Presentamos el 2º y último capítulo sobre la vida de San José de Cupertino. Su fama de santidad se extendía, sus vuelos cuando entraba en éxtasis y sus curaciones milagrosas, de forma que la gente le perseguía y la iglesia estaba abarrotada cuando celebraba misa. Se decidió esconder a nuestro santo y trasladarlo en secreto al convento de Fossombrone, al año siguiente lo trasladaron a Ósimo ya definitivamente, allí estuvo retirado y aislado de la gente pero agradecido por poder dedicarse sólo a Dios.
Entre sus dones sobrenaturales además de los éxtasis, levitaciones y vuelos, podía penetrar en los corazones y pensamientos de las personas, tenía el don de la bilocación, emanaba un perfume sobrenatural que se impregnaba en el ambiente donde permanecía por largo tiempo, a pesar de tener muy pocos estudios y no tener capacidad para ellos Dios le concedió un conocimiento sobrenatural de la fe. Se preocupó mucho por los enfermos sobre todo por las enfermedades que provenían de la brujería dedicándose también a perseguirla.
Cuando murió se multiplicaron los milagros y en su celda permaneció su perfume hasta 13 años.