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9 de Octubre
Kenneth
Tu primer y más importante llamado
«Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor»
1 Corintios 1:9
¿Sabes qué es lo que Dios quiere que hagas hoy, más que cualquier otra cosa? Él quiere que tengas comunión con Él.
Tu Padre celestial quiere que camines y hables con Él, que le cuentes las cosas de la vida y que te acerques con toda confianza a Él y seas partícipe de Su naturaleza.
Muchos de nosotros estamos tan ocupados en tratar de agradar a Dios en las cosas que hacemos que olvidamos que nuestro llamado más importante es la comunión con Él.
Así es. Dios anhela que deseemos estar con Él.
Has considerado cómo se sentiría Dios si un día le dijeras: "Padre, hoy realmente no vine a pedirte nada. Ya he orado por mis necesidades y Tu Palabra dice que las suplirás conforme a Tus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Ahora sólo deseo estar contigo. Si hay algo que quisieras decirme, estoy dispuesto a escucharte, y cualquier cosa que vea en Tu Palabra, la pondré en práctica en mi vida".
¿Por qué no le dices eso al Señor hoy mismo? Él está esperando tener comunión contigo.
Lectura bíblica: 1 Juan 1:1-7
8 de Octubre
Kenneth
La semilla de la fe
«Jesús les dijo: «Porque ustedes tienen muy poca fe. De cierto les digo, que si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a este monte: "Quítate de allí y vete a otro lugar", y el monte les obedecería. ¡Nada sería imposible para ustedes!»
Mateo 17:20
Una vez alguien dijo que la razón por la cual yo vivía como lo hago es porque tengo una "fe especial". Pero sabes, eso en realidad no es cierto. Yo no tengo una fe especial. Dios me ha dado la misma medida de fe que te ha dado a ti y a todo creyente. La única razón por la cual mi fe parece dar más resultados es porque la pongo en práctica.
Si has estado viviendo a la sombra de una montaña, esperando que Dios te dé cierta clase de fe especial, haz un cambio hoy mismo. Empieza a poner en práctica la medida de fe que ya tienes para remover los obstáculos espirituales, físicos, psicológicos y económicos que Satanás te ha impuesto.
En Romanos 12:3 leemos que Dios le ha dado a cada persona una medida. ¡Créele! Da ese paso de fe, y di: "Padre celestial, te doy gracias porque por la fe en Jesucristo me has hecho partícipe de Tu naturaleza de Tu Espíritu. Estoy muy agradecido por la medida de fe que me ha sido dada como creyente. Hoy tomo la decisión de caminar en esa fe y de ponerla en práctica en mis circunstancias. Me comprometo a vivir según la fe que mueve montañas, pues sé que sin fe es imposible agradarte, Señor" (Hebreos 11:6).
"Al sembrar esta semilla de fe y regarla con Tu Palabra (Romanos 10:17), confío en que crecerá y moverá montañas en mi vida y en la vida de las personas por quienes intercedo".
"Gracias, Padre, porque al hacer esto, nada me será imposible. En el nombre de Jesús, Amén".
Lectura bíblica: Lucas 8:41-56
7 de Octubre
Kenneth
Deja la necedad en el pasado
«El mal persigue a los pecadores, pero los justos son premiados con el bien»
Proverbios 13:21
Satanás nos ha mantenido con una mentalidad de pobreza por tanto tiempo que es difícil entender cuán intensamente Dios desea prosperarnos―a pesar de que Él nos ha demostrado su deseo de hacerlo una y otra vez.
Por ejemplo, considera a Abraham. Dios lo hizo extremadamente rico. En Génesis 13:2, dice que era rico en ganado, en plata y en oro.
Luego, por supuesto está Salomón. La Biblia dice que él sobrepasó a todos los reyes de la Tierra en riquezas y en sabiduría.
Job, el siervo de Dios, poseía tanta fortuna que era considerado el más respetado de todos los hombres del oriente. Eso fue antes de que Satanás lo hiciera sufrir. Después, Dios lo bendijo con más del doble de lo que Satanás le había quitado.
Ahora, el problema radica en que la mayoría de los creyentes de hoy día se asustan al pensar en la gran abundancia que Dios les dio a esos hombres. Se asustan porque creen que esa clase de riquezas podría destruir sus vidas.
Dios dice: «la prosperidad de los necios los echará a perder» (Proverbios 1:32, RVR1960).
Eso no quiere decir que debes evitar la prosperidad. ¡Eso quiere decir que debes evitar ser un necio!
Te reto a que esta semana leas el libro de Proverbios y descubras lo que Dios dice acerca de las características del hombre necio. Pídele al Espíritu Santo que examine tu corazón. Si ves que te has comportado como los necios en algunas cosas, arrepiéntete y toma la decisión de no volver a caer en esa trampa.
