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Hoy os cuento por qué empecé a invertir en bolsa, por qué creo que todos deberíamos hacerlo, y un experimento que me convenció a meterme en este mundo.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Estamos entrando ya en la recta final del curso de vibe coding, en el que desarrollamos aplicaciones web utilizando inteligencia artificial para programar.
Ahora sí, vamos al lío. Hoy os digo por qué deberíais invertir en bolsa (o al menos porque lo hago yo), y os cuento el experimento que hice en su momento (y que he repetido de nuevo), para que no sea solamente "mi opinión", sino que sean "los datos", lo que debéis tener en cuenta para decidir si entrar en este mundillo.
Recordemos que este episodio es premium. Si queréis escucharlo, podéis suscribiros a Boluda.com, y además de los episodios premium, podréis acceder a todos los cursos para emprendedores.
Como podemos ver, invertir en bolsa de forma diversificada, puede ser una decisión muy buena para no perder valor adquisitivo, y buscar rentabilidad a lo largo plazo. Y si además le añadimos criterio y convicción (ya sea en empresas, tesis o personas), la jugada puede salir muy muy bien.
Os recomiendo al menos empezar a formaros, para decidir con criterio si queréis entrar o no en este apasionante mundo. Y si no lo hacéis (totalmente lícito), que sea una negación estratégica, no por desconocimiento o miedo, como me ha pasado a mi durante tantos años. ¡A por ello!
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Es viernes, o sea que ya sabéis lo que toca: Descansad, relajaros y recargad pilas, porque regresamos el lunes con más y mejor: Vuestras preguntas, las protagonistas de la jornada. Hasta entonces, ¡Muy buen fin de semana!
Hoy hablamos de Codex Sites, una nueva funcionalidad de Codex para crear webs, web apps, aplicaciones, SaaS o lo que os haga más ilusión, de forma fácil.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Estamos entrando ya en la recta final del curso de vibe coding, en el que desarrollamos aplicaciones web utilizando inteligencia artificial para programar.
Ahora sí, vamos al lío. La novedad se llama Codex Sites y, aunque todavía tiene algunas limitaciones importantes, creo que apunta en una dirección muy prometedora para quienes queremos validar ideas de aplicaciones rápidamente sin complicarnos con infraestructura, despliegues o configuraciones técnicas.
Para situarnos, Codex es la aplicación de OpenAI que, en mi caso, se ha convertido en la herramienta que más utilizo cada día. Incluso ha conseguido superar a Gmail en tiempo de uso. Dentro de Codex encontramos distintos plugins, y uno de ellos es precisamente Sites. Su función es muy sencilla de explicar. Le pedimos que cree una página web o una pequeña aplicación, y la genera automáticamente.
El funcionamiento es muy directo. Activamos el plugin y lo invocamos escribiendo @sites seguido de nuestra petición. Podemos pedirle un gestor de tareas, una aplicación para organizar eventos, una wiki interna o prácticamente cualquier herramienta sencilla. Si la petición es ambigua, nos hará algunas preguntas para aclarar detalles y, una vez tiene suficiente información, empieza a construir el proyecto. Además, puede trabajar con bases de datos y almacenamiento de recursos estáticos, por lo que no se limita a páginas puramente informativas.
Cuando el resultado está listo, podemos probarlo en un entorno temporal y, si queremos compartirlo, desplegarlo con un simple clic. A partir de ese momento obtenemos una URL accesible desde internet. También existe una sección específica dentro de Codex donde se gestionan todos los proyectos creados, sus despliegues y los permisos de acceso.
Ahora bien, es importante entender dónde encaja esta herramienta. En mi opinión, todavía no está pensada para construir productos completos con los que ganarse la vida. No la veo como la solución definitiva para lanzar una plataforma compleja de suscripciones, un SaaS avanzado o un negocio consolidado. La veo mucho más como una herramienta para validar ideas, crear prototipos funcionales y construir productos mínimos viables de forma extremadamente rápida.
Precisamente ahí es donde creo que tiene más valor. Si tengo una idea y quiero comprobar si resulta útil para los usuarios, puedo crearla en cuestión de minutos, compartirla con algunas personas y obtener feedback real. Si la propuesta funciona, siempre puedo exportar el código, adaptarlo y llevarlo a mi propia infraestructura. Si no funciona, simplemente descarto el experimento sin haber invertido demasiado tiempo ni esfuerzo.
Durante estas semanas he estado haciendo muchas pruebas y he comprobado que resulta especialmente interesante para equipos de trabajo. Permite compartir proyectos, controlar quién puede acceder a cada aplicación y colaborar de una forma muy cómoda. Para una sola persona, muchas veces sigue siendo más práctico trabajar directamente en local. Pero cuando intervienen varias personas en un mismo proyecto, la simplicidad que aporta empieza a marcar diferencias.
OpenAI muestra varios ejemplos de lo que puede construirse con esta tecnología. Hay onboardings, gestores de tareas, bases de datos de conocimiento, paneles de control, herramientas de brainstorming, organizadores de eventos... Lo interesante es que cada ejemplo presenta una interfaz completamente distinta, demostrando que no se trata de una simple plantilla repetida una y otra vez, sino de aplicaciones adaptadas a cada caso de uso.
Otro aspecto interesante es la gestión de permisos. Podemos hacer que una aplicación sea pública, accesible mediante enlace o restringida únicamente a determinadas personas. Es un sistema muy parecido al que encontramos en plataformas como YouTube cuando decidimos quién puede acceder a un vídeo.
