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Diezmar. La mayoría de los creyentes no se emocionan mucho al respecto. Pero debieran hacerlo―y lo harían si entendieran cómo hacerlo correctamente.
El diezmo bíblico estimula la fe y activa el poder de Dios en nuestra vida, si lo damos con gratitud, con gozo y con la confianza de que nuestras necesidades serán suplidas en forma abundante.
En Deuteronomio 26:8-9, Dios les dijo exactamente a los israelitas qué decir cuando dieran sus diezmos. Les dijo que debían reconocer el hecho de que Él los había sacado de la esclavitud de Egipto, y decir: «…Entonces el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, y con señales y portentos que causaban terror, y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, ¡tierra que fluye leche y miel!».
¿Qué tendrá que ver eso con nosotros? ¡Dios ha hecho lo mismo por nosotros! Él nos ha sacado de una vida de esclavitud y pobreza, y nos ha dado una vida que fluye con la abundancia de Dios.
Cuando traigas tu diezmo al Señor, sigue el ejemplo de los israelitas: regocíjate y reconoce las maravillas que Jesucristo ha hecho por ti. Dale gracias porque Él te ha liberado de la tierra de las tinieblas y de la escasez, para llevarte a Su Tierra Prometida de la abundancia. Agradécele porque ésa es una tierra de misericordia, de gozo, de paz y de prosperidad.
Diezma con fe, esperando que las ricas bendiciones de esa tierra sean multiplicadas en tu vida. Muy pronto te darás cuenta de que diezmar es algo muy emocionante.
Lectura bíblica: Deuteronomio 26
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Recién convertido, ¡me era casi imposible vivir en paz con la gente! La mayoría de las veces, cada vez que abría mi boca, decía cosas desagradables. Constantemente, hería a las personas que más quería. A decir verdad, les hablaba con más aspereza a ellas que a los demás.
Criticaba tanto la forma de conducir de Gloria que ella rehusaba hacerlo mientras yo estaba con ella. Mis hijos empezaron a evitarme porque siempre estaba criticándolos. No quería ser tan insensible, sin embargo, no podía evitarlo. Me dominaba el hábito de hablar de manera grosera, y no sabía cómo corregirlo.
Pero un día, leí en Efesios 5:4: «Tampoco digan obscenidades, ni tonterías ni palabras groseras. Eso no es conveniente. En vez de eso, den gracias a Dios». Cuando leí eso, me di cuenta de que necesitaba reemplazar las palabras que solía decir con palabras de acción de gracias, y eso solucionaría mi problema. Después de todo, no podía hablar ásperamente y darle gracias a Dios al mismo tiempo, ni podía criticar a los que me rodeaban si tenía una actitud de agradecimiento hacia ellos.
Entonces, decidí de inmediato poner este principio en práctica. Un día, entré de manera precipitada al dormitorio de mi hijo para regañarlo severamente por algo que había hecho; de pronto, reconocí que estaba actuando conforme a mi antiguo patrón de comportamiento. Me detuve, y pensé: La Palabra dice que esta clase de comportamiento está fuera de lugar, así que voy a detenerme y dar gracias a Dios. Después de pasar unos minutos alabando y agradeciendo al Señor, no me sentía tan enojado como antes.
Si tienes la costumbre de hablar de forma áspera, empieza a despojarte de ese mal hábito. Cuando alguien te contradiga en el trabajo, en el colegio o en cualquier otro lugar y te sientas tentado a responder con palabras fuertes, ¡detente! Tómate unos momentos para agradecer y alabar a Dios. Una vez que empiezas a pensar en la bondad de Dios, verás que esas palabras groseras se quedarán dentro de tu boca.
En lugar de usar tu lengua para destruir a la gente, disciplínala para decir alabanzas a Dios. Así, ¡te será más fácil vivir en paz con los demás!
Lectura bíblica: Efesios 4:26-32; 5:1-4
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Las cosas del mundo son inciertas e indefinidas. En la radio, en la televisión y en los periódicos se oyen y se leen palabras de incertidumbre y desesperación, todos los días. Todo a nuestro alrededor pareciera encontrarse en estado de confusión.
Pero, alabado sea el Señor, si eres un creyente, tienes algo en lo que puedes depender: ¡la inmutable Palabra de Dios!
Dios no usa estándares diferentes. Él no dice una cosa hoy, y algo diferente mañana. Él es el mismo ayer, hoy y por siempre.
Si tú haces de la Palabra la autoridad final en tu vida, ésta será para ti como una columna de apoyo cuando todo lo demás empiece a derrumbarse. Si lo que Dios dice es suficiente para que puedas solucionar los asuntos de la vida, podrás estar confiado cuando los demás estén confundidos, podrás estar tranquilo y lleno de paz cuando los demás estén bajo presión. ¡Serás un vencedor cuando los demás caigan vencidos!