Deja que la Palabra de Dios te inspire a dejar toda la necedad en el pasado y que avive tu fe en tu interior para que pueda salir y recibir aquello que como hijo redimido del Dios viviente, tienes derecho a recibir―no la maldición de la pobreza, sino ¡la bendición de la prosperidad!
Lectura bíblica: Génesis 15:1-6
6 de Octubre
Kenneth
Amor revolucionario
«El amor todo lo soporta, siempre está listo a creer de cada persona lo mejor, su esperanza no falla bajo ninguna circunstancia, todo lo resiste [sin debilitarse]. El amor nunca falla [nunca se desvanece, ni pasa de moda, ni tiene un final]» 1 Corintios 13:6-8
El amor nunca falla. Sin él, nada da resultado; con él, no puede haber fracaso. Cuando vives en amor, no podrás fracasar.
Se requiere de fe para creer que el método del amor nunca fallará. La mente natural no puede comprenderlo porque el hombre natural y el mundo están gobernados por el egoísmo.
Pero cuando practicas el amor por fe y no buscas tus propios intereses, estarás poniendo al Padre celestial a obrar a tu favor. Mientras permanezcas en el amor, Dios Padre buscará tu beneficio. Él se asegurará de que triunfes. Caminar en amor ¡será de gran ventaja para ti!
El amor "ágape" es un poder diferente que te convierte en el amo de toda situación. Ningún arma forjada contra ti prosperará. Nadie tiene el poder de lastimar tus sentimientos porque tú no eres gobernado por tus sentimientos, sino por el amor de Dios.
Ese amor es revolucionario. Si entendiéramos completamente el gran beneficio de vivir en el amor de Dios, seguramente estaríamos compitiendo entre nosotros para ver quién amara más a los demás. Sin duda alguna, cada uno de nosotros sería ganador en esa competencia, porque a decir verdad, el amor es la clave segura para nuestro éxito.
Lectura bíblica: Romanos 12:9-21
5 de Octubre
Kenneth
Sujeto a cambios
«Por eso, no nos fijamos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» 2 Corintios 4:18
No centres tu atención en lo que puedes ver en la esfera del mundo físico y natural. Todo lo que percibes es temporal y sujeto a cambio. Así que pon tu fe en el reino invisible y eterno. Las cosas eternas no están sujetas a cambio.
La Palabra de Dios es eterna. En ella hay 7.000 promesas acerca de cualquier situación que puedas enfrentar en la vida. Esas promesas nunca cambiarán, sin importar lo que suceda en este mundo en constante cambio.
No importa lo mal que tu cuerpo se sienta, la Palabra siempre dirá: «…Por sus heridas fueron ustedes sanados» (1 Pedro 2:24). No importa lo mal que luzca tu cuenta bancaria, la Palabra siempre dirá: «Así que mi Dios suplirá todo lo que les falte, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19).
Tú no debes resignarte a la existencia precaria que el mundo te ofrece. Toma lo que la Palabra dice que puedes tener. Enfoca tu atención en las verdades eternas de Dios—no en las cosas que puedes ver—. Después de todo, esas cosas están sujetas a cambio.
Lectura bíblica: 2 Corintios 4:8-18
4 de Octubre
Kenneth
El testigo decisivo
«Pero si no te hace caso, haz que te acompañen uno o dos más, para que todo lo que se diga conste en labios de dos o tres testigos» Mateo 18:16
Seguro has estado muchas veces en el valle de la decisión, balanceándote precariamente entre la victoria y la derrota. Por un lado, se encuentra la palabra del mundo escrita por Satanás que te dice: "No serás sanado"; por otro, la Palabra de Dios diciendo: "mi Palabra es un sí, y un amén" y «…Por sus heridas fueron ustedes sanados» (1 Pedro 2:24). ¿Quién será el que determine el resultado de todo? Tú lo serás. Tú serás el testigo decisivo.
Recuerdo a un hombre que me pidió que orara por él, y le dije: "La Palabra dice que eres sano". El hombre me interrumpió y dijo: "Sí, yo sé que dice eso, pero tengo este terrible dolor aquí…".
Lo miré a los ojos y le dije otra vez: "La Palabra dice que por la llaga de Jesús fuimos sanados". "Lo sé" —respondió él—, "pero tengo este terrible...".
Sacudí mi cabeza en forma negativa y le dije: "Escúchame, la Palabra dice que estás sano". Se sonrojó y dijo: "Sé lo que dice, pero tengo este...".