En definitiva, veo Codex Sites como un punto intermedio entre los artifacts de Claude, los constructores visuales de aplicaciones y el desarrollo tradicional. No sustituye todavía a plataformas más completas para lanzar productos profesionales com Lovable, pero reduce enormemente la fricción a la hora de experimentar. Y precisamente por eso creo que tiene mucho potencial. Si continúa evolucionando al ritmo actual, podría convertirse en una alternativa muy seria dentro del mundo de las herramientas de creación de aplicaciones asistidas por inteligencia artificial.
Por ahora, mi recomendación es sencilla. Si tenéis ideas que queréis validar, pequeños proyectos que queréis probar o herramientas internas que necesitáis montar rápidamente, vale mucho la pena dedicarle un rato. La facilidad con la que permite pasar de una idea a una aplicación funcional es, sin duda, su mayor fortaleza. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
Hoy os cuento porqué me gusta tanto el orden, y ojo, el proceso de ordenar y organizar tanto física como digitalmente todo lo que me rodea.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Estamos en pleno curso de vibe coding, en el que estamos aprendiendo a desarrollar aplicaciones web utilizando inteligencia artificial para programar.
Ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero hablaros de algo que, para algunas personas, puede parecer una manía, pero que para mí es una auténtica fuente de tranquilidad y satisfacción. Me refiero al orden. No solamente al hecho de tener las cosas ordenadas, sino también al propio proceso de ordenar.
Curiosamente, de pequeño yo no era precisamente un ejemplo de organización. Mi habitación era un caos bastante considerable. Recuerdo épocas en las que tenía apuntes, papeles y hojas sueltas repartidos por todas partes. Hubo incluso un momento en el que me encontré sentado en medio de una montaña de documentos pensando que la situación me había superado por completo.
Sin embargo, crecí viendo justo el ejemplo contrario. Mi padre siempre ha sido una persona extremadamente organizada. Tenía su agenda perfectamente estructurada, planificaba sus tareas, hacía seguimiento de todo y utilizaba sistemas sencillos pero eficaces para mantener el control de su trabajo. Ver cómo funcionaba me transmitía una sensación muy curiosa de calma y de armonía. No porque pudiera controlarlo todo, sino porque siempre sabía qué tenía que hacer y dónde estaba cada cosa.
Con el tiempo fui adoptando muchas de esas costumbres. Descubrí que organizarme no me generaba sensación de obligación, sino todo lo contrario. Me daba tranquilidad. Saber que una tarea está apuntada en algún sitio fiable. Saber que un documento tiene su lugar. Saber que, cuando necesite algo, podré encontrarlo rápidamente.
Además, hay algo que he descubierto con los años. No disfruto únicamente del resultado final. También disfruto enormemente del proceso. Me gusta sentarme tranquilamente un sábado por la mañana, abrir el ordenador y dedicar un rato a reorganizar carpetas, limpiar archivos, revisar sistemas o mejorar procesos. Lo vivo casi como una afición.
Me pasa con Google Drive, con Gmail, con el calendario, con mis notas y con prácticamente cualquier sistema que utilizo. Gracias a eso suelo encontrar cualquier documento en cuestión de segundos. Da igual que sea una garantía de un electrodoméstico, una circular del colegio o un archivo de hace varios años. Saber dónde está todo me aporta mucha paz mental.
Y esto no se limita al ámbito profesional. También me ocurre en casa. Me gusta saber dónde están las cosas, cómo están clasificadas y qué sistema seguimos para encontrarlas. No porque sea imprescindible vivir así, sino porque en mi caso funciona muy bien y me hace sentir más cómodo.
La llegada de la inteligencia artificial ha llevado esta afición a otro nivel. Ahora puedo apoyarme en herramientas como Codex para organizar archivos, revisar estructuras de carpetas, detectar duplicados o incluso ordenar bases de datos completas. Tareas que antes podían llevar horas ahora se resuelven en minutos mediante instrucciones en lenguaje natural.
Hace poco, por ejemplo, aproveché para revisar y ordenar información de usuarios de Boluda.com. Nombres mal escritos, correos con errores, datos incompletos... Cosas que antes requerían revisar registro por registro y que ahora pueden automatizarse fácilmente. Y sí, reconozco que me lo pasé estupendamente haciéndolo.
También he llevado esta filosofía a otros aspectos. Desde mi sistema de notas para preparar el podcast hasta la organización de ropa, documentos, domótica o dispositivos conectados a la red. Todo sigue una lógica determinada. No porque sea obligatorio, sino porque me ayuda a trabajar mejor y a vivir más tranquilo.
Eso sí, tampoco pretendo convencer a nadie de que llegue a estos extremos. Cada persona tiene su forma de funcionar. Hay quien trabaja perfectamente en medio de un aparente caos y obtiene excelentes resultados. Pero si sois de los que sienten cierta incomodidad cuando todo está desordenado, quizá valga la pena dedicar un tiempo a poner orden en aquellos aspectos que os generan más fricción en el día a día.
Os recomiendo hacer una lista de esas tareas, procesos o sistemas que siempre pensáis que algún día deberíais organizar mejor. Esas cosas que funcionan, sí, pero que sabéis que podrían funcionar mucho mejor. Y aprovechad alguna tarde tranquila, un fin de semana o incluso las vacaciones para revisarlas. Porque muchas veces, después de hacerlo, la sensación es siempre la misma. Os preguntáis cómo habéis podido aguantar tanto tiempo sin poner orden.
