Es una novela sobre la soledad y la complejidad para establecer relaciones en una sociedad regida por EL EGOÍSMO ; así como la admiración de la autora hacia la cultura japonesa, especialmente el cine de Yasujirō Ozu. Al mismo tiempo, Muriel Barbery realiza una mordaz crítica contra el elitismo y la hipocresía de la burguesía francesa a través de sus dos protagonistas, quienes acaban demostrando una inteligencia que trasciende del conocimiento adquirido mediante los libros, la música o el cine; sino de una sabiduría basada en personajes sencillos y acontecimientos rutinarios, aquellos que, con frecuencia, tendemos a menospreciar sin ser conscientes de su auténtico valor.
La mordacidad de su autora predomina en los capítulos correspondientes al primer diario escrito por Paloma –encabezados por un hermoso haiku que resume la conclusión principal-, en los que se describe a la familia Josse y anécdotas cotidianas de esta disfuncional familia. La caricaturización de estas escenas provoca una sensación de artificialidad, precisamente porque todos los esfuerzos de sus miembros están centrados en mantener una apariencia no solo ante la sociedad, también entre ellos.
Durante estos capítulos, Muriel Barbery pretende demostrar la hipócrita convivencia de los Josse, en particular, y de todos los habitantes del edificio en general. La obsesión por conservar su estatus social y su privilegiado nivel de vida les impide apreciar que, en realidad, son peces atrapados en una lujosa pecera mientras contemplan con menosprecio el mar de mediocridad que les rodea. Sin embargo, Paloma si es consciente de que esta circunstancia y, por esta razón, escribe un segundo diario sobre la belleza de los actos más sencillos cuyos párrafos acabaran permitiéndole conocer la elegancia oculta tras la armadura creada por Renée Michel.