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13 de Marzo Gloria
Vivir por fe: un estilo de vida
«Soporta el sufrimiento junto conmigo como un buen soldado de Cristo Jesús.» (2 Timoteo 2:3, NTV)
Los momentos difíciles son inevitables. Necesitas saberlo. Es cierto que hemos sido redimidos de la maldición, y no hay nada que Satanás pueda hacer para cambiar eso, pero él te desafiará de todos modos.
Por tanto, no te sorprendas cuando las cosas se pongan difíciles. Habrá ocasiones en las que deberás mantenerte firme estrictamente por fe y en las que tendrás que hablar y actuar como si lo que Dios dice es cierto, aun cuando no puedas sentirlo, verlo o palparlo en forma natural. Incluso habrá otras ocasiones en las que todo parecerá terrible. Es en esos momentos cuando deberás soportar el sufrimiento como un buen soldado de Cristo.
Mucha gente oye la palabra de fe acerca de la sanidad o la prosperidad, y piensan: "¡Oye! Voy a intentarlo". Luego, cuando llegan los momentos difíciles, se dan por vencidos.
Déjeme advertirte que vivir por fe no es algo que intentas. Se trata de un estilo de vida. Lo haces en los momentos difíciles; lo haces cuando todo es fácil. Vives por fe siempre, pues no lo haces sólo para obtener los beneficios, sino porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6).
Quizás las cosas se pongan un poco difíciles, pero déjame asegurarte que saldrás siempre adelante si soportas el sufrimiento como un buen soldado de Cristo. Si no desmayas ni te apartas de la fe, tendrás la victoria. Él único cristiano derrotado es ¡aquel que se da por vencido!
Lectura bíblica: Números 14:1-24
12 de Marzo
Kenneth
Así como prospera tu alma
«Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.» (3 Juan 2)
Una vez que comienzas a creer que la voluntad de Dios es prosperarle, te preguntarás: ¿Cómo va a hacerlo? ¿Me enviará un cheque por correo? ¿Empezarán a llover billetes de 20 dólares?
Claro que no. Él Señor primero prosperará tu alma. Él sembrará semillas de prosperidad en tu mente, en tu voluntad y en tus sentimientos; y cuando estas semillas crezcan, producirán una gran cosecha material.
Consulta el libro de Génesis y lee la historia de José. Encontrarás un ejemplo perfecto de lo que te estoy hablando.
Cuando José fue vendido a los egipcios, no tenía ni un solo centavo. Ni siquiera era un hombre libre. Había sido vendido como un esclavo. Pero, en medio de su esclavitud, Dios le dio tanta sabiduría y capacidad que hizo posible que su amo prosperara. Como resultado, el amo puso a José a cargo de todas sus posesiones.
Más tarde, José fue encarcelado. En la prisión no hay muchas oportunidades para ascender, ¿cierto? Pero Dios le dio entendimiento como a ningún otro hombre en Egipto. Ese entendimiento le abrió las puertas para un puesto en la corte de Faraón; no como esclavo, sino como el hombre más reconocido en todo el país después del mismo Faraón.
José se paseaba en un carruaje y la gente, literalmente, se inclinaba ante él. Durante la época de hambruna, José estuvo a cargo de todo el alimento: ¡a eso le llamo prosperidad!
¿Cómo hizo Dios todo eso? Lo hizo al prosperar el alma de José. Incluso cuando su situación llegó a ser sombría y sus problemas se volvieron imposibles, Dios pudo revelar los secretos espirituales que abrirían la puerta del éxito para él.
Por eso es que el método de Dios para prosperar es tan emocionante. Da resultado en cualquier lugar, y en todas partes. Funciona en los países más pobres del mundo, así como en los Estados Unidos. Y puedes estar seguro de que ¡dará resultado en tu vida!
Lectura bíblica: Génesis 39
11 de Marzo
Kenneth
Un Pacto de Amor
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…» (Juan 3:16).
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio, y dio… y dio.
Ése es el mensaje que la Biblia nos comparte de principio a fin. Parece algo muy simple; sin embargo, en realidad, pocos lo entienden.
Podemos entender la idea de un Dios poderoso. Podemos entender la idea de un Dios que desea que le sirvan. Pero, ¿comprender a un Dios Todopoderoso que nos ama tanto que desea dar por sobre todas las cosas? Es difícil de comprender.
Por miles de años, Dios ha estado obrando para derramar la revelación de Su amor en los corazones de los hombres. Ha hecho promesas amorosas de bendición y protección. Pero siempre ha enfrentado el mismo obstáculo: seres humanos que no pueden aceptar esas promesas como ciertas.
