A pocos días de las elecciones de el 7 de octubre en Brasil, en las que se elegirán presidente, gobernadores, intendentes y parlamentarios de las tres instancias legislativas –nacional, provincial y municipal- el clima electoral está tórrido: una polarización poco constructiva, un clima de violencia contra militantes, el poder judicial interviniendo ilegítimamente en la campaña electoral dejando de lado preceptos jurídicos básicos, el principal candidato preso, proscripto y amordazado judicialmente, etc…. un cóctel explosivo que sólo el tiempo y la mesura del nuevo presidente electo podrán neutralizar.