Al menos en mi caso, el orden no es solamente una cuestión práctica. Es una fuente de tranquilidad, de claridad mental y, por qué no decirlo, también de disfrute. Porque no solamente me gusta llegar al resultado final. También disfruto enormemente del camino para conseguirlo. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
Hoy vemos porque es importante que valoréis crear vuestro propio MPC para que los agentes puedan conectarse a vuestra web, servicio o catálogo de productos.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Ayer empezamos el curso de vibe coding, en el que aprenderemos a desarrollar aplicaciones web utilizando inteligencia artificial para programar.
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero hablaros de algo que considero tan importante como lo fue en su día adaptar una web a móviles o implementar HTTPS. Hablo de los MCP, las siglas de Model Context Protocol. Si tenéis un negocio online, una web de servicios, una tienda o una membresía, creo que ya vais tarde.
Estamos entrando en una nueva etapa en la que los agentes de inteligencia artificial se están convirtiendo en la puerta de entrada a Internet. Cada vez más personas preguntan directamente a ChatGPT, Claude, Gemini o cualquier otro agente en lugar de hacer búsquedas tradicionales. Y para estar preparados para ese escenario necesitamos hablar su idioma.
Un MCP es, simplificando mucho, un conector entre vuestra web y los modelos de inteligencia artificial. En lugar de obligar a un agente a rastrear vuestra página, interpretar contenido y reconstruir información de forma más o menos improvisada, le dais acceso directo a datos estructurados y preparados específicamente para él. Es una forma mucho más eficiente de ofrecer información sobre vuestro negocio, vuestros productos o vuestros servicios a los agentes.
Por ejemplo Interactive Brokers, el broker que utilizo para invertir. Hace poco lanzaron su propio MCP y ahora puedo conectar mi cuenta directamente con un agente. Esto me permite preguntarle por mi cartera, mis posiciones, mis riesgos, la distribución por sectores o divisas y obtener respuestas inmediatas sin tener que navegar por múltiples pantallas ni construir informes manualmente.
Y aquí está la clave. No se trata simplemente de acceder a la información. Se trata de poder conversar con ella, e incluso de pedirle que tome acción. En lugar de abrir veinte pestañas y cruzar datos manualmente, puedo preguntar directamente lo que necesito saber. El agente consulta los datos, los analiza y me devuelve una respuesta elaborada. Ese es el verdadero cambio de paradigma.
Por eso os recomiendo que penséis cómo trasladar esta idea a vuestro propio negocio. Si vendéis productos, vuestro catálogo puede estar disponible a través de un MCP. Si ofrecéis servicios profesionales, podéis exponer vuestra información especializada. Si tenéis una academia o una membresía, podéis incluso diferenciar entre información pública e información privada accesible únicamente para usuarios autenticados.
En mi caso ya estoy trabajando en el MCP de Boluda.com. Por un lado, ofrecerá información pública sobre los cursos disponibles. Por otro, permitirá que los suscriptores consulten directamente el contenido de las formaciones. Como dispongo de las transcripciones de los vídeos, el agente podrá responder preguntas concretas y señalar incluso el momento exacto del curso donde se explica cada concepto.
Para que un agente descubra vuestro MCP debéis anunciar su existencia. Podéis hacerlo mediante un archivo llms.txt en la carpeta well-known, registrándolo en el Official MCP Registry, o incluso publicando un artículo explicando que vuestro negocio ya dispone de esta integración. Cuanto más fácil sea encontrarlo, más probabilidades habrá de que los agentes lo utilicen cuando busquen información relacionada con vuestra actividad.
A nivel técnico, un MCP puede ofrecer herramientas, recursos, prompts y argumentos que permiten realizar búsquedas específicas. Todo ello facilita que los agentes entiendan qué información pueden consultar y cómo deben hacerlo para obtener los mejores resultados posibles. La buena noticia es que no hace falta crear interfaces complejas ni diseños sofisticados. Todo se basa en datos estructurados que las inteligencias artificiales entienden perfectamente.
Mi consejo es que empecéis cuanto antes. Echadle un vistazo al curso de vibe coding, al curso de Codex, al Curso de Claude Code y a los recursos que ya tenéis disponibles. Si trabajáis con WordPress, además, gran parte del camino ya está recorrido. Y si os interesa probar el MCP que estoy preparando para boluda.com, podéis escribirme a través de soporte para participar como beta testers y experimentar de primera mano cómo funciona este nuevo modelo de interacción.
Creo sinceramente que estamos ante uno de esos cambios que dentro de unos años veremos como algo evidente. Igual que hoy nadie se plantea tener una web que no sea responsive o segura, dentro de poco nos parecerá extraño que una empresa no disponga de un MCP para comunicarse con los agentes de inteligencia artificial. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos martes con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
Hoy contesto preguntas sobre precios, funcionalidades en los SaaS, cuándo monetizar, motivación, saturación, newsletters, y mucho más.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Hoy empezamos el curso de vibe coding, en el que aprenderemos a desarrollar aplicaciones web utilizando inteligencia artificial para programar.