¿Qué significa hacer de la Palabra de Dios la autoridad final en nuestra vida? Significa creer en lo que Dios dice en lugar de creer lo que la gente dice. Significa creer lo que Dios dice en lugar de creer lo que Satanás dice. Significa creer en lo que Dios dice en lugar de lo que las circunstancias dicen.
Toma hoy en tu corazón la decisión de permitir que la Palabra de Dios sea la autoridad final en tu vida. Decídete a vivir por fe y no por vista. Sin miedo, sométete a la autoridad de la Palabra del Señor, y no habrá nada en este mundo viejo e inestable que pueda robarte esa seguridad.
Lectura bíblica: Salmos 9:1-10
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Considerando cuánto odia el diablo a la gente y cuán decidido está en querer destruirla, no es una sorpresa para nosotros que exista tanta calamidad y tragedia en el mundo. En realidad, es asombroso que no veamos ¡una mayor cantidad!
Una vez le pregunté al Señor acerca de ese a ese asunto, y me dijo que al mundo de las tinieblas le lleva mucho tiempo maquinar los grandes desastres. Por ejemplo: tomemos el caso de la industria aeronáutica. Este sector tiene muchos reglamentos y está constantemente en guardia porque la seguridad es lo primordial. Por eso, al diablo le es mucho más difícil causar desastres en un sector tan regulado como ese.
Satanás no puede entrar rugiendo y arrasar con todo en cualquier momento que se le antoje. Si pudiera, se pasaría la noche entera derribando aviones. Pero no puede hacerlo.
¿Por qué no? Porque está atado. La Biblia dice que el diablo está ligado a cosas que son comunes al hombre. Él tiene que alinear ciertas cosas en el ámbito natural —humano—, antes de que pueda poner un dedo sobre alguien, y debe valerse de personas para llevar a cabo su trabajo.
Pero, bendito sea el Señor, no estamos atados a lo que es común al hombre. Somos libres de usar ¡lo que es común para Dios! Nuestras armas no son comunes. ¿Qué significa eso? Quiere decir que deberíamos agarrar al diablo, meterlo en una bolsa, coserla, envolverla y colocarle un moño.
El diablo no puede arruinar tu vida, a menos que le des lugar. Él no puede entrar, y empezar a destruir y a robar, a menos que él pueda hacerte caer en pecado, duda o desobediencia. Así que, si él ha estado dándote problemas, pídele al Espíritu Santo que te muestre en cuál de esos aspectos le has dado lugar. Luego, arrepiéntete y deshazte de ello.
Una vez que lo hayas hecho, saca las armas que Dios te ha dado y dispara con ambos cañones. Saca el arma de la Palabra. Saca el arma de la oración. Toma la fe y utilízala para atar al diablo. Aprovecha el poder extraordinario de Dios para mantenerlo atado, y éste no podrá venir en tu contra.
Lectura bíblica: Efesios 6:10-18
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
¿Has estado orando para que el Señor te muestre si lo que quieres hacer está de acuerdo con la voluntad de Dios? Deja que la paz de Cristo sea tu guía y te ayude a encontrar la solución. Si empiezas a llevar a cabo lo que tienes pensado hacer, pero no tienes paz al respecto, desiste de tus planes.
Sin embargo, recuerda que debes ser sensible y poner atención al consejo del Espíritu Santo. Él pondrá sutilmente paz o intranquilidad en tu corazón. No te quedes esperando a que el Señor se te aparezca una mañana, te saque de la cama y te diga qué debes hacer. Él, por lo general, no te hablará de esa forma. Su método principal de comunicación es por medio de lo que la Biblia llama: el testigo interno.
Por eso, es necesario que estés siempre atento. No puedes darte el lujo de estar siempre ocupado en las cosas del mundo. Debes apartar tiempo para el Señor y prestarle atención.
Otro aspecto del cual debes cuidarte es de la contienda. Si estás irritado y molesto por asuntos cotidianos, te será muy difícil discernir el consejo y la voz apacible del Espíritu Santo. Por lo tanto, pon en práctica lo que el versículo citado arriba dice hacia el final: "Se agradecido, con aprecio, dándole siempre alabanza a Dios". Mantén un corazón lleno de gratitud; te será mucho más fácil oír "al árbitro de la paz" cuando Él haga un llamado.
Lectura bíblica: Salmos 95:1-7
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Jesús vino a quitar el pecado. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Quiere decir que Dios, mediante la sangre de Jesús, ha anulado el poder del pecado para que tú, como creyente nacido de nuevo, puedas vivir como si ese pecado nunca hubiera existido. Tú puedes salirte de su sombra de una vez por todas.
