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2 de Abril
Kenneth
¡Qué futuro!
«Y también junto con él nos resucitó, y asimismo nos sentó al lado de Cristo Jesús en los lugares celestiales, para mostrar en los tiempos venideros las abundantes riquezas de su gracia y su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Efesios 2:6-7)
Por años, la gente me ha dicho que la razón por la cual Dios nos salvó es para que cuando lleguemos a la gloria, podamos pasar el resto de la eternidad amándolo y adorándolo. Pero esa no es la verdad.
Suena muy bonito, pero es algo que alguien se ha inventado. Dios no es egoísta; más bien es todo lo contrario. Él es el dador por excelencia. El amante supremo. Él no hace nada tan sólo para conseguir algo a cambio.
Entonces, ¿por qué nos salvó? La Palabra de Dios dice que lo hizo para que en los tiempos venideros, Él pudiera mostrarnos las abundantes riquezas de Su gracia.
¡Medita en eso! Dios pasará la eternidad mostrándonos las riquezas de Su gracia.
Esa es la razón por la cual envió a Jesús al mundo. Dios amó al mundo de tal manera que dio a Su Hijo unigénito. Dios dio a Jesús para que no fuera Su único hijo. Él lo envió para poder tener más hijos, con el fin de amarlos y entregarles todo lo que tiene; y ha planeado hacerlo durante toda la eternidad.
Como creyente, tienes por delante el futuro más glorioso que cualquiera pudiera desear. Pero no esperes hasta que llegues a la gloria para disfrutarlo. Puedes comenzar ahora mismo. Después de todo, ¡ya estás sentado en los lugares celestiales con Cristo Jesús!
Lectura bíblica: Efesios 2:1-8
1 de Abril
Kenneth
Grítalo con tu vida
«Dentro de sí dicen los necios: «Dios no existe.» Corrompidos están. Sus hechos son repugnantes. No hay nadie que haga el bien» (Salmos 14:1)
A la mayoría de nosotros jamás se nos ocurriría pensar que este versículo pudiera referirse a nosotros. Después de todo, ¡somos creyentes! Nunca diríamos que Dios no existe.
Quizás debamos considerarlo de nuevo. Es cierto que con nuestros labios nunca diríamos algo así, pero… ¿no es cierto que a veces lo decimos con nuestras acciones?
Lo decimos cuando pecamos solo un poquito aquí y allá, y pensamos que no tiene importancia alguna. Vemos películas inmorales o nos juntamos para criticar al pastor, ignorando el mandato de no hacerlo. Con nuestras acciones estamos diciendo: "Dios no existe".
En Salmos 14:1 se asocia esta forma de actuar con la corrupción. Bien sea que te des cuenta o no, mientras más te comportes de esa manera, más corrupto te volverás.
No caigas en el mismo error que cometen los necios cuando manifiestan públicamente que Jesús es el Señor de sus vidas, pero en la vida privada lo niegan con sus acciones. Usa la sabiduría en cada cosa que hagas, para que tanto tu corazón como tu vida anuncien con grito de júbilo: "¡Mi Dios reina!"
Lectura bíblica: Salmos 14:1-7, 15:1-5
31 de Marzo
Kenneth
De hijos a siervos
«... y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo.» (Hechos 2:18-19)
Vivimos en los días más emocionantes que el mundo jamás haya visto. Dios está derramando su Espíritu para llevar a cabo el avivamiento del tiempo final, el cual traerá una culminación gloriosa a esta era.
Algunos hijos de Dios son sólo espectadores que se limitan a mirar lo que Él hace. Pero otros forman parte vital de todo lo que está sucediendo; se han ofrecido como voluntarios para el servicio en este gran ejército del tiempo final. Han llegado a ser lo que la Biblia llama: los siervos y las siervas de Dios.
¿Quiénes son esos siervos y esas siervas? Son los que se han entregado completamente a su Señor. Son los que no se han contentado sólo con ser hijos de Dios nacidos de nuevo, sino que han ido más allá y se han hecho siervos y siervas por amor al Padre.
Son los que han dicho: "Queremos involucrarnos en lo que Dios está haciendo. Queremos ser Sus esclavos, dispuestos a cumplir Sus órdenes las 24 horas del día".