Y ahora sí, vamos al por las preguntas de la jornada:
1. Hola Joan, Tengo un curso que vendo a 97 €, pero cada vez que hago una promo con descuento vendo mucho más. El problema es que noto que la gente ya espera la oferta. ¿Es mejor mantener precio fijo y vender menos o jugar con descuentos aunque eduque mal al mercado? Gracias por tu visión. (Lorena)
2. Muy buenas Joan, Estoy creando un SaaS y me obsesiona añadir funcionalidades que piden los usuarios actuales, pero siento que me alejo de la visión inicial. Cómo equilibras feedback del cliente con mantener foco en el roadmap? Un abrazo. (Álvaro)
3. Hola Joan, Tengo una audiencia pequeña pero muy implicada. Estoy dudando entre crear algo premium solo para ellos o intentar crecer antes de monetizar más fuerte. Monetizar primero o crecer primero? Gracias por adelantado. (Claudia)
4. Buenas Joaaaan, He lanzado un producto que funciona bien, pero no me apasiona tanto como pensaba. Es rentable, pero me cuesta motivarme. Tiene sentido seguir por dinero aunque no te entusiasme, o eso acaba pasando factura? Gracias por tu sinceridad. (Daniel)
5. Hola Joan y equipo de ninjas!! Estoy montando una academia online y me preocupa que el mercado esté saturado. Cada vez que busco mi temática encuentro más competencia. Cómo saber si hay demasiada competencia o si en realidad eso valida el mercado? Gracias por tanto valor. (Marta)
6. Muy buenas, estoy creando un embudo automatizado y tengo dudas sobre cuánto email es demasiado email. No quiero quemar la lista, pero tampoco desaprovechar oportunidades. ¿Cómo decides la frecuencia adecuada sin agotar a la audiencia? Un saludo. (Enrique)
Empiezo respondiendo a Lorena, que me pregunta sobre los descuentos en sus cursos. El principal problema de abusar de las promociones es que acabamos educando al mercado para que espere siempre la próxima oferta. Cuando esto ocurre, el precio normal deja de percibirse como el precio real y las ventas se resienten fuera de los periodos promocionales. Por eso soy partidario de mantener una política de precios clara y consistente. Como alternativa, planteo utilizar descuentos vinculados a un lead magnet o a la suscripción a una lista de correo, en lugar de realizar rebajas constantes y públicas.
A continuación respondo a Álvaro, que está desarrollando un SaaS y tiene dudas sobre cómo equilibrar el feedback de los usuarios con la visión original del producto. Mi recomendación es no reaccionar a cada petición individual, sino buscar patrones. Cuando una funcionalidad es solicitada por muchas personas, tiene sentido incorporarla. Incluso si esas peticiones terminan alejando el producto de la idea inicial, puede ser una señal de que el mercado está indicando una dirección más interesante que la que habíamos imaginado al principio.
También hablo con Claudia, que tiene una comunidad pequeña pero muy implicada y se pregunta si debería monetizar ya o esperar a crecer más. Mi consejo es monetizar cuanto antes. Primero debemos validar que existe interés, después comprobar que existe disposición a pagar y, finalmente, medir la capacidad real de compra. Además, empezar a monetizar desde el principio permite obtener datos reales de conversión y construir previsiones más fiables para el futuro. Os dejo también el enlace del episodio 1810. Lanzamiento cohete y locomotora por si queréis ampliar.
Daniel plantea una situación muy habitual. Ha creado un producto rentable, pero ya no le entusiasma. Le explico que, si necesita esos ingresos, puede seguir explotándolo mientras desarrolla algo que le motive más. Pero si el producto funciona bien y no le aporta satisfacción, venderlo puede ser una excelente opción. En ocasiones, la mejor decisión no es cerrar un negocio rentable, sino traspasarlo a alguien que tenga más interés en seguir desarrollándolo.
La siguiente consulta es de Marta, que está montando una academia online y teme que el mercado esté demasiado saturado. Le comento que la competencia no siempre es una mala noticia. De hecho, suele ser una señal de que existe demanda. Lo importante es analizar el equilibrio entre oferta y demanda utilizando herramientas como Google Trends, Google Keyword Planner o las audiencias de Facebook. Si detectamos mucha competencia, la solución suele pasar por especializarnos más y buscar un nicho concreto donde podamos diferenciarnos gracias a nuestras fortalezas y experiencia.
Finalmente respondo a Enrique, que tiene dudas sobre la frecuencia ideal de envío en un emails. Le explico que no existe una cifra universal. La clave está en observar métricas como la tasa de apertura, el CTR, la conversión y las bajas de la lista. Mientras estas métricas se mantengan sanas y el contenido aporte valor, la frecuencia puede aumentar sin problemas. El verdadero límite no lo marca el número de correos enviados, sino la percepción de valor que recibe la audiencia. Si cada email es útil y esperado, incluso una frecuencia alta puede funcionar perfectamente.
Como vemos, muchas de las decisiones que tomamos en nuestros proyectos tienen menos que ver con reglas universales y más con escuchar al mercado, medir resultados y adaptarnos continuamente. Ya sea definiendo precios, construyendo un SaaS, monetizando una comunidad o enviando correos, los datos y el comportamiento real de los usuarios siempre nos darán mejores respuestas que cualquier teoría. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana martes con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
Hoy os cuento como he añadido un par de funcionalidades nuevas a mi segundo cerebro. Una a nivel personal, y otra a nivel de productividad profesional.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Hoy finaliza el curso de contenido generado por el usuario, en el que aprendemos a diseñar, activar y gestionar estrategias que fomenten la creación de contenido por parte de nuestra comunidad, convirtiendo a seguidores y usuarios en participantes activos del crecimiento de cualquier proyecto digital.
