28 DE AGOSTO
Levítico 14:51-53
Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces. Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana. Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia.
Limpiando todo aquello que no está bien.
¿Sabes lo que es un edificio enfermo? Es cuando por diferentes causas, bien sea por diseño, falta de mantenimiento y otros, hay presencia de microorganismos u otros agentes patógenos que provocan alergias y enfermedades a las personas que trabajan o viven allí.
A veces pueden ser recuperados pero otras veces son derribados y vueltos a construir.
En tiempos bíblicos a las casas también les ocurría cosas similares con la lepra y otras enfermedades. Las personas que vivían allí tenían que salir y ser purificadas.
Aquí encontramos un ritual extraño a nosotros en la actualidad: cedro, hisopo, grana, una avecilla muerta y otra viva. Pero cada detalle era un simbolismo una verdad espiritual profunda: La limpieza no viene por nuestras manos, sino por el sacrificio que Dios provee a través de Jesucristo.
La sangre y el agua corrientemente simbolizan la purificación que solo proviene de una vida entregada gracias al Espíritu Santo.
El cedro, el hisopo y la grana simbolizan tanto la grandeza como la humildad: desde el árbol majestuoso hasta la pequeña planta usada para rociar, todo necesita ser cubierto por la Gracia.
La avecilla muerta y la avecilla viva son una figura preciosa de Cristo: el que murió derramando su sangre por nosotros y resucitó para darnos Nueva Vida.
Finalmente, la avecilla viva era soltada al campo, volando libre, nos recuerda que la verdadera limpieza y perdón en Cristo nos liberan. Ya no estamos encerrados por el pecado, ya no cargamos la impureza: somos enviados a vivir en libertad, en campo abierto, bajo la Gracia de Dios.
Cada rincón de nuestra vida —así como cada rincón de aquella casa— puede ser rociado con la obra de Jesús. Y cuando Él purifica, no queda mancha alguna.
¿Abriras todos los rincones de tu vida y de tu casa para que Jesús pueda entrar?
Recuerda que Dios quiera trabajar contigo, pero debes dejarle entrar a tu vida.
Apocalipsis 3:19-20 dice "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
¿Lo harás?
Oración: Ven delante de Dios y dale gracias por mostrarte en su Palabra que la limpieza viene por su Gracia. Pídele también que te ayude a vivir en libertad, como esa avecilla que vuela, sabiendo que en Él, eres libre, perdonado y renovado. Dios te bendiga. ¡Que tengas un buen día! Amén. DTA