El activismo parental exhaustivo, la inversión total del tiempo en la agenda de los niños y la desaparición de las conversaciones de adultos para hablar únicamente de tareas o logística familiar no garantizan el éxito de los hijos; por el contrario, erosionan los cimientos de la pareja. La obsesión contemporánea por el rendimiento infantil suele secuestrar el espacio íntimo del matrimonio, transformándolos en gestores de un proyecto y no en compañeros de vida. Hoy abordaremos la trampa de la hiperpaternidad y cómo equilibrar las demandas de la crianza para rescatar la relación de pareja, entendiendo que el entorno más saludable para un hijo es ver a sus padres amándose en equipo.