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy os quiero contar cómo he seguido mejorando mi segundo cerebro, tanto a nivel personal como profesional. Y la verdad es que cada vez estoy más convencido de que tener un sistema así acaba convirtiéndose en algo parecido a una extensión de tu propia memoria, pero también de tus hábitos, preferencias y rutinas.
Recordemos que este episodio es premium. Si queréis escucharlo, podéis suscribiros a Boluda.com, y además de los episodios premium, podréis acceder a todos los cursos para emprendedores.
Como vemos, muchas veces el mayor valor de la inteligencia artificial no está solo en lo que hace por nosotros, sino en las preguntas que nos obliga a plantearnos, como os comentaba ayer. :)
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Es viernes, o sea que ya sabéis lo que toca: Descansad, relajaros y recargad pilas, porque regresamos el lunes con más y mejor: Vuestras preguntas, las protagonistas de la jornada. Hasta entonces, ¡Muy buen fin de semana!
Hoy os cuento cómo saber qué podemos llegar a pedir a los agentes de inteligencia artificial para hacernos la vida un poco más fácil.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Entramos ya en la recta final del curso de contenido generado por el usuario, en el que aprendemos a diseñar, activar y gestionar estrategias que fomenten la creación de contenido por parte de nuestra comunidad, convirtiendo a seguidores y usuarios en participantes activos del crecimiento de cualquier proyecto digital.
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero hablaros de algo que creo que muchas veces enfocamos mal cuando pensamos en inteligencia artificial. Desde que os conté aquella automatización que me preparaba los cursos que me hizo saltar una lagrimita de felicidad, mucha gente me ha preguntado qué podrían hacer ellos con IA. Y creo que la clave no está en preguntarse “¿Qué puedo hacer con inteligencia artificial?”, sino en preguntarse "¿Qué necesito?".
No hace falta empezar pensando en herramientas, automatizaciones, agentes o prompts. Lo primero es olvidarse completamente de la IA y centrarse en vuestro día a día. En vuestro trabajo real. En todas esas tareas repetitivas, pesadas, aburridas o simplemente tediosas que vais haciendo casi en piloto automático.
La propuesta que hago es muy sencilla. Coged papel y boli, o una nota en el móvil, y apuntad absolutamente todo lo que hacéis durante vuestro flujo de trabajo. Desde que empezáis el día hasta que lo termináis. Revisar el calendario, responder correos, editar vídeos, grabar podcasts, crear contenido, gestionar clientes, publicar productos, subir archivos… Todo. Y entonces preguntaros algo muy concreto. ¿Qué de todo esto me haría la vida más fácil si desapareciera o se automatizara?
En mi caso, por ejemplo, una vez termino de grabar el podcast, ahora prácticamente todo ocurre solo. Yo le paso el MP3 y automáticamente se sube al hosting, se transcribe, se resume, se crea el post en WordPress, se añade el curso relacionado de la semana, se genera la imagen destacada en Canva, se publica y se comparte en redes sociales. Todo. Yo únicamente le doy el archivo y el sistema se encarga del resto.
Hasta la fecha, ocurria que nuestras necesidades eran demasiado específicas y que no habría herramientas para cubrirlas. Y precisamente ahí está la gracia de todo esto. Ahora podemos crear pequeñas automatizaciones hiperpersonalizadas para nuestras propias manías, rutinas y procesos.
Comentaba el ejemplo de Emilcar, que había creado una funcionalidad para separar PDFs automáticamente, eliminar páginas en blanco y organizar archivos con un simple clic derecho del ratón. Algo tremendamente nicho. Pero justamente ese es el poder actual de la IA. Ya no dependemos de encontrar un software que haga exactamente lo que queremos. Podemos crear nuestras propias herramientas.
Y si no sabéis por dónde empezar, también podéis pedir ayuda a la propia inteligencia artificial. Literalmente podéis explicarle vuestro trabajo paso a paso y preguntarle qué procesos podría automatizar para facilitaros la vida.
Aquí entra una skill que estoy usando muchísimo últimamente, llamada /grill-me que funciona como una especie de interrogatorio inteligente. La IA empieza a haceros preguntas una a una para entender exactamente cómo trabajáis. Me encanta porque no se limita a responder rápido. Profundiza. Pregunta detalles. Intenta entender realmente el problema antes de proponer soluciones. Y muchas veces, cuando termina, os acaba sugiriendo automatizaciones o pequeños programas que ni siquiera habríais imaginado.
Otra funcionalidad muy interesante es la de /goal. Aquí definís claramente el objetivo que queréis conseguir y el agente trabaja hasta alcanzarlo. Si algo falla, prueba otra estrategia. Si un camino no funciona, busca otro. En lugar de quedarse bloqueado o detenerse a la mínima complicación, sigue intentando resolver el problema hasta lograr el resultado esperado.
Y sinceramente, una de las cosas que más me sigue sorprendiendo es que algunas veces subestimamos lo que la IA es capaz de hacer. Hay procesos que yo pensaba que nunca podría automatizar porque requerían demasiado contexto o demasiada supervisión. Y luego resulta que funcionan perfectamente.
Sí, evidentemente reviso el resultado final. Igual que revisaríais el trabajo de un empleado o de alguien externo. Pero os digo una cosa. En muchas de estas automatizaciones, esa revisión ya es más por tranquilidad mía que porque realmente haga falta.
