Jesús dio un ejemplo de la actitud penitencial y de limpieza interior con que debemos acoger el don de la Redención y con que hemos de disponernos a cada sacramento. El agrado del Padre celestial, en ocasión del bautismo de Jesús, no se hizo esperar. Se manifestó con la voz que escucharon todos los circunstantes: “Éste es mi Hijo muy amado en quen tengo mis complacencias” (Mt 3, 17). [Reflexión al Evangelio del lunes, fiesta del Bautismo del Señor, Mt 3,13-17. Voz: Liz Garza].