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El Imperio romano, como la mayoría de los reinos del mundo antiguo, se proyectaba a sí mismo como designado por las divinidades para gobernar sobre la tierra. Justificaba su control económico y político con bases espirituales. La religión del imperio incluía la adoración a los dioses romanos tradicionales y la veneración a los césares como seres divinos. Esta tendencia a adorar al emperador comenzó inicialmente con César Augusto, quien dirigió la transición de Roma de una república a un imperio. La siguiente inscripción de Asia Menor en el año noveno a.C. muestra cómo el régimen de César se proclamó en términos políticos y religiosos:
La providencia que ha regulado toda nuestra vida, demostrando preocupación y celo, ha ordenado la consumación más perfecta para la vida humana al dársela a Augusto, al llenarlo con virtudes para realizar la obra de un benefactor entre los hombres y al enviarlo en él, como si lo fuera, un salvador para nosotros y para los que nos seguirán, para hacer que cese la guerra, para crear orden en todas partes; por eso el día natalicio del dios Augusto fue para el mundo el principio de las buenas noticias llegadas a los hombres por él.
Para la época del emperador Domiciano (81–96 d.C.), se había instalado bien este evangelio de la pax romana [paz romana]. Las ciudades opulentas del occidente de Asia Menor competían entre sí por el favor y el patrocinio del emperador, proclamaban su divinidad y promovían el culto de adoración a él. Cualquier resistencia a este culto ponía en riesgo las esperanzas de la ciudad de obtener el favor imperial. Pero los creyentes en Jesús que vivían en estas ciudades reconocían a un Salvador diferente y adoraban únicamente al verdadero Dios.
Jesús tuvo varios hermanos, entre ellos, Santiago y Judas. Santiago es el más conocido porque se trataba de un líder prominente de la iglesia de Jerusalén (página Stg 1:0). Menos conocido es Judas, aunque también era claramente líder en la iglesia porque les escribió a creyentes con autoridad esta carta que lleva su nombre. No se sabe exactamente quiénes debían recibir la carta, aunque las referencias a ángeles, a la historia de Israel y a escritos específicos sugieren que fue dirigida a los judíos que creían en Jesús como su Mesías.
Pero el problema que ocasionó que escribiera la carta es bien evidente. Judas les advierte a sus lectores acerca de ciertos individuos que se han infiltrado entre ustedes, cuyas enseñanzas y ejemplo son una amenaza para la fe encomendada una vez por todas a los santos. Estos falsos maestros, fundamentados en supuestos sueños inspirados, desprecian la autoridad, contaminan sus propios cuerpos, participan en actos inmorales y rechazan la disciplina. Aunque dicen proclamar el mensaje de Dios, en realidad se dejan llevar por sus propios instintos, pues no tienen el Espíritu.
La respuesta de los creyentes debe ser la de una resistencia enérgica. Deben luchar vigorosamente por la fe, rechazando tanto la enseñanza como el ejemplo de estos hombres y purificando la comunidad. Tengan compasión de los que dudan —Judas los instruye—; a otros sálvenlos arrebatándolos del fuego. Compadézcanse de los demás, pero tengan cuidado. Les asegura que, al hacer estas cosas, pueden confiar en Dios su Salvador.
Pareciera que el apóstol Pedro recibió copia de la carta de Judas y entonces escribió una suya, parecida, para demostrar que Judas estaba presentando fielmente la enseñanza de los apóstoles del Señor Jesucristo (página Stg 1:0).
Judas
Aunque 2 Juan fue escrita para advertir a una comunidad de seguidores de Jesús de que no ofrecieran asistencia material a los falsos profetas, 3 Juan se escribió para tratar una situación opuesta: la de insistir en que una comunidad ofrezca una base de operaciones para los predicadores itinerantes que practican la verdad.
Juan le había enviado una carta a esta comunidad para presentar y recomendar a algunos individuos, pero Diótrefes, un líder de esa comunidad, se rehusó a hospedarlos. Se opuso a la autoridad de Juan al punto de expulsar a cualquiera que apoyara a las personas que este había enviado. Sin embargo, un hombre llamado Gayo acogió a estos predicadores en su propio hogar, permitiendo así que llevaran a cabo su misión.
Juan se enteró tanto de la resistencia de Diótrefes como de la lealtad de Gayo. En esta carta, Juan le envía a Gayo un mensaje de agradecimiento y aliento por medio de Demetrio, otro hombre que espera recibir apoyo. También promete ir pronto para poner en orden todos los asuntos.
