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Las palabras son un asunto serio. Como creyentes, debemos considerar seriamente cómo usarlas. Necesitamos que las palabras empiecen a actuar a nuestro favor, así como Dios lo hace. La Biblia dice que el Señor usa palabras para llamar a las cosas que no son como si fueran (Romanos 4:17).
La mayoría de nosotros no tenemos la menor idea de cómo hacerlo. Hemos pasado nuestra vida describiendo las cosas como las vemos. Constantemente hemos usado nuestra boca para informar acerca del estado lamentable de la situación a nuestro alrededor. Bajo esas circunstancias, el solo pensamiento de llamar las cosas que no son como si fueran parece un poco descabellado.
"¿Estás diciendo que se supone que diga: '¡Estoy sano!', cuándo me siento enfermo… o '¡Soy próspero!' cuando no tengo dinero?. Me parece que estaría mintiendo".
No, no. Hay una gran diferencia entre mentir y hablar por fe. La mentira se dice con la intención de engañar a alguien, de hacerle creer algo que no es cierto. Pero hablar por fe es simplemente decir palabras que están de acuerdo con la Palabra de Dios, no con las circunstancias a tu alrededor. Es hablar con tu espíritu y no con tu mente.
Como el apóstol Pablo dijo en 2 Corintios 4:13: "Tenemos el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: «He creído, por lo tanto he hablado». También hemos creído, por lo tanto hemos hablado" (AMP).
Eso es importante. Lee ese versículo de nuevo: "He creído, por lo tanto he hablado".
Hay personas que hablan las palabras, pero no tienen la fe para respaldarlas, y como resultado fracasan en su vida espiritual. No llamaron las cosas que no son como si fueran, sino que las llamaron de la manera que deseaban que fueran.
Estos son dos aspectos muy diferentes. Las palabras pueden ser las mismas. Pero el sólo desear y esperar no cumplirán la tarea; hay que creer.
Empieza hoy a poner tanto tu boca como tu corazón en armonía con la Palabra. Deja de hablar según lo que ves y comienza a declarar y a creer las promesas de Dios. Haz que el poder de las palabras actúe a tu favor.
Lectura bíblica: Proverbios 15
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Según el diablo, ¿cómo eres? ¿Creerá que eres un valiente y poderoso guerrero de Dios… o un debilucho a quien pueda darle una paliza cuando se le antoje?
La respuesta a esa pregunta depende de ti. Lo comprendí cuando estaba estudiando acerca del pueblo de Israel, y de cómo fracasaron al no entrar en la Tierra Prometida. La clave de su fracaso se encuentra en las palabras: «Nosotros nos parecía que éramos como langostas; y a ellos también así les parecíamos» (Números 13:33).
La razón por la cual los israelitas estaban tan aterrorizados de pelear contra los gigantes de Canaán no era porque esos gigantes fueran tan grandes, sino porque los israelitas se veían a sí mismos como enanos. La imagen que tenían de sí mismos fue la que los derrotó.
El mismo principio se aplica en tu vida como creyente. La imagen que tengas de ti mismo es la que cuenta. Si a tus ojos eres un cristiano débil y sin poder, el diablo te atropellará tres, cuatro o más veces al día si no está ocupado. Pero cuando empieces a verte como un hijo de Dios, un conquistador del Dios todopoderoso, equipado con el mismo poder de Dios, el diablo querrá esfumarse al instante en el que te vea.
El diablo preferirá hacer cualquier cosa antes que venir contra alguien que es valiente y osado, porque él mismo es un cobarde. A decir verdad, desde que Jesús se levantó de la tumba, el corazón de Satanás se ha turbado al escuchar ese nombre de la boca del que tiene fe en Cristo.
Si no te ves fuerte en el Señor, necesitas cambiar tu opinión de ti mismo. Debes llenarte por completo de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo para que vivas como un gigante espiritual. Cámbiale la perspectiva al diablo y deja que él descubra por sí mismo lo que se siente ser una langosta.
Lectura bíblica: Números 13:17-33
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Den, y se les dará. Esas palabras salieron directamente de la boca de Jesús. No obstante, hay muchos creyentes que se niegan por completo a creerlas. Tienen la idea equivocada de que es un error esperar recibir cuando se da.
