Hay una única Luz que elimina toda sombra. Y esa Luz tiene un nombre y tiene un rostro: Jesús, el Hijo de Dios, engendrado por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María en Belén de Judá. No hay otra Luz que ilumine más y mejor. ¡Qué pasión por nosotros, los hombres, manifiesta Dios! Desciende hasta un establo para que todos lo podamos ver y tocar, encontrarlo, abrazarlo, y que su amor, su bondad y su entrega nos alcancen, para que podamos dar lo mismo que Él nos ha dado.