Por eso mi recomendación es muy clara. No os obsesionéis con las herramientas. No empecéis pensando en prompts ni en modelos ni en agentes. Empezad pensando en vuestra forma de trabajar. En lo que os da pereza. En lo que os roba tiempo. En lo que repetís constantemente. Y entonces preguntadle a la IA si puede ayudaros con eso. Porque seguramente os sorprenderá más de lo que imagináis. :)
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Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
Hoy os cuento mi punto de vista sobre la avalancha de videopodcasts que empezó en 2020, y que ha generado confusiones de nomenclatura y de formatos.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Estamos en pleno curso de contenido generado por el usuario, en el que estamos aprendiendo a diseñar, activar y gestionar estrategias que fomenten la creación de contenido por parte de nuestra comunidad, convirtiendo a seguidores y usuarios en participantes activos del crecimiento de cualquier proyecto digital.
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero daros una opinión muy personal sobre los videopodcasts. Y digo muy personal porque soy consciente de que aquí hay mucho componente de costumbre, preferencias y hasta nostalgia. No estoy hablando de datos objetivos ni de una verdad universal. Simplemente os cuento cómo vivo yo el podcasting, tanto como consumidor como creador.
Antes de nada, creo que es importante definir qué entiendo por podcast. Técnicamente, un podcast no es audio. Lo que realmente convierte algo en un podcast es el feed. Ese archivo que contiene una lista de episodios, con sus títulos, descripciones y archivos multimedia asociados. Tanto audio, como vídeo.
Por eso, un video sí puede ser un podcast. Si existe un feed y se puede consumir desde una aplicación de podcasting, técnicamente encaja en la definición. Ahora bien, subir vídeos a YouTube hablando delante de una cámara no convierte automáticamente eso en un podcast. Para mí eso sigue siendo un canal de YouTube, aunque hoy en día se use la palabra podcast prácticamente para cualquier conversación grabada.
Y aquí reconozco totalmente mi sesgo. Cuando yo digo “podcast”, en mi cabeza sigo pensando en audio. Si tengo que hablar de vídeo, entonces digo videopodcast. No me sale decir “audiopodcast”. Para mí, el formato por defecto sigue siendo audio.
Como consumidor, lo que más valoro del podcast es la libertad. Escucho podcasts mientras hago otras cosas. Cocinando, paseando a Goku, conduciendo, entrenando en el gimnasio o vaciando el lavavajillas. No quiero estar pendiente de una pantalla. No quiero tener que mirar constantemente algo para no perderme detalles.
De hecho, me pasa justo lo contrario con las series o vídeos. Estoy viendo algo mientras hago otra cosa y acabo tirando atrás continuamente porque me he perdido una escena. Y eso me resulta incómodo. En cambio, con un podcast puedo seguir perfectamente el contenido mientras mi atención visual está en otra tarea.
Además, me gusta imaginar las expresiones y hasta la sonrisa del podcaster. La voz transmite muchísimo. Hay ironías, silencios y matices que percibo perfectamente sin necesidad de ver una cara haciendo gestos exagerados delante de una cámara.
Y ahí entra otro tema. Personalmente, estoy muy saturado de cierta teatralidad típica de YouTube. Las miniaturas exageradas, las muecas constantes, el histrionismo… Sé perfectamente que no todo YouTube es así y que hay creadores excelentes, pero yo no soy el público que disfruta de ese tipo de contenido.
También hay otro problema con muchos videopodcasts convertidos a audio. A veces están pensados visualmente desde el principio. Hacen referencias a cosas que aparecen en pantalla, miradas entre participantes o gestos que el oyente se pierde completamente. Y claro, la experiencia en audio queda coja. En cambio, un podcast concebido directamente para audio funciona perfectamente incluso sin imagen. No pierde nada esencial.
Como creador, todavía lo tengo más claro. Adoro la libertad del audio. Puedo grabar donde quiera, vestido como quiera, mirando un guion sin preocuparme de cámaras, iluminación o decorados. Puedo centrarme únicamente en hablar y comunicar.
Editar audio es sencillo y muy natural. Editar vídeo, en cambio, me resulta muchísimo más pesado. Los cortes se notan más, hay más elementos técnicos y acabas pensando constantemente en cómo te ves en pantalla.
Y lo más importante. Cuando tienes una cámara delante, actúas diferente. Todos lo hacemos. Cambia la forma de hablar, de movernos y de expresarnos. Igual que hablamos distinto según con quién estamos hablando, también nos comportamos distinto cuando sabemos que estamos siendo grabados en vídeo.
Por eso nunca he sentido que mis podcasts necesiten cámara. Cuando hice Late Show en YouTube hace años, lo llamaba Late Show, no podcast. Porque era un programa en vídeo. Y no pasaba nada.
También entiendo perfectamente que muchos podcasters (yo también) sientan cierta incomodidad viendo cómo hoy se llama podcast prácticamente a cualquier vídeo conversacional. Pero tampoco creo que tenga demasiado sentido luchar contra eso. El lenguaje evoluciona y la gente acaba usando las palabras como quiere. Igual que decimos marcas comerciales en lugar de nombres genéricos o usamos expresiones incorrectas que todo el mundo entiende igualmente.