Pero la verdad es que ¡es un error no hacerlo!
¿Qué pensarías de un agricultor que siembra las semillas y luego deja que su cosecha se pudra en el campo? Creerías que es un tonto, ¿no es así? Y si lo hubiera hecho cuando otros sufrían de hambre, pensarías además que ese agricultor ha cometido un crimen.
Bueno, es igual de irresponsable dar semillas (en términos económicos), y no esperar la cosecha que Dios te ha prometido. Especialmente cuando esa cosecha podría fomentar la propagación del evangelio a gente que tiene hambre espiritual. Tan equivocado está el que hace caso omiso al principio de la prosperidad compartido por Jesús, como lo está el que deja que una cosecha de trigo se pudra en el campo.
Dios quiere que cosechemos financieramente de las semillas que sembramos. Él desea que estemos preparados para no tener que pedir por ayuda, sino que además tengamos: "…siempre y en toda circunstancia… todo lo necesario, y abunde en nosotros toda buena obra;" (2 Corintios 9:8). Su deseo es que tengamos en abundancia, no para que lo guardemos con egoísmo, sino para que demos con generosidad.
La próxima vez que des, no tengas miedo de esperar una cosecha. Espera con fe las recompensas económicas que Jesús prometió. Luego, cuando vengan, vuélvelas a sembrar. Mantén en constante circulación el principio de dar y recibir para que el Señor pueda bendecir al mundo a través tuyo.
Lectura bíblica: 2 Corintios 9:6-15
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Quiero contarte el único secreto verdadero para obtener victoria en esta vida. Es fácil: coloca la Palabra de Dios en primer lugar en Tu vida diaria.
Quizás digas: "Bueno, ya lo he oído antes. No es ningún secreto". Pero cuando comprendas lo que en realidad quiero decir, se convertirá en una revelación para tu vida.
La Biblia no es tan sólo un libro de texto, histórico o de relatos. Es un manual de vida. Es la sabiduría del Dios omnipotente escrita para que puedas aplicarla en las situaciones que enfrentas a diario.
Dios dice que la sabiduría "es lo principal". La palabra principal significa: "lo primero en importancia". Eso quiere decir que la Palabra de Dios debe ocupar el lugar más importante en todas nuestras actividades. Sé por experiencia propia el impacto que eso puede tener en tu vida.
Hace veinte años que decidí leer los Evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles tres veces en 30 días. En ese tiempo parecía una tarea imposible. Teníamos dos niños pequeños y la casa patas arriba después de una mudanza reciente; no veía cómo podía pasar todo ese tiempo leyendo la Palabra y además, hacer el resto de las tareas en el hogar. Pero me propuse dejar de lado otras cosas, y hacerlo. Me sorprendió sobremanera el final del primer día: había logrado más de lo que hubiera hecho en circunstancias normales.
Sorprendentemente, al final de esos 30 días, no sólo había leído los evangelios y el libro de los Hechos tres veces, sino que había hecho todos los quehaceres domésticos incluyendo mis niños, y además, había aplicado un nuevo acabado a varios muebles. Estaba asombrada.
Tú también te asombrarás de lo que puede suceder en tu vida si colocas la Palabra de Dios en primer lugar. Pero déjame advertirte: no esperes hasta creer que tienes el tiempo para hacerlo, porque Satanás se encargará de que nunca lo tengas.
Haz lo que yo hice: deja las otras cosas a un lado. Invierte tu tiempo primero en la Palabra, y muy pronto podrás ver los resultados de esa inversión en todas las áreas de tu vida.
Lectura bíblica: Proverbios 3:1-9
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
¿Sabías que vivir en amor es bueno para la salud?
¡Es cierto! La ciencia médica lo ha comprobado. Los investigadores han descubierto que la hostilidad produce tensión que causa úlceras, dolores de cabeza, y un sin fin de otros males.
Ahora bien, cuando analizas el término hostilidad, crees que es el tipo de enojo que sientes cuando sucede algo serio. Pero según los expertos, eso no es lo que ocasiona los peores problemas. Por el contrario, son las cosas pequeñas. Por ejemplo, cuando la lavandería arruina tu traje favorito. O cuando la señora de la cafetería pone salsa en tu puré de papas después de que le dijiste claramente que no lo hiciera. ¿Te suena familiar?