La historia de Abram es un ejemplo perfecto. Abram no estaba acostumbrado al concepto de un Dios dadivoso. Después de todo, él había sido adorador de la luna, y la luna nunca había hecho nada por él. Entonces, conoció al El Shaddai: el que es mayor que todos, el Dios omnipotente. Lo primero que El Shaddai quería hacer era darle bendiciones.
Las promesas de Dios asombraron tanto a Abram, que no podía creerlas. Abram le preguntó: «Señor, ¿y cómo sabré que realmente voy a recibir estas cosas?» (Lee Génesis 15:8).
¿Sabes cómo le respondió Dios? Estableciendo un pacto de sangre. Ese pacto resolvió para siempre cualquier pregunta que Abram pudiera tener acerca del amor y la fidelidad de Dios. Al derramarse la sangre, Abram supo que Dios hablaba en serio.
Dios estableció el mismo pacto de sangre contigo: sacrificó a Su propio Hijo. El cuerpo quebrantado y la sangre derramada de Jesús son la prueba eterna del amor de Dios por ti. Por medio de la Comunión, Él nos insta a recordarlo una y otra vez, con el fin de que cuando nuestra fe en las promesas de Dios comience a flaquear, «tengamos un sólido consuelo» (Hebreos 6:18).
Medita en el pacto que Dios hizo contigo para recibir una revelación refrescante de Su amor por ti. Toma el pan y la copa. Preséntate ante el Señor y recibe la Comunión. Medita en el cuerpo y la sangre de Jesús, los cuales te han hecho miembro de la familia del Dios todopoderoso gracias al pacto de sangre. Deja que te ayuden a despejar toda duda acerca del amor de Dios por ti. Jamás dudarás de Sus promesas una vez que hayas creído en Su amor.
Lectura bíblica: Génesis 15
10 de Marzo
Kenneth Presta atención a tus palabras
«En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.» (Proverbios 10:19)
Como creyentes, ¡debemos guardar nuestras palabras! Debemos dejar de hablar como si éstas no fueran importantes, y empezar a hablar como si nuestra vida dependiera de ellas, porque, según la Palabra de Dios, ¡sí depende! (Proverbios 18:21)
Muchos tenemos lo que Proverbios 19:1 llama: labios perversos. Tener labios perversos no es sólo mentir y maldecir. Se refiere a una boca desobediente. Significa decir cosas que van en contra de la Palabra de Dios.
Todos lo hemos hecho alguna vez. Por ejemplo, decimos que estamos confiando en Dios para que nos sane, pero luego le decimos a alguien: "¡Este dolor me está matando!".
¡Eso es tener labios perversos! Es contrario a lo que afirma la Palabra de Dios.
"Por favor, hermano Copeland, sé que dije eso, pero no fue lo que realmente quise decir".
Escucha: el mundo espiritual no obra conforme a lo que has querido decir. Funciona de acuerdo a lo que dices. Leemos en Marcos 11:23: «Porque de cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: "¡Quítate de ahí y échate en el mar!", su orden se cumplirá, siempre y cuando no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirá».
Observa. Este versículo no dice que será hecho lo que has querido decir, sino lo que digas. Lo que digas es lo que cuenta.
No estoy sugiriendo que te compliques la vida preocupándote acerca de cuál será tu próxima frase. Usa la sabiduría que Dios te ha dado. Enséñale a tu boca a ser obediente a la Palabra de Dios. Entonces, cuando más la necesites, encontrarás esa misma Palabra arraigada abundantemente en tu interior.
Lectura bíblica: Proverbios 10:11-21
9 de Marzo Gloria
El hábito de la Santidad
«El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él» (Juan 14:21).
Hay cierta dimensión de la vida que sólo podrás experimentar cuando tomes la decisión de agradar al Padre en todos los aspectos de tu vida. En esa dimensión, Cristo se te manifestará de una manera más real.
A comienzos del siglo XX, Dios derramó Su Espíritu y comenzó un avivamiento en la calle Azusa. Fue un tiempo maravilloso en el que muchas vidas fueron transformadas. Se dejaron de lado las cosas mundanas. Sucedían cosas sobrenaturales, mientras Dios se manifestaba en presencia de todos.
Aquellos involucrados en ese avivamiento, empezaron a ser conocidos en el mundo como personas "santas". Se las denominó así porque era obvio que eran diferentes a los demás. Abandonaron cualquier cosa que creían que no agradaba a Dios. Estaban tan cautivados con el poder de las cosas espirituales que no tenían interés por las cosas naturales.
Hoy en día, pocos creyentes saben lo que significa la "santidad", y aún son menos los que entienden el derramamiento de Dios que cae sobre los que se atreven a seguirla.
El término santidad significa: "Apartado para Dios". Es lo que haces con tu vida cada día; es ordenar tu conducta de acuerdo con la Palabra de Dios y el consejo del Espíritu. La santidad es el hábito de estar en un mismo sentir con Dios, apartándose de los caminos del mundo y siguiendo los del Señor. La santidad no es resultado de la casualidad; la misma requiere de una decisión voluntaria. Toma esa decisión hoy mismo.