Aquellos que toman esa decisión experimentan el gran derramamiento del Espíritu de Dios del que habló el apóstol Pedro en Hechos 2. Son aquellos cuyas palabras de profecía y oración inspiradas por el Espíritu liberan el poder de Dios sobre la Tierra. Son aquellos cuyas palabras abren el camino para las señales y maravillas.
¿Quieres estar entre ellos? Puedes hacerlo. Dios desea que lo hagas. ¡De hecho, Él necesita que te involucres! Él necesita personas dispuestas a dejar todo lo que las tenga atadas a este mundo. Asimismo siervos a quienes pueda llamar a la media noche para que intercedan, a pesar de que estén muy cansados.
Ésa es la calidad y la profundidad de dedicación que requieren los siervos y las siervas. Es un llamado que exige mucho, pero sus recompensas son muy ricas. Los que estén dispuestos a desempeñar ese papel serán los portavoces de Dios en la Tierra en estos días finales. Serán canales de Su Espíritu y de Su gran poder. Serán los actores clave en la producción más grande que el Espíritu Santo está preparando.
Decídete ahora a ser uno de ellos. Da el paso de fe al servicio.
Lectura bíblica: Hechos 2:1-21
30 de Marzo
Kenneth Escudriña tu pacto
«…Esta copa es el nuevo pacto [ratificado y establecido] en Mi sangre.» (1 Corintios 11:25, AMP)
Nuevo Pacto. Ésta es una frase conocida para la mayoría de nosotros, pero ¿sabemos lo que realmente significa?
No, porque de saberlo, todos seríamos gigantes de la fe. En lugar de estar luchando por "tratar" de creer en las promesas de Dios, seríamos como Abraham: «... que se fortaleció en fe,... plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que [Dios] había prometido» (Romanos 4:20-21).
Ésa es la clase de confianza que surgió en Abraham cuando Dios estableció el pacto con él. Era un pacto inferior al nuestro, hecho con la sangre de animales. Sin embargo, transformó a un Abraham dudoso, en el padre de la fe. ¿Por qué? Porque Abraham entendió la importancia del pacto.
Él sabía que al entrar en un pacto de sangre, se estaba dando completamente y para siempre a otra persona. Una vez que lo hiciera, ya nada sería exclusivamente suyo. Todo lo que era y todo lo que tenía o pudiera llegar a poseer, debía compartirlo equitativamente con la persona con quien hacía el pacto.
En los días de Abraham, en la ceremonia del pacto, los interesados intercambiaban túnicas, dando a entender con ello el intercambio de autoridad. Intercambiaban también sus armas, lo cual quería decir: "Tus enemigos son ahora mis enemigos. Pelearé tus batallas como si fueran las mías". Luego, caminaban por en medio de la sangre de los animales sacrificados, prometiéndose lealtad mutua, incluso hasta la muerte.
Cuando Dios hizo pacto con Abraham, éste comprendió que no había más lugar para la duda. Dios le había mostrado cuánto anhelaba ser su Dios; le había dado todo lo que tenía y había establecido una relación con él, la cual no podía ser disuelta. Abraham conocía muy bien la importancia de un pacto. El pacto lo convenció, de una vez por todas, de que podía confiar en las promesas de Dios. Llegó a ser un ancla para su alma.
¿Quieres ser un gigante de la fe como lo fue Abraham? Entonces, escudriña el pacto que tienes con Dios. Estúdialo a la luz de la Palabra. Deja que el Espíritu Santo te muestre lo que significa cuando Jesús se sacrificó para ratificar tu pacto con Dios. Deja que te enseñe lo que significa que Él te haya dado Su nombre (Juan 16:23), Su autoridad (Mateo 28:18-20), Su armadura y Sus armas (Efesios 6:10-17). Una vez que comprendas lo que Jesús quiso decir cuando expresó: «Esta copa es el nuevo pacto [ratificado, confirmado] en mi sangre» (1 Corintios 11:25), tu vida nunca será la misma.