Sólo piensa en cuánta tensión podrías evitar si eres pronto para perdonar y vives según 1 Corintios 13, sin tomar en cuenta las cosas que te hayan hecho. Imagínate los beneficios físicos y mentales de vivir así.
Pero si has dejado que la hostilidad te mantenga atado, eso te parecerá un sueño imposible de cumplir. Pero no es así. Como creyente nacido de nuevo, tienes el amor de Dios en tu interior.
Si te sometes a ese amor, serás libre. ¿Recuerdas cuando Jesús llamó a Lázaro de la tumba? Lázaro estaba vivo, pero todavía seguía amarrado por la mortaja. Jesús mandó que le quitaran las ataduras, a fin de que Lázaro pudiera ser libre para caminar.
Jesús quiere esa misma libertad para ti. Por lo tanto, ponte de acuerdo con Él. Dile a esos hábitos mortales que te tienen atado: "¡En el nombre de Jesús, suéltenme y déjenme ir! Dejo atrás la hostilidad, el rencor y el egoísmo. Persevero en Dios. ¡Viviré una vida de amor!".
Recuerda: no se requiere un milagro médico para transformar tu vida. Lo único que se necesita es una decisión de rendirte a la fuerza del amor. ¡Hazlo hoy!
Lectura bíblica: Proverbios 4:10-27
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Recuerdo la primera vez que fui a una campaña de sanidad con el equipo de la cruzada de Oral Roberts. Yo era estudiante y miembro de la tripulación de vuelos. Tenía unos cuatro años de ser creyente, y sabía muy poco de las cosas de Dios, especialmente de esas campañas. Sin embargo, formaba parte del equipo y estaba deseoso de aprender.
Seguí al equipo dentro del enorme auditorio. Estaba lleno de gente enferma. El lugar olía muy mal, lleno de enfermedad. El sólo caminar por allí me produjo escalofríos de temor.
Di la vuelta y me dirigí a la puerta lateral tan rápido como pude. Susurrando, le dije al Señor: «Óyeme, yo no pertenezco aquí. Voy a tomar el autobús y me iré a casa ahora mismo. Ellos pueden llevar ese avión de regreso sin mí».
Una vez afuera, empecé a hablar en voz alta. Entonces, de repente, me quedé rígido. No podía mover mis pies. Supe que era Dios el que me había detenido porque, en mi interior, yo iba camino a la estación del autobús, pero en el exterior, estaba parado en la acera.
Miré hacia arriba y grité: "¡Déjame ir!". Pero no podía moverme.
Estaba desesperado, y exclamé: "¡Por favor, déjame ir! Yo no tengo nada para esa gente".
En ese momento, Dios me habló. Cada célula de mi ser oyó Su voz. Él dijo: "Sé que tú no tienes nada para darles. Pero yo sí, y por eso te bauticé con Mi Espíritu".
De repente, mis pies quedaron sueltos y supe que tenía dos alternativas: una era la vida y la otra era la muerte. Di la vuelta y regresé.
Yo estaba listo para salir corriendo. Pero Dios me detuvo. El Señor sabía que Él estaba en mí, y si tan sólo me quedaba y avivaba lo que estaba en mi interior, los milagros sucederían—y así fue.
Tú tienes en tu interior ese mismo Dios que obra milagros. Hay personas a tu alrededor que lo necesitan. Por lo tanto, deja de esperar hasta que sientas que posees el poder para hacerlo, y sal de una vez. Cuando lo hagas, descubrirás que el poder que has estado esperando ha estado allí, en tu interior, todo el tiempo, esperando por ti.
Lectura bíblica: Éxodo 3:1-14
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
La mayoría no tenemos idea de qué es realmente la gracia. Conocemos algunos fundamentos básicos acerca de ella. Sabemos que somos salvos por gracia (Efesios 2:8). Pero ni siquiera hemos comenzado a entender el poder verdadero que puede liberar en nuestra vida hoy.