Ama a Dios con todo tu corazón al guardar Sus mandamientos. Él te mostrará Su amor y se te manifestará con poder en formas inusuales. Él descenderá sobre ti como lo hizo sobre los creyentes de la calle Azusa,—y el avivamiento verdaderamente comenzará en ti.
Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 4:1-8
8 de Marzo
Kenneth
Descubre la Palabra Viva
«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12).
Sólo la Palabra viva del Dios omnipotente es lo suficientemente poderosa para disciplinar tu carne. Es la única que puede hacerte pensar, mirar, hablar y actuar como un creyente nacido de nuevo.
Cuando me convertí, el vicio horrible de fumar dominaba mi vida. Traté por todos los medios posibles de dejarlo, pero nada funcionó. Después de varios meses de luchar y fracasar, decidí asistir a una campaña en la iglesia de Hilton Sutton en Houston, Texas. Antes de entrar a la iglesia, escondí los cigarrillos en la visera del auto.
En ese tiempo, aún no había aprendido mucho de la Palabra y tampoco había visto el poder de Dios en acción. Así que cuando comencé a oír a esos ministros predicar ungidos por el Espíritu Santo, esto llamó mi atención. Había sido cautivado por la Palabra viva. Mis deseos cambiaron, y lo único que deseaba era conocer más a Dios. Por primera vez en mi vida, las Escrituras cobraron vida.
Al concluir la campaña, ya de regreso a casa, encontré los cigarrillos que había dejado en la visera del auto y me percaté de que no me habían hecho falta.
¿Qué había sucedido? La Palabra me había alejado del deseo de fumar y me había dado el poder para disciplinar la carne. Cuando vi a Cristo a través de la Palabra y bajo la unción del Dios todopoderoso, fui libre ¡no sólo del vicio de fumar, sino también del deseo de hacerlo!
Déjate cautivar por la Palabra viva y descubre el poder que puede hacerte libre para siempre.
Lectura bíblica: Salmos 119:1-9
7 de Marzo
Gloria
Espera oír Su voz
"Las ovejas, las cuales son mías, oyen y escuchan mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen." (Juan 10:27; AMP)
Muchos creyentes no están seguros de poder oír o reconocer la voz de Dios. Temen no poder discernir cuando el Espíritu de Dios les esté hablando.
Pero lo que aún no saben es que, según la Biblia, oír la voz del Espíritu es un privilegio que posee todo creyente (Romanos 8:14). Sin embargo, para ejercer ese privilegio, primero debes recibirlo por fe y colocarte en posición de oír.
Recuerda esto la próxima vez que el diablo trate de decirte que no podrás oír la voz de Dios.
Jesús dijo que Sus ovejas reconocen Su voz y que no siguen la voz de un extraño. Ésa es una promesa de Dios para ti. El Espíritu Santo nunca te guiará en dirección contraria a la Palabra escrita de Dios (Juan 16:13). Por eso, si no sabes qué dice la Palabra, te será más difícil discernir el consejo del Espíritu.
Medita en la Palabra y estúdiala para que aprendas a reconocer la voz de Dios. Sigue las instrucciones que Dios le dio a Josué, y medita en las Escrituras de día y de noche. Obedece siempre lo que dice la Palabra, no sólo cuando sea más fácil, sino todo el tiempo. Se obediente aún en las cosas más insignificantes.
La obediencia constante a la Palabra escrita te hará madurar y afinará tu oído espiritual para que puedas reconocer la voz del Espíritu Santo. Pronto podrás reconocerla tan fácilmente como reconoces la voz de tu mejor amigo.
Así que, en lugar de preguntarte si puedes o no oír la voz de Dios, más bien espera oír Su voz. Luego, permanece en la Palabra para que puedas afinar tus oídos espirituales.
Lectura bíblica: Juan 10:1-9
Este diálogo nos responde a la pregunta de la voluntad de Dios para todos los hombres, en todas las épocas. Nota lo que motivó a Jesús, o mejor quién motivó a Jesús a sanar a ese hombre. ¡La COMPASIÓN! EL AMOR MISMO— y se trata de tu Padre. No existe un solo incidente en el Nuevo Testamento en el que alguien se acercara a Jesús para pedirle sanidad, y le fuera negada. Ninguno recibió instrucciones de esperar un tiempo. ¡NI UNA SOLA VEZ! Dios y Su PALABRA son Uno solo. No trates a la Biblia como un libro común y corriente; mas bien, trátala de la misma manera en la que tratarías a cualquier persona honesta en el mundo. Su Palabra es Su garantía legal: «En el principio ya existía la PALABRA. La PALABRA estaba con Dios, y Dios mismo era la PALABRA.» (Juan 1:1). Es imposible para Dios mentir. ¡Simplemente no puede hacerlo! Es Su perfecta voluntad para cada ser humano que esté bien—en espíritu, alma y cuerpo—. Jesús murió, fue al infierno y sufrió el precio de la maldición, la cual es triple: muerte espiritual, enfermedad y pobreza. LA BENDICIÓN es triple: vida, sanidad y prosperidad. Jesús lo hizo por todo el mundo, no solamente por los creyentes como tú y yo.