Así que simplemente quería dejar clara mi postura. A mí me gusta el podcast en audio. Me gusta su libertad, su sencillez y su capacidad de acompañarnos mientras hacemos vida. Y aunque entiendo perfectamente el auge del videopodcast, personalmente no es el formato con el que más conecto. Eso sí, no deja de ser en mi humilde opinión. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
Hoy os cuento mi punto de vista sobre la avalancha de podcasts hechos con inteligencia artificial que nos venden como si fueran vete a saber tu qué.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Ayer empezamos el curso de contenido generado por el usuario, en el que aprendemos a diseñar, activar y gestionar estrategias que fomenten la creación de contenido por parte de nuestra comunidad, convirtiendo a seguidores y usuarios en participantes activos del crecimiento de cualquier proyecto digital.
Y ahora sí, vamos al lío. Hay una tendencia que cada vez veo más, y que sinceramente como consumidor de contrnido, me genera bastante rechazo. Me refiero a los podcasts generados con inteligencia artificial. Y ojo, no os hablo desde una postura anti IA, porque ya sabéis que me encanta experimentar con ella, crear proyectos, automatizar procesos y probar herramientas nuevas. Pero precisamente por eso creo que puedo separar bastante bien cuándo algo aporta valor y cuándo simplemente destruye lo que hacía especial a un formato.
Porque sí, técnicamente se pueden generar podcasts automáticos. De hecho, ya hay plataformas que presumen de crear cientos de episodios al día usando IA. El problema es que, al menos todo lo que he escuchado hasta ahora, me parece completamente vacío. No hay conexión. No hay alma. No hay nadie al otro lado. Y para mí, ahí está el problema.
Cuando escucho un podcast, no busco solamente información. Si quisiera únicamente consumir datos rápidos, titulares o resúmenes, prefiero un newsletter. De hecho, yo mismo tengo automatizados varios sistemas que me resumen vídeos y noticias para escanearlas rápidamente por correo. Me resulta muchísimo más eficiente.
Yo escucho a podcasters porque quiero escucharles a ellos. Escucho a gente como Emilio, a Victor, a Sune o a Sean porque me gusta cómo cuentan las cosas, cómo improvisan, cómo conectan ideas y, sobre todo, porque siento cierta cercanía con ellos. Hay una conexión humana ahí. Y eso, para mí, desaparece completamente cuando sustituyes a la persona por una voz neural.
Aunque llegue un momento en el que no podamos distinguir si una voz es real o artificial, el problema seguirá existiendo. Porque no es solo una cuestión técnica. Es emocional. Saber que detrás no hay una persona pensando, improvisando, dudando, emocionándose o yéndose por las ramas hace que todo me parezca muchísimo más frío.
Hay casos donde esto puede tener sentido. Por ejemplo, en una audioficción o en una audioserie. Ahí lo compro perfectamente. Igual que acepto personajes generados por ordenador en una película o cómics creados con IA. Porque hablamos de ficción. Ahí el objetivo es contar una historia, no conectar con una persona real. Pero el podcasting que a mí me gusta no va de eso.
Para mí, un podcast tiene mucho de conversación continua, de acompañamiento, de autenticidad. Incluso aunque haya escaleta o ciertos puntos preparados, siempre hay improvisación. Las ideas se cruzan, aparecen ejemplos inesperados, surgen asociaciones mentales que ni el propio podcaster tenía previstas antes de empezar a grabar. Eso no se puede guionizar del todo.
Incluso se nota cuando algo está leído. Ya no os digo generado automáticamente. Incluso un texto escrito por el propio podcaster pierde frescura cuando se lee palabra por palabra. Porque escribir y hablar son cosas distintas. Un texto pensado para ser leído mentalmente no funciona igual cuando se convierte en audio.
Por eso creo que el podcasting de autor tiene algo muy especial. En un mundo lleno de postureo y contenido artificial, siento que muchos podcasts siguen siendo uno de los pocos espacios donde todavía hay cierta sinceridad. Donde alguien se sienta delante del micrófono y os cuenta algo de verdad.
Y claro, cuando eso se sustituye por una IA leyendo feeds, resúmenes y noticias, para mí pierde completamente la gracia. No digo que no vaya a existir mercado para ello. Seguro que habrá gente que solo quiera consumir información rápida mientras conduce o pasea. Y perfecto. Pero yo, personalmente, no conecto con eso en absoluto.
Además, ahora mismo todavía se nota muchísimo. Escucháis uno de estos podcasts y enseguida percibís que algo no encaja. Pronuncia perfecto, vocaliza genial, no comete errores… pero no transmite nada. Es como escuchar un doblaje infinito sin persona detrás.
Y quizá dentro de unos años cambie de opinión. No lo descarto. Igual la tecnología evoluciona hasta un punto donde todo esto tenga otro sentido. Pero hoy, sinceramente, todo lo que he escuchado me parece bastante infumable.
Porque al final, para mí, un podcast no es solo información. Es compañía. Es personalidad. Es criterio humano. Es escuchar a alguien que os cae bien y sentir que está ahí al otro lado hablándoos directamente. Y eso, de momento, ninguna IA ha conseguido replicarlo. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
Hoy contesto preguntas sobre monetizar en YouTube, definir la propuesta de valor, factor de riesgo máximo, Patreon, automatizaciones y mucho más.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Hoy empezamos el curso de contenido generado por el usuario, en el que aprenderemos a diseñar, activar y gestionar estrategias que fomenten la creación de contenido por parte de nuestra comunidad, convirtiendo a seguidores y usuarios en participantes activos del crecimiento de cualquier proyecto digital.