Lectura bíblica: Hebreos 10:1-23
29 de Marzo
Kenneth
No dejes que tus oraciones sean estorbadas
"Pero si [en realidad] andamos y vivimos en luz, como Él está en luz, tenemos [verdadera e inquebrantable] comunión unos con otros…" (1 Juan 1:7; AMP)
Uno de los aspectos de la vida que los creyentes hemos descuidado es el área de nuestras relaciones. Hemos hecho caso omiso a lo que nos indica la Palabra de Dios respecto a ello. Hay tantas críticas y discordias entre nosotros que hemos llegado a ser un obstáculo a los recursos y a las herramientas que Dios nos ha dado para que tengamos éxito en este mundo.
¡Así es! La contienda causa problemas en el reino espiritual. Ésta le abre la puerta al diablo. Impide que nuestras oraciones sean contestadas. ¡Y no permite que los ángeles obren a nuestro favor!
En 1 Pedro 3:7, el Apóstol instruye a los maridos a que sean comprensivos con sus esposas: "…con un reconocimiento inteligente de su relación matrimonial, honren a su esposa como [físicamente] la más débil, pero reconociendo que ambos son herederos de la gracia (favor inmerecido que Dios nos da) de la vida, para que sus oraciones no sean estorbadas ni interrumpidas" (AMP). Esposos y esposas, padres e hijos, compañeros de trabajo, miembros de las iglesias: es hora de que todos despertemos y nos percatemos del peligro que representa la contienda y empecemos a andar en amor.
Ilumina con la luz de la Palabra de Dios tus relaciones. Es hora de reconocer y entender que somos parte los unos de los otros; que somos un solo cuerpo y un solo Espíritu y que debemos procurar mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:3-4).
Deja que el poder de Dios fluya en todas tus relaciones. ¡Aprende a caminar en la luz!
Lectura bíblica: Romanos 15:1-7
28 de Marzo
Kenneth
Transforma tus pérdidas
«Pero el regalo de Dios no se puede comparar con la transgresión… porque si por la transgresión (el error, la ofensa) de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más el regalo de Dios [que viene] por la gracia de un hombre… Jesucristo, para [el beneficio] de muchos.» (Romanos 5:15, AMP)
Si estás atravesando por una situación larga y difícil y necesitas que alguien te diga cómo cambiar las cosas, busca a Dios. Él es experto en la materia. Él ha sufrido las mayores pérdidas que alguien jamás haya sufrido.
Analízalo. Dios perdió a Lucifer, el ángel de mayor rango y el más ungido. Y cuando Lucifer se rebeló, perdió al menos un tercio de todos los ángeles que había creado. Luego, perdió al hombre y a la mujer que había creado; y como les había dado dominio total sobre la Tierra, también la perdió en ese instante. Sin importar la forma en que lo analices, ¡fue una pérdida masiva!
No obstante, a pesar de todo ello, Dios no es un perdedor. Él es el gran ganador de todos los tiempos. ¿Sabes por qué? Porque Él sabe cómo transformar las pérdidas; sabe cómo poner en práctica el principio de dar y recibir para transformar las pérdidas en ganancias.
«Den, y se les dará una medida buena, incluso apretada, remecida y desbordante…» (Lucas 6:38). Podemos aplicar este principio poderoso contra los malos tiempos.
¿No es asombroso? Dios tenía a la mano todas las opciones posibles para recuperar las cosas que había perdido. Contaba con toda la sabiduría y el poder a Su disposición. Sin embargo, de todas las opciones posibles, Él escogió el principio de dar.
Dios entregó aquella cosa que era irreemplazable: Su Hijo unigénito. Luego, respaldó ese regalo con Su propia fe. Y cuando el principio de dar y recibir había cumplido su propósito, Dios Padre todopoderoso no sólo recibió a Su Hijo unigénito, sino también a millones de otros hijos con Él.
No te desesperes por las pérdidas. Redímelas en la misma manera que Dios redimió las Suyas. Da, y activa —a tu favor— el principio más poderoso del universo.
Lectura bíblica: Juan 3:12-21
27 de Marzo
Kenneth
De creencia a convicción
«Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.» (Romanos 8:37)
La Biblia nos llama reyes y sacerdotes (Apocalipsis 1:6) y vencedores del mundo (1 Juan 5:4). Pero para la mayoría de nosotros ésas son sólo frases—no nos hemos convencido. Hemos sido engañados por el diablo para que vivamos en derrota. Aún no comprendemos nuestra verdadera identidad.