6 de Marzo
Gloria
Alabanza de victoria
"Y habiendo consultado con el pueblo, nombró a algunos cantores para que adoraran y alabaran a Jehová, vestidos de ornamentos [sacerdotales] sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijeran: Glorifiquen a Jehová, ¡porque Su misericordia y bondad es para siempre!" (2 Crónicas 20:21; AMP)
¡La alabanza precede a la victoria!
La Biblia nos cita un claro ejemplo de esta verdad en 2 Crónicas 20. Allí, la Biblia nos relata que una gran multitud de ejércitos marchaba en contra de Israel. El ejército de Israel era tan inferior en número que no sabía qué hacer. Entonces, todos ayunaron y oraron hasta que recibieron una palabra de Dios: "No tengan miedo ni se acobarden cuando vean a esa gran multitud, porque la batalla no es de ustedes, sino mía" (2 Crónicas 20:15; AMP).
¿Sabes qué hicieron ellos en respuesta a esa palabra? Organizaron un coro de alabanza. Sí, eso fue lo que hicieron. Pusieron a algunos a cantar y alabar a Jehová, y los enviaron ¡al frente del ejército! Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, la Palabra vemos que: "El Señor hizo que aquellos hombres cayeran en sus propias emboscadas y se mataran entre ellos mismos".
Cuando todo terminó, ningún israelita había caído—y ninguno de sus enemigos había escapado. Es más; cuando fueron a tomar el botín, encontraron tanto ganado, tantas mercancías, tantos vestidos y otras cosas de gran valor, que les tomó tres días para recogerlo todo.
¡Eso es obtener una gran victoria! Y todo comenzó con la alabanza.
¿Deseas disfrutar de ese tipo de victoria? Entonces, levántate y di: "¡Gloria!". Después de todo, te encuentras en la misma situación en que estaban los israelitas. Tienes un ejército que marcha en tu contra, pero Jesús ya derrotó a tus enemigos. Ya ganó la batalla por ti el día que resucitó.
Sólo debes confiar en Él y comenzar a alabarle. Empieza hoy a proclamar esas alabanzas. Decláralas, cántalas y proclámalas en la cara de tu enemigo. Una vez que las oiga, él sabrá que no tiene ninguna oportunidad de derrotarte.
Lectura bíblica: 2 Crónicas 20:1-22
5 de Marzo
Kenneth
Se constante
«Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.» (Hebreos 13:8)
Años atrás, Dios habló al corazón de Gloria una frase que jamás olvidaré. Ella había estado pidiéndole que le enseñara a vivir en el Espíritu, para así operar en una mayor plenitud del poder sobrenatural de Dios.
Dios le dijo: El poder reside en la constancia.
Comprender esta revelación fue difícil para mí. Desde el punto de vista natural, yo puedo ser de todo menos constante. Mi naturaleza humana tiende a ser como un sube y baja: animado un día, desanimado al día siguiente. Pero, gloria a Dios, no necesito depender de mi naturaleza humana para seguir adelante. Jesucristo mora en mi interior, y ¡Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos!
Cristo no es inconstante. Él no cambia de opinión de un día para otro. Él es constante, y si lo buscas cada día más, aprenderás a serlo también.
A la mayoría de creyentes no le interesa eso. Por esa razón, hay tantos "fracasados en la fe". Son creyentes que un día están firmes en la Palabra y al día siguiente flaquean.
Necesitamos ser constantes. Jesús dijo que si permanecemos en Su Palabra, seremos verdaderamente Sus discípulos, y conoceremos la verdad, y esa verdad nos hará libres (Juan 8:31-32). El creyente que es constante recibe revelaciones que el inconstante nunca ve.
Decídete ahora mismo a ser perseverante. No planifiques tu día de hoy en la lectura bíblica de ayer; planifícalo en la lectura bíblica de hoy. Empieza con la Palabra hoy, permanece en la Palabra todo el día y termina tu día con la Palabra. Al día siguiente, levántate y haz lo mismo.
Hay poder en la perseverancia. No seas un cristiano que se apaga y se enciende, sino uno que es constante en la Palabra de Dios, todos los días.
Lectura bíblica: Colosenses 1:14-23
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