Ten presente que salirse de la sombra del pecado no significa llevar una vida perfecta. Te equivocarás algunas veces. Quizás algunas veces caigas en pecado (no tienes porqué, pero ¡es probable que suceda!). Sin embargo, tienes una promesa de Dios, sellada con la Sangre de Jesús, la cual dice que cuando confiesas ese pecado, Él es fiel y justo para perdonarte y limpiarte de toda maldad.
No deberías vivir ni cinco segundos bajo la sombra de ese pecado, si eres lo suficientemente sensato para arrepentirte y recibir el perdón de Dios.
"¡Pero hermano Copeland, me siento tan mal por el pecado que cometí!"
No importa cómo te sientas al respecto. Hazlo por fe. Aprende a arrepentirte lo más pronto posible. Luego, levántate y ríete en la cara del diablo.
Recuerdo una ocasión en particular en la que yo me encontraba en esa situación. Había cometido un error garrafal y debía predicar esa misma noche. Me sentía tan culpable que dije: "Señor, tendrás que conseguirte otra persona que predique esta noche porque yo no voy a hacerlo". De repente, el Espíritu me habló al corazón, diciéndome: Kenneth, ya me confesaste ese pecado, ¿cierto?
—Sí, ya lo hice.
—Entonces, ¿consideras la sangre por la que has sido santificado como una cosa inmunda?
—¡De ninguna manera!, Señor.
—Pues, eso mismo es lo que estás haciendo. Mi Palabra dice que cuando confiesas tu pecado no sólo voy a perdonarte, sino también a limpiarte y a echar ese pecado en el mar del olvido. Así que, no es agradable que continúes tocando este tema.
Te lo digo: me olvidé del asunto en ese preciso instante, fui al servicio y prediqué por dos horas y media acerca del ¡perdón de Dios!
No permitas que los sentimientos de culpabilidad e indignidad te priven del poder de la Sangre de Jesús. Arrepiéntete y sal por fe, de la sombra del pecado a ¡la poderosa luz del perdón de Dios!
Lectura bíblica: Juan 1:1-34
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Observa que este versículo bíblico nos instruye a dar gracias "en" todo, no "por" todo. Cuando la calamidad o la tentación nos golpean, no debemos dar gracias a Dios por las calamidades. Él no es el autor de estas situaciones. Al contrario, Él es quien nos muestra la salida para escapar de ellas, y ésa es la razón por la cual debemos ser agradecidos con Él.
Si lees los cuatro Evangelios, notarás que Jesús jamás dio gracias por la enfermedad o la muerte. Al contrario, cada vez que se enfrentó a ellas, su reacción era vencerlas con el poder de Dios. Por eso, agradece como Jesús lo hizo—no por las obras de Satanás, sino por la victoria que Dios te ha dado sobre las calamidades.
Lectura bíblica: Juan 11:1-48
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Alguna vez has pensado en David y te has preguntado lo siguiente: ¿Cómo David, un joven pastor, se convirtió en un hombre conforme al corazón de Dios, y llegó a ser alguien tan fuerte en el espíritu que Dios lo escogió para ser el rey de Israel? Yo lo he hecho.
De hecho, le pregunté al Señor al respecto, y me mostró que la revelación fue la que convirtió a David en un hombre espiritualmente poderoso, aquella que provino de las muchas horas de meditación en las cosas de Dios. Me imagino que el día en que escribió el Salmo 23, David se encontraba meditando en la bondad de Dios y cantándole alabanzas. Él estaba teniendo comunión con Dios cuando, de repente, la Unción del Señor vino sobre David y el exclamó: "¡El Señor es mi pastor!".
Sin duda se acordó de las ovejas que cuidaba cuando era joven: "Me enfrenté a la muerte por esas ovejas. Las guíe a lugares de pastos verdes y de aguas frescas, limpias y tranquilas". Continuó meditando en esas cosas, y se llenó de emoción: "Cuando me enfrenté al león y al oso, ¿no colocó Dios una mesa delante de mí en presencia de esos enemigos? Él me dio la victoria. ¡Mi Dios! ¡Mi Dios peleará por mí! «¡El Señor es mi pastor, nada me faltará!».
Esa revelación invadió a tal punto el alma de David, que el diablo no pudo hacer nada para quitársela. Por eso, cuando Goliat estaba burlándose de Israel, David salió a pelear contra él. Todos los israelitas le tenían miedo, excepto David, porque en su ser había una revelación que decía: «Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo» (Salmos 23:4). Esa revelación le dio a David el valor y el poder no sólo para decir: «yo vengo contra ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado» (1 Samuel 17:45), sino también para incrustar una piedra en la frente del gigante.