En 1 Crónicas 14 vemos que David tuvo un problema similar. Había sido ungido como rey por el profeta Samuel cuando era un adolescente. Por años supo que algún día reinaría sobre Israel. Sin embargo, no estaba convencido de ello.
Pero observa lo que dice el versículo 2: «Y entendió David que Jehová lo había confirmado como rey sobre Israel, y que había exaltado su reino sobre su pueblo Israel». ¡Por fin se convenció! David entendió que el Señor lo había establecido como rey. Me imagino a David diciendo: Soy rey. ¡En realidad, soy el rey! ¡YO SOY REY!. En ese momento, ser rey dejó de ser un sueño para David; se convirtió en una realidad. Él pudo verse como tal.
¿Qué tiene que ver eso con nosotros? Al igual que David, tú y yo hemos sido asignados a la realeza. Sólo que se nos ha hecho difícil creerlo. Pero hasta que no lo creamos, no podremos ejercer ni el poder ni la autoridad que ese cargo conlleva.
Por ejemplo, supongamos que estás enfermo. Podrías gritar 50 veces al día: "por Sus llagas he sido sanado". Podrías esperar por tu sanidad. Incluso podrías intentar creer por esa sanidad hasta que tu cabello se vuelva grisáceo. Pero si no te ves realmente completo y sano en Cristo Jesús; si no te ves "sano" en lugar de "enfermo", jamás recibirás ayuda sobrenatural. Pero, una vez que comprendas que de hecho eres "sano", nadie —ni siquiera el diablo mismo—, podrá impedirte que seas sanado.
No dejes que el diablo te siga engañando. Atrévete, y deja de tratar de creer. Comienza a experimentar el conocimiento verdadero al sumergirte en la Palabra. Léela y medítala. ¡Practica verte con los ojos de la Palabra hasta que tu realeza se arraigue como una convicción en tu vida!
Lectura bíblica: Efesios 1:3-23
26 de Marzo Gloria
Embajador de Cristo
«Así que somos embajadores de Cristo…» (2 Corintios 5:20; NVI)
¡Eres un embajador de Cristo! Si Jesucristo es el Señor de tu vida, has sido enviado a este mundo como uno de Sus representantes. Así como las naciones envían embajadores como representantes a otros países, has sido enviado para velar por los intereses del reino de Dios.
Imagínate. Adondequiera que vayas, representas al Rey de reyes y Señor de señores. Ése es un gran honor. Quizás te parezca un cargo muy elevado, con demasiada responsabilidad; sin embargo, Dios te ha equipado para hacerlo. Él te ha dado Su nombre y el poder de Su Palabra. Incluso ha puesto Su Espíritu en tu interior. Y te ha dado la capacidad para escuchar y obedecer las instrucciones del Espíritu Santo.
Hace algunos años, escuché una profecía que anunciaba que vendría un tiempo en que los hombres de la Tierra andarían, hablarían y actuarían como Dios. Serían movidos por Su poder y Su Espíritu de manera tan poderosa que la gente diría: "Miren a esos creyentes; creen que son Dios".
"No —dijo el Espíritu Santo—, ellos no creen que son Dios. Son agentes de Dios, hijos de Dios, embajadores de Dios, enviados para hacer Sus obras".
Creo que estamos viviendo en el día y la hora de la que habla esa profecía. Estamos viendo la expansión de ese ejército de luz.
No es tiempo de consagrar tu vida a medias. Ésta es la época de caminar con Dios, de darle nuestra vida por completo. Cuando lo hagas, Él te dará tal unción, poder y gloria para que brilles para Él, como leemos en Filipenses 2:15: «... como estrellas en el firmamento, en medio de una generación torcida y depravada».
Deja de pensar de ti mismo como una persona que no tiene importancia, y comienza a verte como embajador del Dios todopoderoso. Coloca los intereses del reino de Dios en primer lugar en tu mente y en tu corazón. Sujétate a Él, y declara: "Señor, muéstrame cómo ser tu representante en todo lo que haga".
Eres un embajador de Cristo. Comienza a vivir como tal.