Y ahora sí, vamos a por las preguntas:
1. Hola Joan!!!! Tengo un canal de YouTube que empieza a crecer, pero monetizarlo directamente con ads me parece poco rentable. Tiene más sentido usarlo solo como canal de captación o buscar patrocinios aunque aún sea pequeño? Gracias por tu visión. (Óliver)
2. Muy buenas Joan, Estoy trabajando mi propuesta de valor y me cuesta simplificarla en una frase clara. Siempre acabo explicando demasiado. Cómo aterrizarías una propuesta de valor compleja sin que pierda por subresimplificar? Un saludo. (Alicia)
3. Hola Joan, Tengo varios clientes grandes que representan la mayor parte de mis ingresos. Sé que es arriesgado, pero perder uno sería un golpe fuerte. Me recomiendas diversificar aunque eso implique trabajar con clientes más pequeños y menos rentables? Es que si me cae el más gordo, es un 50% de mi facturación… XD Gracias por adelantado. (Fernando)
4. Buenas Joan, Estoy pensando en subir contenido de pago en Patreon además de mis cursos, pero no sé si eso puede canibalizar mis productos principales. Tiene sentido tener varias vías de monetización o es mejor concentrar todo en un único modelo? Un abrazo. (Sara)
5. Hola Joan! He creado una automatización bastante compleja con IA para mi negocio, pero ahora me da miedo depender demasiado de herramientas externas que pueden cambiar precios o condiciones, como comentaste que pasó con Vimeo. Cómo gestionas el riesgo tecnológico cuando tu sistema depende de terceros? Gracias por tu experiencia. (Julián)
En el episodio de hoy respondo varias preguntas de la audiencia relacionadas con monetización de contenido, propuestas de valor, dependencia de clientes, Patreon y automatizaciones con inteligencia artificial. Y curiosamente, aunque parecen temas distintos, todos tienen un punto en común. El riesgo de depender demasiado de algo. De una plataforma, de un cliente, de una herramienta o incluso de una forma de comunicar lo que hacemos.
Empiezo respondiendo a Oliver, que tiene un canal de YouTube que empieza a crecer y se pregunta si vale la pena monetizarlo con anuncios o si es mejor centrarse en patrocinios. Le comento que, salvo que tengáis muchísimas visualizaciones, los ingresos por ads suelen ser bastante modestos. En cambio, los patrocinios pueden funcionar mucho antes, especialmente si el canal es de nicho. Un canal pequeño pero muy especializado puede resultar muy atractivo para ciertas marcas, incluso con pocas visualizaciones.
Luego hablo con Alicia, que está intentando definir su propuesta de valor en una sola frase y siente que siempre acaba explicándose demasiado. Le digo que esto es completamente normal. Simplificar algo complejo cuesta muchísimo. Pero también le recomiendo apoyarse en la inteligencia artificial para hacerlo. Precisamente una de las cosas que mejor hace ChatGPT es resumir y sintetizar. Mi consejo es muy simple. Explicadle todo el contexto y luego pedidle varias opciones resumidas. A partir de ahí, elegís la que más encaje con vuestra idea.
Después llega una pregunta muy importante de Fernando, que tiene un cliente que representa el 50% de su facturación. Y aquí soy bastante claro. Para mí, eso es demasiado riesgo. Si un solo cliente supone la mitad de vuestros ingresos, cualquier cambio puede convertirse en un problema enorme. Le recomiendo diversificar cuanto antes. Pero también matizo algo importante. Cliente pequeño no significa cliente menos rentable. A veces un cliente que paga menos consume muchísimo menos tiempo y acaba siendo mucho más rentable por hora trabajada. Por eso no hay que fijarse únicamente en la facturación absoluta, sino también en el tiempo y recursos que requiere cada cliente.
Sara plantea otra duda muy habitual entre creadores de contenido. Quiere saber si tiene sentido usar Patreon además de sus cursos o si eso puede canibalizar sus productos principales. Aquí explico que muchas veces confundimos vías de monetización con modelos de negocio. Y también aprovecho para desmontar una idea bastante extendida. La falsa sensación de “descubribilidad” en plataformas como Patreon o Amazon. Mucha gente piensa que por estar ahí la van a encontrar. Pero normalmente descubrimos al creador fuera de la plataforma y luego vamos donde él nos diga. Patreon no os va a traer audiencia por sí solo. Si ya tenéis vuestra web y vuestro sistema montado, probablemente no tenga sentido pagar más comisiones para hacer exactamente lo mismo.
Finalmente respondo a Julián, que ha creado una automatización compleja con inteligencia artificial y teme depender demasiado de servicios externos. Y aquí comparto una reflexión importante. Siempre dependemos de terceros. Hosting, Stripe, WordPress, Telegram, Spotify… todos nuestros negocios se apoyan en infraestructuras ajenas. La clave no es eliminar toda dependencia, porque eso es prácticamente imposible, sino reducirla y simplificarla. Por eso explico que cada vez intento hacer más automatizaciones directamente con código propio en mis servidores, en lugar de depender de herramientas tipo Zapier o Make. Antes estas plataformas me ahorraban mucho tiempo. Ahora, gracias a la IA, puedo pedirle directamente a Codex que genere la automatización y ejecutarla en mi propio entorno. Así elimino costes y reduzco una capa de dependencia.
En definitiva, el episodio de hoy gira alrededor de una idea muy concreta. Cuanto más control tengáis sobre vuestra infraestructura, vuestra audiencia y vuestra facturación, más tranquilidad tendréis a largo plazo. Porque el problema no suele ser depender de algo. El problema es depender demasiado. :)
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos lunes, y mejor semana!
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