Debemos mudar nuestro corazón, permitirle a Dios que trabaje con nuestra personalidad, nuestras actitudes. Que Dios realmente tome el control de mi vida. Eso es lo que realmente va a marcar una diferencia en mi entorno.
El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.