Finalmente, se quedó callado y me miró. Él no se había dado cuenta de que estaba dejando que los síntomas físicos fueran su evidencia. No le importaba lo que la Palabra le decía; él sólo creía en lo que podía ver y sentir.
Cuando se tranquilizó, le dije: "Mira, tú quieres que esté de acuerdo contigo y estás enojado porque no lo estoy; pero si lo hago, podrías morir. Ahora bien, si te pones de acuerdo conmigo y con la Biblia, podremos lograr que recibas tu sanidad".
De repente, lo entendió. Sus ojos se iluminaron: "¡Oh, alabado sea Dios! Comprendo lo que quiere decir. Entonces, ¡estoy de acuerdo con la Palabra de Dios!".
Le impuse mis manos, y Dios lo sanó en forma instantánea
¿Puedes verlo? Él recibió la sanidad cuando estuvo de acuerdo con Dios. Pudo haber recibido la sanidad en su habitación, mientras manejaba o en cualquier otro lugar. Pudo haberla recibido en el momento que decidiera ser el testigo decisivo.
Tu parte es orar y confirmar tu testimonio. Si lo haces, Dios te respaldará, y cuando Él te respalda, todo lo demás debe alinearse o quitarse de en medio. Tú eres el testigo decisivo. ¿Cuál será tu decisión?
Lectura bíblica: Mateo 18:15-20
3 de Octubre
Kenneth
Evita los grandes fracasos
«Pero esto quiero decirles en el nombre del Señor, y en esto quiero insistir: no vivan ya como la gente sin Dios, que vive de acuerdo a su mente vacía. Esa gente tiene el entendimiento entenebrecido; por causa de la ignorancia que hay en ellos, y por la dureza de su corazón, viven ajenos de la vida que proviene de Dios. Después de que perdieron toda sensibilidad, se entregaron al libertinaje para cometer con avidez toda clase de impureza»
Efesios 4:17-19
Satanás utiliza una estrategia muy sutil para controlar nuestra vida. La Biblia la llama lascivia, y significa "apetito descontrolado".
Se ha predicado que la lascivia es inmoralidad extrema; sin embargo, no empieza de esa manera. Al principio, la lascivia comienza con algunos pensamientos que parecen inocentes, pero que luego se multiplican más y más hasta convertirse en pecados de gravedad.
Por ejemplo, una tarde, cuando tenía nueve años, me dejé llevar por el deseo de maldecir. Sabía que no debía hacerlo; sin embargo lo hice. Tenía un pariente que era tan bueno para maldecir al estilo del oeste texano que yo creía que él había inventado las malas palabras. Me sentía curioso y quería experimentar qué se sentía.
Cuando por fin me despojé de toda restricción y empecé a proferir maldiciones, cierto mal ingresó a mi mente, el cual me afectó sobremanera por 20 años. Cierta ley fue activada y, como resultado, mi carne empezó a apoderarse de mí.
No dejes que Satanás se valga de la lascivia para perjudicarte. Decide obedecer, tanto en tu mente como en tu corazón, a Dios en las cosas pequeñas. Podrás evitar grandes fracasos si caminas en el Espíritu de Dios un paso a la vez. Y con el tiempo, alcanzarás mayores y mejores victorias.
Lectura bíblica: Efesios 4:22-31
2 de Octubre
Kenneth
Corre hacia Dios
«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad»
1Juan 1:9
¡Cuán maravilloso es saber que fuimos liberados de la ley del pecado y de la muerte! ¡Cuán glorioso es saber que nunca más tendremos que ser esclavos del pecado! Pero ¿qué podemos hacer cuando, a pesar de esas verdades gloriosas, todavía seguimos fallando, continuamos cometiendo errores y seguimos cayendo en pecado?
Simplemente, ¡corre hacia tu Padre celestial y arrepiéntete!
Y aunque suene muy fácil, con frecuencia hacemos todo lo opuesto. En lugar de correr hacia Dios, dejamos que el temor y el sentimiento de culpa nos alejen de Él. Nos ponemos a pensar cosas como: "Bueno, fallé otra vez; será mejor que me olvide de todo y viva en pecado".
No cometas ese error. No dejes que Satanás te convenza a pecar en un área de tu vida, sólo porque ya fallaste en otra. Cuando te desvíes del camino de Dios, sólo debes confesar tu falta y volver al camino.
"Pero, hermano Copeland, me siento tan culpable cuando le digo a Dios lo que he hecho que se me hace muy difícil confesarlo".
Lo sé, yo también me sentía así. Entonces, un día, Dios me dijo: Kenneth, cuando confesaste ese pecado, no fue para que yo lo supiera, sino para que te despojaras de él y fueras limpiado de sus efectos en tu vida.
