El Señor Jesús vino a dar ánimo y esperanza al ser humano. Muchas de sus enseñanzas fueron dirigidas a ello.
El ser humano es frágil físicamente, temporal, pecador, controlado por sus sentimientos (temor, amor, tristeza, preocupación, odio, ambición, deseo, etc) estás características lo han llevado a una separación de Dios (muerte) y a vivir las desagradables consecuencias de sus malas acciones y respuestas.
Por ello, vino El Señor Jesús a sacarnos y liberarnos de eso.