Lectura bíblica: 2 Corintios 5:10-21
25 de Marzo Gloria
Vivo en Cristo
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.» (2 Corintios 5:17)
La resurrección: ¿en qué piensas cuando escuchas esa palabra? La mayoría de la gente piensa en el pasado: en una tumba vacía y en el Señor resucitado.
¡Alabado sea Dios! ¡Jesucristo vive hoy! ¿Cierto?
Sin embargo, no comprendemos muy bien que Él no es el único que resucitó. Nosotros también hemos resucitado. Resucitamos espiritualmente el día en que recibimos al Señor Jesucristo como el Señor de nuestra vida. Ese día pasamos de la muerte a la vida. ¡La parte más importante de nuestra resurrección ya ocurrió!
Medita en eso. Al hacer a Jesucristo el Señor de tu vida, el Espíritu de Dios vino sobre ti y la gloria del Señor se posó sobre tu ser. Esa gloria consumió a tu viejo hombre, lleno de pecado. Ese viejo hombre murió, y en su lugar nació una criatura nueva.
Sí, habrá un día cuando el cuerpo terrenal en que vives será levantado y glorificado; pero no debes esperar hasta entonces para ser libre del pecado, de la enfermedad, de la pobreza y del fracaso que acompañan a este mundo natural. ¡Ya eres libre de todo eso!
Quizás te preguntes: "Bueno, si soy tan libre, ¿por qué no puedo dejar de fumar? ¿Por qué no puedo bajar de peso? ¿Por qué estoy siempre enfermo?".
¡Porque has dejado que Satanás te convenza de que todavía estás bajo su poder y de que aún estás espiritualmente muerto!
Por eso, ¡te pido que a partir de hoy comiences a considerarte vivo! Comienza a pensar de ti mismo como alguien que ya tiene la vida de Dios y no como un ser terrenal que está esperando por la Resurrección. Considérate muerto al pecado y vivo por el poder de Jesucristo. Comenzarás a vivir una vida nueva ¡hoy!
Lectura bíblica: Romanos 8:1-14
24 de Marzo Gloria
Obedece hoy
«El hombre que, reprendido, endurece su cuello, de repente será destruido—y no habrá remedio para él.» (Proverbios 29:1, AMP)
Algunas personas tienen la idea errónea de que cuando el Espíritu Santo les indica algo, pueden hacer caso omiso por algún tiempo, si así lo desean, y luego obedecerle cuando lo crean conveniente. Piensan: "Sé que estoy haciendo mal. Sé que la vida que llevo no está bien, pero sólo continuaré haciéndolo por un tiempo. Luego arreglaré las cosas con el Señor".
Déjame advertirte: ese accionar es algo sumamente peligroso. Dios nos advierte que cuando rechazamos Su consejo, el corazón se endurece. No es que la gracia de Dios deje de alcanzarte ni que Dios no te perdonará si decides volverte a Él. Significa que el pecado endurecerá tu corazón a tal nivel que ya no podrás oír cuando Dios te esté llamando.
Eso mismo les sucedió a los hijos de Israel. Dios les decía qué hacer y ellos lo ignoraban. Cuando trató de llevarlos a la Tierra Prometida para que la poseyeran, se negaron por completo.
De hecho, ellos creían que tenían buenas razones para no hacerlo. Estaban tan llenos de temor e incredulidad que realmente pensaban que si hacían lo que Dios decía, serían destruidos. Pero, no importa cuán buenas sean las razones que tengas para desobedecer a Dios; esa desobediencia te costará caro. Endurecerá tu corazón.
El pueblo de Israel hizo caso omiso a Dios tantas veces, que Él terminó por enviarlos al desierto. Eran tan obstinados que Dios no podía llevarlos a las bendiciones que había planeado para ellos, y tuvo que dejarlos vagar hasta que todos murieron, excepto dos de ellos. El Señor tuvo que levantar una nueva generación con un corazón dócil, antes de que pudiera llevarlos a la Tierra Prometida.
Aprende de esa lección y no juegues con el pecado. Cuando Dios te indique lo que necesitas hacer, no lo pospongas pensando que después será más fácil hacerlo. No lo será; más bien, ¡será más complicado!
Cuando el Espíritu de Dios te corrija, no tardes en seguir Sus consejos. Mantén un corazón sensible. ¡Obedece al Señor!
Lectura bíblica: Nehemías 9:6-37
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