¿Está el diablo buscando cómo destruirte? Haz lo mismo que David. Medita en Dios y en Su Palabra. Canta alabanzas al Rey. Ten comunión con el Señor hasta que la revelación de quién es Él en ti empiece a inundar toda tu alma. Luego, dile al diablo: "Tú no me matarás. ¡Jehová es mi Pastor!". Pégale con la piedra del conocimiento adquirido por revelación divina, y lo dejarás fuera de combate, en toda ocasión.
Lectura bíblica: Salmo 23
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Creer. Ésa es la clave para todo lo perteneciente al reino de Dios. Es la manera en que nos conectamos al poder del Dios todopoderoso. La mayoría de nosotros lo sabe, pero pocos sabemos con exactitud cómo hacerlo. Desconocemos cómo ponerlo en práctica.
En realidad es más sencillo de lo que nos imaginamos. Es tan fácil como decir: "Yo creo que recibo".
Algo sucede en tu espíritu cuando dices esas palabras. No entiendo cómo, pero es así. No comprendo cómo es que mi sistema digestivo sabe qué hacer cuando trago algo, pero lo hace. Sólo ingiero un poco de comida y éste empieza a funcionar. No tengo que provocarlo. No tengo que sentirlo. Simplemente, sucede. Ésa es la manera en la que está diseñado el cuerpo humano.
Similarmente, cuando te alimentas de las maravillosas promesas de Dios y las "ingieres" en tu espíritu al decir "Yo creo que recibo", la fe es liberada. No tienes que provocarlo, ni tienes que sentirlo. Simplemente sucede. El espíritu regenerado está diseñado de esa manera.
Cuando repites con tu boca en forma continua: "Creo que recibo mi sanidad", o "creo que mis necesidades económicas son suplidas", y luego citas los pasajes bíblicos que respaldan esas confesiones, la fe se libera para atraer el poder que suple esas necesidades.
Como dice el Dr. Kenneth Hagin, necesitas "mantener encendido el interruptor de la fe". Tanto Gloria como yo hemos descubierto que confesar en voz alta la frase: "Yo creo que recibo", es una manera de mantenerlo encendido. Lo decimos cuando oramos. Lo declaramos al alabar a Dios. Lo decimos al leer la Palabra.
Lo declaramos especialmente en el momento en que debemos enfrentar las tinieblas, cuando parece que no estamos recibiendo nada de nada. Cuando todo parece que va de mal en peor, lo confesamos en voz más alta: ¡Yo creo que recibo!
¿Quieres activar hoy tu fe? Entonces, haz de estas cuatro palabras las más importantes de tu vocabulario. Confiésalas todos los días. Pronto descubrirás, al igual que nosotros… que ¡funcionan!
Lectura bíblica: Marcos 11:12-24
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Jesús es el principio y el fin. Él es el Todopoderoso. Cuando nos dijo eso en el libro de Apocalipsis, no estaba solo presentando información acerca de Él. Nos estaba dando a conocer una poderosísima verdad, la cual podemos aplicar hoy en día.
Déjame mostrarte cómo. Jesús dijo que Él es el principio. No importa qué reto o situación estés enfrentando en este momento; necesitas empezar con Él. En Juan 1:1 leemos que Jesús es la Palabra. Es decir, si vas a empezar con Jesús, empezarás con la Palabra. No hagas nada hasta averiguar qué dice la Palabra respecto a tu problema.
Luego, mantente firme en la Palabra. Colosenses 1:23 dice: «…permanezcan cimentados y firmes en la fe, inamovibles en la esperanza del evangelio que han recibido».
Permanecer cimentado en la fe. La única manera en que el diablo puede derrotarte es presionándote para que abandones la Palabra. Todo lo que él hace, toda situación que cause, conlleva la intención de que dudes de la Palabra de Dios. Por lo tanto, no importa lo que pase, permanece en la Palabra. Establécelo con Dios en oración y confía en ella siempre. ¡Escrito está!
Después, deja que la Palabra sea la autoridad final. Jesús dijo que Él es el principio y el fin. Eso significa que la palabra de tu médico no es la definitiva. Ni siquiera tu pastor tiene la última palabra. ¡La Palabra de Jesús es la última palabra!
Recuerda: tú eres lo que la Palabra dice que eres. Puedes hacer lo que la Palabra dice que puedes hacer. Y puedes tener lo que la Palabra dice que puedes tener. Empieza a creerlo; comienza a decirlo en voz alta y con fe.
Ahora, da un grito de victoria. Sí, ¡ahora! No tienes que esperar a ver el resultado para celebrarlo. Tienes la Palabra de Jesús referente a tu problema, así que sabes sin lugar a dudas que tu victoria está garantizada. Una vez que te hayas cimentado en Él, puedes estar seguro… Su Palabra será la ¡última palabra!
Lectura bíblica: Proverbios 1:1-9
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
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