El camino hacia una nueva humanidad, hacia relaciones pacificas, pasa por el perdón y el arrepentimiento, que, en esencia, es reunir los fragmentos, las partes desintegradas de nosotros mismos y moldearlas en conciencia y discernimiento en torno al amor. Es un camino que está siempre, hasta el último minuto de vida, ¡pero puede empezar ahora!