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—Es decir, tú puedes verte con una chica y yo con un chico, ¿es eso lo que pretendes?
Alfredo frunció el ceño.
Que se viera él con una chica le parecía normal, pero no que Nat se viera con un chico.
No obstante se calló para decir al rato malhumorado:
—Haz lo que gustes.
Y frenó el auto.
Nat aún le miró desesperadamente.
—¿Dices en serio eso de vernos dos días a la semana?
—Sí.
—De acuerdo.
Y descendió.
Alfredo la siguió con los ojos. Los tenía enturbiados, estaba furioso. Con ella, consigo mismo, con todo dios.
La joven sonrió y Pedro quedó suspenso. ¿Sin dientes? ¡Diantre! Los tenía todos y eran de una belleza extraordinaria. Y aquellos hoyitos en las mejillas que se formaban al sonreír… Decididamente no era una chica fea. Si acaso un poco pálida su belleza, inexpresiva… La miró de soslayo mientras ella estrechaba su mano con gentil sencillez.
Tenía un cuerpo delgado y era alta. Claro que bajo las ropas sin estética no se podía apreciar con precisión; mas de cualquier forma que fuera no era gordita…
—Encantada de conocerle, señor Olaizola —dijo suavemente.
Maril está decidida, y nadie va a cambiar su idea, casi obsesiva, de continuar algo que empezó cuando era una niña. Un viaje, un terreno hostil, frío, helador… son los componentes de la historia de Maril. Otro personaje irrumpe en escena con tanta fuerza como sinceridad y descaro. Maril trata de aguantar una situación sin salida… pero la vida le dará otra oportunidad, y las historias escritas no siempre tienen el final esperado…
Klaus, sencillo, apasionado y flexible; ella, fría, déspota y orgullosa…
Solo eso los separaba, y la falta de cariño en Klaus, que se fue muriendo, ella lo sabía bien, a fuerza de la elegante frialdad de su esposa.
De ella.
—Di, Klaus —murmuró Ingrid, deteniendo sus pensamientos y no sabiendo explicarlos, aunque lo pretendiera.
Porque de haber sabido, ella hubiera detenido la catástrofe matrimonial. Le hubiera dicho… Pero no era fácil decirle nada a Klaus. Ya no.
A fuerza de vivir dentro de su tesitura, de su sempiterna elegancia, de su inconmensurable distinción, había llegado a ser para Klaus, sin querer, por supuesto, sin poderlo evitar, una extraña y de hecho para ella Klaus era casi un forastero.
La vida de una muchacha está pendiente de un hilo debido a un accidente automovilístico. Ella tiene un último deseo que es casarse con su actual novio con el que únicamente lleva saliendo una semana.
Ana María y Celso tienen un problema que les une, pero no se conocen. Sus familias han decidido por ellos, y no hay vuelta atrás. Sus vidas se encontrarán, y nada puede cambiar ese destino previsto desde su nacimiento. El lujo, la riqueza y la vida cómoda son una tentación, pero el amor ni se compra ni se vende. La sorpresa, el engaño y la amistad conforman una historia encantadora con unos protagonistas ingeniosos y divertidos.
Joaquín e Inés, ambos de familias pudientes, salían juntos porque era lo que todos esperaban. Para Joaquín, sí que existía un amor hacia Inés pero para ella, esto no era así. Por medio de esta relación estará un simple boticario llamado Arturo.
“—¿Qué le ocurre? —preguntó una voz fuerte y bronca.
Por la voz no lo conocía y como llevaba la cara casi tapada no acertaba a ver más que unos ojos entre pardos o azules.
—No soy capaz de poner el auto en marcha —dijo acercándose al jinete erguido aún y firme sobre su montura.
El hombre no pareció inmutarse demasiado.
Tampoco se movió de su montura.
El caballo era brioso y joven. Se movía constantemente, aunque su dueño le sujetaba las bridas entre las manos enguantadas.
—Soy la maestra —dijo ella algo cortada por la poca cortesía del aparecido.
Él no pareció inmutarse.
—¿Por qué se ha detenido aquí? —preguntó con el mismo vozarrón fuerte y poco simpático—. Es peligroso y la pendiente es muy pronunciada, además el frío aprieta.
—Hace cinco años que no veo a Mauricio. Si he de serte sincera... pensé que ya no me casaría nunca con él.
Óscar lanzó sobre ella una mirada quieta.
Una chiquilla lindísima, sensible, muy femenina. Además era morena, de cabellos muy negros y en contraste tenía los ojos verdes..., una boca de dibujo sensual y una mirada cálida, asustadiza, ingenua. ¡Ni más ni menos que una esposa impropia a un tipo como Mauricio...! Pero... allá cada cual.
—Me caso al día siguiente de llegar —seguía diciendo Mulca, como si se diera una razón a sí misma—. Mis padres dudaron mucho antes de dejarme emprender este viaje...
—Doctor…
—No quiero oírte, Clint. Tienes un bello porvenir por delante. Vosotros dos sois mis hombres de confianza. Siempre pensé que el equipo es cosa importante en estos trabajos. Un día vosotros, uno por cada lado, formaréis un equipo como el mío. Tú, Clint, puesto que has vivido siempre sacrificado, sabes mejor que nadie lo que cuesta triunfar, y sabrás asimismo aprovechar el triunfo de una forma eficiente y lógica. Un día llegarás lejos. Y yo no quiero ser cómplice de tu amargura.
—Óigame…
—No. Tu bondad te lleva demasiado lejos. No eres responsable de cuanto le ocurre a esa joven.
—Pero puedo remediar su tragedia.
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