Qué fuerza transformadora de la persona tiene la tarea educativa! ¡Qué hondura alcanza para ella y la sociedad el promover una educación integral! Sí, una educación que armoniza fe, cultura y vida! Educar supone atender y promover el desarrollo de la persona en todas sus dimensiones, sin escamotear ninguna, entendiendo que además esto repercute en la transformación de la sociedad, fomentando el desarrollo crítico, la responsabilidad, el respeto, la libertad, la participación y la implicación en la consecución de una sociedad más justa y solidaria.