Si quieres tener una idea de lo que la gracia realmente puede hacer, observa lo que sucedió con los primeros cristianos en Hechos 4. Habían sido amenazados por los líderes religiosos de Jerusalén y se les había ordenado no hablar ni enseñar más en el Nombre de Jesús. Entonces, habían comenzado a orar al respecto.
En síntesis, esto fue lo que oraron: "Mira Señor, hemos sido amenazados, pero no dejaremos de predicar ni nos esconderemos debajo de alguna alfombra religiosa. Simplemente aumenta Tu poder en nosotros, danos valentía y seguiremos adelante".
¿Sabes cuál fue el resultado de esa oración? En el versículo 33, leemos que "la gracia de Dios sobreabundaba en todos ellos". Gracia abundante. Una gracia tan poderosa que cuando aquellos creyentes la recibieron, todo el lugar tembló. Una gracia tan abundante que capacitó a los apóstoles para hacer: «muchas señales y prodigios entre el pueblo» (Hechos 5:12).
Ese ejemplo debería ser suficiente para convencerte de que la gracia no es algo abstracto del mundo espiritual. La gracia es verdadera, es poderosa, otorga el poder sobrenatural para hacer que las cosas sucedan.
Ahora bien, ¿quieres saber algo realmente emocionante? La Biblia dice que esa misma gracia también está disponible para cualquier persona que haya pecado y haya sido destituida de la gloria de Dios.
¡Gracias a Dios, eso significa que tú y yo calificamos!
Si el diablo ha estado amenazándote, sigue el ejemplo de esos primeros cristianos. Ponte a orar y declara: "Señor, no importa lo que el diablo y sus huestes digan; no renunciaré. Seguiré hablando y viviendo por fe, y lo haré confiadamente. Por lo tanto, aumenta Tu poder en mí".
Te garantizo que si haces esta oración con sinceridad, Dios lo hará y entonces comenzarás a descubrir en realidad qué es la gracia.
Lectura bíblica: Hechos 4:8-33
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Como Dios no salva a ninguna persona contra Su voluntad, ¿vale la pena orar por quienes conscientemente se rehúsan recibir a Jesús como su Señor?
Sí. ¡Sí! ¡Sí, vale la pena!
Mira, a pesar del hecho de que la mayoría de los incrédulos que no han querido recibir a Jesús como su Señor piensan que lo han hecho por su libre albedrío, la verdad es que no es así. La Palabra de Dios dice que han sido cegados por Satanás, quien les está bloqueando la percepción de la verdad. Por lo tanto, ellos en realidad no han tomado esa decisión por voluntad propia.
Una vez comprendido esto, mediante la oración intercesora puedes interferir las fuerzas satánicas, y ayudarles a quitarse esas vendas. Con la oración puedes también cambiar las circunstancias y ayudar a crear situaciones que atraerán a esas personas a conocer al Señor. Y cuando lo hagas, estarás ejerciendo tus derechos espirituales.
Una vez oré con un amigo que había estado orando por años por su hermano inconverso. Jesús dice en Mateo 12:29 que primero atáramos al hombre fuerte y luego entráramos a su casa y saqueáramos sus bienes. Así que declaramos: "Tú, espíritu que ciegas los ojos de _______, deja de hacer lo que estás haciendo para mantenerlo fuera del reino de Dios. ¡En el Nombre de Jesús, detente en este momento!"
Jesús también dijo en Mateo 9:38: «Por lo tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies». Entonces, oramos así: "Señor, envía alguien a la vida de ______________ con la Palabra de Dios. Tú sabes a quien sí escuchará. Reclamamos a ______________ para el reino de Dios. Confiamos en que lo veremos salvo y libre. En fe te alabamos".
Al poco tiempo, su hermano lo llamó y le preguntó: "¿Qué has estado haciendo? Todas las personas con que me que encuentro me han estado predicando".
Nuestras oraciones habían interferido las fuerzas que Satanás había estado usando para cegar a este hombre para que no conociera a Jesús, y habían creado una circunstancia para traerlo al reino. Efectivamente, unos días después, él había nacido de nuevo.
