Hay finales evidentes: una despedida, una etapa que ya no vuelve. Y hay finales silenciosos: un sueño que no se cumplió, una puerta que se cerró. El corazón no pasa por eso sin sentirlo. Porque fue creado para amar. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. El consuelo de Dios no es apagar el dolor rápido. Es habitar la herida con su presencia. Es que ya no estás solo.
Y hay duelos que nadie validó. El corazón no sana por presión. Sana por permiso. Hoy Dios te da permiso.