Al salir del Pardo, Nina acude a casa, deja a Almudena en la calle, sube la escalera, llama a la puerta y cree haberse equivocado cuando le abre una persona desconocida y encuentra la decoración con grandes cambios, supo que no se equivocó al ver a Juliana, que con su mal carácter le impidió la entrada, que estaba muy sucia y que Dña. Paca no quería verla. Es Obdulia, quien al verla, le dice que pase. Sin pasar de la puerta del comedor habla con su ama una rato. Benina. Le cuenta que está con el moro por caridad, y le traía para alojarle casa como había hecho con D. Frasquito. Dña. Paca no quiere que se quede ella mientras no se limpie y cambie las ropas que lleva, pero sin el moro. Benina, muy decepcionada y triste, llora al salir a la calle, mientras el pobre Almudena, a quien no piensa abandonar, trata de consolarla sin lograrlo.
Libre del berrinche, con hambre y con el duro que le dio Juliana, los dos se fueron a comer a una fonda. Más tarde alquilaron una habitación para una noche, pero no durmieron muy bien, Almudena no dejaba de rascarse y a la pobre Nina no la dejó dormir. A la mañana siguiente lo saca a la calle para ver si con el aire fresco se le pasa. Se dirigen a casa de Juliana para recoger la ropa de Benina, sin que Almudena deje de insistir en que se casen vayan a a vivir a Jerusalén. Juliana, curiosa, quiere conocer al moro que no hace mas que rascarse el brazo de forma exagerada. Juliana le dice que es lepra, y que en esas condiciones no acuda a ver a su suegra, que puede seguir contactando con la casa y recoger la comida que le tendría preparada, pero no ver a Dña. Francisca.
Cuando llega Antonio y les comunica que desde la caída de D. Frasquito, estaba mal, iba diciendo cosas sin sentido.