Un videojuego que coge una fórmula ya peligrosamente adictiva y la convierte en una versión todavía más afilada.
Mantiene el vicio de las cartas, las runs rápidas y esa mezcla entre estrategia y caos que engancha una barbaridad, pero añade personajes nuevos, mecánicas distintas y una dificultad que aprieta más desde el principio. También mejora bastante en lo visual, aunque la música no termine de dejar tan huella como en el primero.
No necesita cambiarlo todo para funcionar, porque con tocar justo lo que hacía falta ya te tiene echando otra partida, casi sin darte cuenta.