Haz esta misma oración por tus seres queridos, y cuando ores, cree que así será. Tú podrás ver los mismos resultados. No te cruces de brazos, ni dejes que el diablo se lleve a tus amigos y familiares sin resistirlo. ¡Ora! ¡Ora! ¡Ora! Arremete contra el "dios de este mundo". Quítale la venda de los ojos a tus seres queridos y ábreles los ojos al glorioso evangelio de Dios.
Lectura bíblica: 2 Corintios 4:1-7
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
¿Sabías que el campo de batalla del problema que enfrentas ahora se encuentra en tu mente y en tu boca? Si reprendes al diablo con la Palabra y descargas la ansiedad de la situación sobre Dios, ganarás.
Sin embargo, déjame advertirte que esperar en la Palabra no siempre es lo más fácil. El diablo sabe que si él no te la roba, la usarás para derrotarlo.
Por eso, no te sorprendas si él envía un espíritu maligno para levantarse contra la Palabra de Dios. Si estás enfermo, quizás comience a decirte: "Tú no estás sano. Tú sabes que la sanidad no se manifiesta en estos días; y si se manifestara, a ti no te funcionará. Podría funcionarle a otro, pero a ti no".
Si el enemigo comienza a decirte esa clase de mentiras, no las aceptes. No empieces a preocuparte y a pensar: "¡Ay!, Me parece que no recibiré la sanidad. No me siento sano. Es posible que empeore cada vez más…".
Recuerda esto: la Palabra es la que hace la obra, no la persona que espera en ella. La Palabra hará su obra para cualquiera que la active. Hará la obra para ti, así como la hizo para Jesús cuando Él anduvo en este mundo.
Jesús le dijo a Satanás: «Escrito está…». No importa lo que el diablo intente decirte; no sueltes la Palabra por ningún motivo. Dile lo que está escrito en lo que concierne a tu situación. Deja que la Palabra pelee su propia batalla… y reprenderá siempre al diablo.
Lectura bíblica: Salmos 19:7-14
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Cuando aprendí por primera vez a descargar mis preocupaciones sobre el Señor, estaba en el sur de Texas predicando en una campaña a la que nadie iba. No te estoy mintiendo; la gente evitaba el lugar… miles de personas lo hacían. Después de uno o dos servicios en el que estaban el pastor, unas dos o tres personas más y yo, empecé a ponerme ansioso. Pero el Señor me dijo: Descarga esa preocupación sobre mí, y así lo hice.
Empecé a caminar sonriendo y silbando. Le dije al diablo: «No pondré mala cara ni me preocuparé. Vine aquí a predicar y eso es lo que voy a hacer, y es asunto de Dios si alguien aparece o no. ¡No me preocuparé por nada!»
Estaba tan feliz que parecía un tonto. El diablo me dijo: "¿Qué pasa contigo? ¿No eres lo suficientemente inteligente como para preocuparte por esta situación?". Supongo que la gente murmuraba: "Me parece que es demasiado ingenuo como para no preocuparse. Creo que es porque nunca fue al seminario; no puede ver la diferencia entre una gran victoria y una aplastante derrota".
Pero le dije al Señor: "He descargado mi preocupación y ansiedad sobre ti, y si nadie viene excepto esa querida anciana, ella será la persona a la que más se le haya predicado en el estado de Texas, ya que predicaré como si hubiera una muchedumbre".
En ese entonces no me daba cuenta de lo que estaba sucediendo. Mi despreocupación me colocó en una posición en la que el diablo no podía hacer nada. Ya no podía inmiscuirse en mi vida. No podía sembrar más temor ni incredulidad. No podía presionarme para que hiciera concesiones porque ya no me importaba lo que pasara. Yo había echado toda mi ansiedad sobre el Señor.
¿Estás preparado para librarte de la ansiedad? Si lo estás, sólo haz esta confesión de fe:
"Soy creyente; no soy incrédulo. La Palabra obra en mí; y en este momento me humillo bajo la poderosa mano de Dios. Descargo toda mi preocupación y ansiedad sobre Él. Desde este momento en adelante, me niego a preocuparme. En su lugar, oraré, activaré mi fe y creeré. Dios me exaltará sobre el problema y sobre el diablo. Pues yo pertenezco a Cristo y ¡Él cuida de mí!"
Lectura bíblica: Salmos 55:16-22
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
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