La misma persona que escribió 1 Juan también tuvo que escribir a otras comunidades adonde los falsos maestros a los que él se oponía hubieran podido ir para dispersar sus ideas y prácticas. Una carta que escribió a otra comunidad se ha preservado para nosotros como 2 Juan. Su autor se dirige a la comunidad a la cual está escribiendo llamándola la elegida, y llama a sus miembros los que han conocido la verdad. Describe a los miembros de su propia comunidad como los miembros de la iglesia hermana. (Al parecer, esto era típico de los primeros seguidores de Jesús. Hay un saludo similar al final de 1 Pedro). El autor se identifica a sí mismo como un líder con el título de anciano.
Al parecer, algunas personas de esta comunidad habían venido a visitarlo y él se sentía complacido de saber que ellos estaban practicando la verdad, es decir, que estaban guardando las enseñanzas que habían escuchado desde el principio. Pero tuvo que advertirles a los miembros de la comunidad (probablemente enviándoles esta carta por medio de los que regresaban a su hogar) que no apoyaran a los falsos maestros de ninguna forma, pues quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas obras. A pesar de su brevedad, esta carta abarca todos los temas que se desarrollan más extensamente en 1 Juan.
1Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu,4:1 no crean … por el Espíritu. Lit. no crean a todo espíritu. sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas. 2En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu de Dios: todo profeta4:2 profeta. Lit. espíritu; también en v. 3. que reconoce que Jesucristo ha venido en cuerpo humano es de Dios; 3todo profeta que no reconoce a Jesús no es de Dios, sino del anticristo. Ustedes han oído que este viene; en efecto, ya está en el mundo.
4Ustedes, queridos hijos, son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo. 5Ellos son del mundo; por eso hablan desde el punto de vista del mundo, y el mundo los escucha. 6Nosotros somos de Dios, y todo el que conoce a Dios nos escucha; pero el que no es de Dios no nos escucha. Así distinguimos entre el Espíritu de la verdad y el espíritu del engaño.
1Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. 2Él es el sacrificio por el perdón de2:2 el sacrificio por el perdón de. Lit. la propiciación por. nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo.
3¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos. 4El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad. 5En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente2:5 se manifiesta plenamente. Lit. se ha perfeccionado. en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: 6el que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió.
7Queridos hermanos, lo que les escribo no es un mandamiento nuevo, sino uno antiguo que han tenido desde el principio. Este mandamiento antiguo es el mensaje que ya oyeron. 8Por otra parte, lo que les escribo es un mandamiento nuevo, cuya verdad se manifiesta tanto en la vida de Cristo como en la de ustedes, porque la oscuridad se va desvaneciendo y ya brilla la luz verdadera.
9El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. 10El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida2:10 en su vida. Alt. en la luz. que lo haga tropezar. 11Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver.
12Les escribo a ustedes, queridos hijos,
porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Cristo.
13Les escribo a ustedes, padres,
porque han conocido al que es desde el principio.
Les escribo a ustedes, jóvenes,
porque han vencido al maligno.
Les he escrito a ustedes, queridos hijos,
porque han conocido al Padre.
14Les he escrito a ustedes, padres,
porque han conocido al que es desde el principio.
Les he escrito a ustedes, jóvenes,
porque son fuertes,
y la palabra de Dios permanece en ustedes,
y han vencido al maligno.
La carta conocida como 1 Juan fue enviada a un grupo de creyentes sumido en una situación preocupante. Muchos de la comunidad habían abandonado su fe original en Jesús como el Mesías. Esta situación se debía a que no podían conciliar la enseñanza de que Dios había venido a la tierra usando un cuerpo humano con la idea griega imperante de que la materia física es corrupta y solo el espíritu es bueno. Esta idea imperante también los llevó a la conclusión de que cualquier cosa que hicieran en sus cuerpos no tenía consecuencias espirituales; por lo tanto, se complacían en participar en actividades que les habían enseñado que eran pecaminosas. Además, mostraban poco interés en las necesidades de los demás.
A pesar de que negaban que Jesús había venido en la carne, a pesar de sus vidas inmorales y de su falta de amor práctico, afirmaban que sí pertenecían a Dios. Aseguraban que contaban con un recurso especial de percepción espiritual y que el resto del grupo no conocía la verdad como ellos la conocían. Mostraron su rechazo categórico de la enseñanza original sobre Jesús al dejar la comunidad de aquellos que aún se aferraban a ella. Los rezagados quedaron profundamente conmocionados, dudando acerca de todo lo que les habían enseñado.
