[Salmo 103:1-5] “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. 3 Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.”
El rey David se presenta al padre en esta oración ejercitando su mente y todo su cuerpo (todo mi ser), recordando y repitiéndose cuan valioso es el ante sus ojos, dando así, un giro completo a la realidad que está viviendo y todo lo que pasa por su mente en medio de dificultad, enfocándose en estar agradecido, todo esto le trae paz y seguridad a su vida, sabe quién es, el que le ofrece estar siempre y además ser su refugio en todo tiempo.