Cuando cometas un error o cuando falles en algo, recuerda que tienes un abogado para con el Padre, a Jesucristo el justo (1 Juan 2:1). ¡Corre a Él! Jesús sabe por lo que estás pasando. No tienes por qué sentir temor. Él no te destruyó por los pecados que cometiste antes de que lo recibieras como Señor y Salvador de tu vida, ¿cierto? Entonces, ¿cuánto más misericordioso y amoroso crees que Dios será ahora que le perteneces, ahora que te has acercado y que tu corazón se ha inclinado hacia Él?
En lugar de huir de Dios, corre hacia Él para ser perdonado y limpiado, sin importar lo mucho que hayas pecado. Él desea perdonarte y limpiarte de toda maldad.
Lectura bíblica: 2 Samuel 11:1-5, 12:1-13
Bendice al Señor
«Por lo tanto, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Jesús, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de labios que confiesen su nombre»
Hebreos 13:15
Grandes cosas suceden cuando confiesas continuamente la misericordia de Dios. La fe crece en tu interior. Esa realidad de que Dios te ama empieza a manifestarse por medio de tu espíritu.
Es más, honras a tu Padre cuando confías en Su Palabra, cuando magnificas Su amor y Su misericordia, cuando hablas de Su bondad y Su benignidad, y cuando das testimonio de que Él es un Padre amoroso que hace sólo el bien. Dios es bendecido cuando lo alabas por ser Él el gran Dios del universo que quiere bendecirte y que dio a Su Hijo a causa de Su gran amor por el mundo.
David era un hombre conforme al corazón de Dios y sabía cómo alabar al Señor. No es hasta que tienes la Palabra De Dios morando en ti ricamente que puedes declarar desde tu propio espíritu salmos y alabanzas. Utiliza las alabanzas de David para magnificar al Señor. Decláralas o cántalas en voz alta al Padre.
Si pones las palabras de Dios continuamente en tus labios, empezarás a sentir la emoción y el gozo de saber que Dios es "rico en misericordia" por el gran amor con que nos amó. Tu fe se remontará a nuevas alturas. ¡Tu Padre será bendecido!, y tú también lo serás.
Lectura bíblica: Salmos 89:1-18
30 de Septiembre
Kenneth
La compasión en acción
«Y al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor»
Mateo 9:36
La compasión. Eso es lo que la gente necesita más que cualquier otra cosa en este mundo. Necesitan que alguien llegue a ellos con la compasión de Dios.
La compasión es un anhelo profundo que responde a las necesidades de las personas. Es un término mucho más profundo que la lástima. La lástima no hace nada, sólo siente pena por las personas, pero la compasión tiene que hacer algo por ellas.
Dios se mueve por la compasión, y la vida de Jesús en la Tierra fue un ejemplo vivo de esa compasión en acción. La compasión fue el móvil de todo el ministerio de Jesús. Lo movió a multiplicar los panes y los peces, a sanar a los enfermos, a echar fuera a los demonios, a resucitar a los muertos y hasta morir en la Cruz. Esa misma compasión es la que Él desea manifestar por medio de tu vida.
Es algo maravilloso, ¿no es cierto?
Es asombroso darnos cuenta de que somos el único cuerpo que Jesús tiene ahora en la Tierra. Su sanidad tiene que fluir a través de nuestras manos y nuestra fe. Su compasión debe movernos para dar al hambriento, echar fuera demonios y poner en libertad a los cautivos.
"Pero, hermano Copeland, yo no tengo esa clase de compasión".
Sí, la tienes. Si el Espíritu de Dios mora en tu vida, la tienes, porque ¡Él es esa clase de amor! Lo único que necesitas hacer es ponerla en acción.
¿Cómo? Así como lo hizo Jesús cuando estuvo en el mundo: por medio de la oración y la comunión con el Padre. Estudia los Evangelios y nota cuánto tiempo Jesús pasó a solas con el Padre. Ese tiempo puso en acción la compasión de Dios dentro de Él, hizo que sintiera lo que Dios siente por el sufrimiento de la humanidad y lo conmovió tanto que siempre que se encontraba con una necesidad, la satisfacía por medio del poder de Dios.
Sigue Su ejemplo. Dedica tiempo a la comunión con el Padre. Medita en la compasión de Dios hasta que surja con intensidad en tu interior. Estimúlala hasta que el deseo de ver a otros libres llegue a ser una prioridad en tu manera de pensar.
Jesús te ha enviado para alcanzar y tocar a este mundo sediento de Su amor con Su compasión.
Si tú no lo haces, ¿quién lo hará?
Lectura bíblica: Marcos 6:32-46
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