Alguien allegado a este grupo de creyentes, que había sido testigo ocular de la vida y el ministerio de Jesús, les envió una carta para asegurarles que la verdadera realidad era la que ellos habían oído desde el principio. Este escritor no se identifica por nombre, pero lo más probable es que fuera el apóstol Juan. Algunas frases de su carta muestran gran similitud con las del libro de Juan. Por ejemplo: Así es como Dios mostró su amor para nosotros: en que envió a su Hijo Unigénito al mundo para que pudiéramos vivir en él.
La carta no se desarrolla de un modo sistemático o lógico, sino que más bien entreteje varios temas principales:
: testifica sobre la realidad de que el Hijo de Dios vino en la carne;
: advierte a los creyentes que no dejen que nadie los engañe;
: refuta las alegaciones de aquellos que se han apartado del grupo;
: asegura a los creyentes que tienen pleno acceso a la verdad;
: y enfatiza la vida pura y el cuidado práctico como señales que distinguen a aquellos que conocen genuinamente a Dios.
1En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. 2Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. 3Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.
4Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al abismo, metiéndolos en tenebrosas cavernas2:4 cavernas. Var. cadenas. y reservándolos para el juicio. 5Tampoco perdonó al mundo antiguo cuando mandó un diluvio sobre los impíos, aunque protegió a ocho personas, incluyendo a Noé, predicador de la justicia. 6Además, condenó a las ciudades de Sodoma y Gomorra, y las redujo a cenizas, poniéndolas como escarmiento para los impíos. 7Por otra parte, libró al justo Lot, que se hallaba abrumado por la vida desenfrenada de esos perversos, 8pues este justo, que convivía con ellos y amaba el bien, día tras día sentía que se le despedazaba el alma por las obras inicuas que veía y oía. 9Todo esto demuestra que el Señor sabe librar de la prueba a los que viven como Dios quiere, y reservar a los impíos para castigarlos en el día del juicio. 10Esto les espera sobre todo a los que siguen los corrompidos deseos de la naturaleza humana y desprecian la autoridad del Señor.
Aproximadamente en el año 65 d.C. el apóstol Pedro fue puesto en prisión por el emperador Nerón en Roma. Se dio cuenta de que pronto sería ejecutado. Por ser testigo ocular del ministerio de Jesús, decidió escribir otra carta a los creyentes a los que había escrito antes, asegurándoles que la enseñanza que habían recibido sobre Jesús era verdadera y exacta. Considero que tengo la obligación de refrescarles la memoria mientras viva en esta habitación pasajera que es mi cuerpo; —escribió— porque sé que dentro de poco tendré que abandonarlo, según me lo ha manifestado nuestro Señor Jesucristo. También me esforzaré con empeño para que aun después de mi partida ustedes puedan recordar estas cosas en todo tiempo.
Era particularmente importante que Pedro escribiera de nuevo a estos creyentes porque algunas personas habían estado diciéndoles que, en vista de que Jesús no había regresado ya, esa llegada no se podría esperar. (¿Qué hubo de esa promesa de su venida?). Debido a que no esperaban ningún juicio futuro, estos falsos maestros vivían vidas inmorales. Sus enseñanzas estaban socavando la fe y la confianza de muchos creyentes.
Viviendo el ejemplo de Cristo
1Por tanto, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud; porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado, 2para vivir el resto de su vida terrenal no satisfaciendo sus pasiones humanas, sino cumpliendo la voluntad de Dios. 3Pues ya basta con el tiempo que han desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos,4:3 incrédulos. Lit. gentiles. entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y a las idolatrías abominables. 4A ellos les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan. 5Pero ellos tendrán que rendirle cuentas a aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. 6Por esto también se les predicó el evangelio aun a los muertos, para que, a pesar de haber sido juzgados según criterios humanos en lo que atañe al cuerpo, vivan conforme a Dios en lo que atañe al espíritu.4:6 en lo que atañe al espíritu. Alt. en el Espíritu.
7Ya se acerca el fin de todas las cosas. Así que, para orar bien, manténganse sobrios y con la mente despejada. 8Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados. 9Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse. 10Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas. 11El que habla, hágalo como quien expresa las palabras mismas de Dios; el que presta algún servicio, hágalo como quien tiene el poder de Dios. Así Dios será en todo alabado por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
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