado y la enfermedad.
Varios meses antes de que mi madre partiera a la patria celestial —hacia la presencia del Señor— en agosto de 1988, Dios comenzó a enseñarme acerca de este tema. Cada vez que Él me mostraba algo respecto al dolor, yo lo ponía en práctica (tu deberías hacer lo mismo cada vez que Dios te enseñe algo: comienza a ponerlo en práctica en ese momento, y cuando tengas que enfrentar una situación difícil, no tendrás problemas).
Ocho meses y medio antes de que mi madre dejara esta Tierra, empecé a prepararme contra el dolor y la tristeza. Decidí que no iba a entristecerme. De inmediato, el diablo comenzó a atacar mis emociones. Pero yo le contestaba: "No recibiré nada de eso. Tomo autoridad sobre estos sentimientos en el nombre de Jesús. He entregado mi cuerpo como sacrificio agradable al Señor, y no acepto nada que no sea Su gozo". Luego, comenzaba a declarar la Palabra y a alabar en voz alta.
Pasé tres días difíciles resistiendo la tristeza, hasta que los espíritus de aflicción se fueron.
Lo que trato de decirte es lo siguiente: tendrás que luchar contra el dolor y la tristeza. No te pertenecen. No provienen de tu Padre celestial. Quizás tengas que pasearte por la habitación toda la noche. Pero en lugar de preocuparte y llorar, camina y declara la Palabra hasta que dejes de sentirte así y el gozo del Señor te llene.
Recuerda quién eres. Tú eres aquel sobre el cual reposará un gozo infinito, y el dolor y los gemidos huirán de ti. ¡Eres el redimido de Señor!
Lectura bíblica: Salmo 97Como creyentes, ya es tiempo de que empecemos a vivir en la unidad por la cual oró Jesús en Juan 17:21. Es hora de que nos apoyemos tanto en los buenos tiempos como en los malos tiempos, y que nos demos cuenta de que nos necesitamos los unos a los otros.
Es indispensable. Necesito de tu fe tanto como tú necesitas de la mía. Juntos podemos enfrentar cualquier cosa, y tener la victoria en Jesús.
Déjame explicarte porqué. En Juan 3:34, Dios dice que a Jesús le fue entregado el Espíritu Santo sin medida. Él era más poderoso que todos los demonios del infierno y todos los espíritus malignos, incluyendo al mismo Satanás. Jesús pudo haberlos derrotado de una sola vez.
Ahora considera esto. Nosotros somos el Cuerpo de Cristo. A cada uno se le ha dado una medida de fe, según Romanos 12:1-3. Esa medida es suficiente para todas nuestras necesidades personales. Sin embargo, lo que está en juego va más allá que nuestras propias vidas.
¡Tenemos un mundo por conquistar! Somos la generación de los últimos tiempos. Necesitamos toda la ayuda disponible y necesaria. Pero, gracias a Dios, sí podemos conseguirla.
¿Cómo? Uniéndonos. Vemos en Efesios 4:13 que al unirnos en la fe, alcanzaremos "la estatura de la plenitud de Cristo". En otras palabras, cuando el Cuerpo de Cristo se una y comience a funcionar como uno, tendremos acceso al Espíritu Santo sin medida, ¡al igual que Jesús!
Será entonces cuando los ministerios empezarán a funcionar en la plenitud de sus llamados. Comenzaremos a ver la plenitud de las manifestaciones del Espíritu Santo. Veremos a Jesús como nunca antes lo hemos visto.
Entonces el mundo sabrá que el Padre lo envió.
Alcanza esa unidad hoy. Ponte cada día a disposición de Dios para orar por otros. Comienza tu día diciendo: "Espíritu Santo, úsame para orar por alguien hoy. Te ofrezco mi medida de fe".
Una vez que verdaderamente nos unamos, los demonios del infierno no podrán vencernos. ¡Marcharemos sobre ellos en la plenitud del poder de Jesús y ¡esta época terminará de forma gloriosa!
Lectura bíblica: Efesios 4:1-16Por años, la gente me ha dicho que la razón por la cual Dios nos salvó es para que cuando lleguemos a la gloria, podamos pasar el resto de la eternidad amándolo y adorándolo. Pero esa no es la verdad.
Suena muy bonito, pero es algo que alguien se ha inventado. Dios no es egoísta; más bien es todo lo contrario. Él es el dador por excelencia. El amante supremo. Él no hace nada tan sólo para conseguir algo a cambio.
Entonces, ¿por qué nos salvó? La Palabra de Dios dice que lo hizo para que en los tiempos venideros, Él pudiera mostrarnos las abundantes riquezas de Su gracia.
¡Medita en eso! Dios pasará la eternidad mostrándonos las riquezas de Su gracia.
Esa es la razón por la cual envió a Jesús al mundo. Dios amó al mundo de tal manera que dio a Su Hijo unigénito. Dios dio a Jesús para que no fuera Su único hijo. Él lo envió para poder tener más hijos, con el fin de amarlos y entregarles todo lo que tiene; y ha planeado hacerlo durante toda la eternidad.
Como creyente, tienes por delante el futuro más glorioso que cualquiera pudiera desear. Pero no esperes hasta que llegues a la gloria para disfrutarlo. Puedes comenzar ahora mismo. Después de todo, ¡ya estás sentado en los lugares celestiales con Cristo Jesús!
