Vivimos en una sociedad acelerada, donde las rutinas y la inercia del día a día hacen que no seamos dueños de nuestras vidas.
Aunque no acabemos de estar satisfechos con nuestro trabajo, el miedo al cambio, al rechazo y al fracaso hacen que no tomemos ninguna acción para mejorar nuestra situación.
Ir más lentos, aprender a decir a ‘no’ y deshacernos de lo que no nos aporta nos ha permitido disfrutar con nuestra profesión, tener claro nuestras prioridades, compaginar la vida profesional con la personal, conseguir mejores clientes y desarrollar proyectos de forma sostenible.