Lectura bíblica: Efesios 2:1-8Dios honra a los que le honran. Él nunca olvidará las semillas de lealtad que siembres. Las multiplicará y te las devolverá en una cosecha de bendición. Malaquías 3:17 dice que tu formarás parte de Su tesoro especial para siempre. Medita en eso por unos instantes. Al honrar a Dios con tu vida y con tus labios, ingresas en una esfera de bendición que te llevará literalmente toda una eternidad poder explorarla.
Una vez que comienzas a tener esa clase de perspectiva eterna de las cosas, entenderás que es una falta de madurez total el enojarse con Dios cuando las cosas temporales no resultan exactamente como las planeamos ni cuando las esperamos. Descubrirás que tu lealtad debe ser primeramente hacia Dios, y que debes buscar primero Su reino, aun cuando las cosas parezcan estar saliendo mal. La Biblia dice que si lo haces, lo demás te será añadido.
Dios nunca olvida. Él jamás olvidará que en medio de la batalla, cuando otros se daban por vencidos y decían: "¡Este asunto de la fe no funciona!", tú todavía le honrabas y seguías firme confiando en Sus promesas.
Por lo tanto, decide en tu corazón honrar a Dios y serle fiel en todo lo que digas. Decide de una vez por todas que nada en tu vida será más importante que honrar a Dios. Sigue honrándole y hablando palabras de fe.
Esto te traerá liberación en esta vida, y en la eternidad te sentirás bien satisfecho de haberlo hecho.
Lectura bíblica: Salmo 61Nacer de nuevo. ¿Sabes lo que Jesús tenía en mente cuando le dijo esas tres palabras a Nicodemo? Él estaba hablando del pacto. Jesús estaba explicándole a Nicodemo lo que significaba tener un pacto con Dios.
Déjame mostrarte lo que creo estaba en la mente de Jesús. Imagínate a un pequeño bebé recién nacido de una madre soltera. Ninguna persona sabe quién es el padre y nadie desea saberlo. Es un niño que nadie quiere; no le pertenece a nadie.
Ahora, imagínate a una familia de la mejor clase social. Una familia que ama a Dios. El papá posee un buen trabajo y, económicamente, la familia ha sido bendecida. Son personas dadivosas que aman a la gente, y se enamoran de este bebé. Poco tiempo después, lo adoptan.
¿Qué sucedió? Ese bebé volvió a nacer. Recibió padres nuevos. Gracias a la adopción, ese bebé ahora es un heredero, sin necesidad de hacer nada. Los padres no dijeron: "Miren a este bebé. Estamos tan impresionados con lo que ha hecho por nosotros que se ha ganado nuestro amor y respeto".
No, es sólo un bebé. No hubiera podido hacer nada para merecer una nueva vida. Movidos por el amor que sentían en sus corazones por este bebé, esta pareja se puso de acuerdo y lo colmaron de gracia. El bebé ahora tiene acceso a todo lo que es de ellos. Cuando le dan su leche, no la rechaza y dice: "Soy tan humilde e indigno que sólo merezco beber agua".
¡Claro que no! Ese bebé actúa como parte de la familia—como un miembro importante de esa familia. En los días de Jesús, una persona con un pacto, o un niño adoptado, gozaba los mismos derechos de nacimiento que el hijo primogénito.
A eso se refería Jesús cuando dijo: "Es necesario nacer de nuevo". Él estaba hablando de la gracia, de una nueva relación de favor: una nueva familia, una nueva autoridad, un nuevo poder.
Si te sientes indigno de recibir las ricas bendiciones que Dios tiene hoy para ti, piénsalo. Medita en ello, para que en vez de preocuparte y luchar con las necesidades de la vida, puedas acercarte confiadamente al trono de gracia de tu Padre y recibir ayuda para todas tus necesidades.
Descubre lo que en realidad significa ser hijo del Dios todopoderoso, comprado por sangre, y tener un hermano mayor como Jesús. ¡Descubre lo que significa haber nacido de nuevo!
Lectura bíblica: Juan 3:1-8A la mayoría de nosotros jamás se nos ocurriría pensar que este versículo pudiera referirse a nosotros. Después de todo, ¡somos creyentes! Nunca diríamos que Dios no existe.
Quizás debamos considerarlo de nuevo. Es cierto que con nuestros labios nunca diríamos algo así, pero… ¿no es cierto que a veces lo decimos con nuestras acciones?
Lo decimos cuando pecamos solo un poquito aquí y allá, y pensamos que no tiene importancia ninguna. Vemos películas inmorales o nos reunimos para criticar al pastor, ignorando el mandato de Dios de no hacerlo. Con nuestras acciones estamos diciendo: "Dios no existe".
En Salmos 14:1 se asocia esta forma de actuar con la corrupción. Bien sea que te des cuenta o no, mientras más te comportes de esa manera, más corrupto te volverás.
No caigas en el mismo error que cometen los necios cuando manifiestan públicamente que Jesús es el Señor de sus vidas, pero en la vida privada lo niegan con sus acciones. Usa la sabiduría en cada cosa que hagas, para que tanto tu corazón como tu vida anuncien con grito de júbilo: "¡Mi Dios reina!"
Lectura bíblica: Salmos 14:1-7, 15:1-5From the publisher's feed

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