Un saludo de paz y alegría en el Señor.
Llegan a nosotros cada día muchas invitaciones sobre qué debemos hacer, qué personas seguir, qué metas nos podemos proponer…
…y en medio de tantas cosas… nos damos cuenta que Dios sale de la lista y muchas veces no sabemos cómo escoger lo que agrada a Dios, porque son miles de personas las que dicen que lo correcto es lo contrario a lo que Dios ha dicho.
Los santos muchas veces tuvieron esa difícil elección, pero su gran secreto fue nunca abandonar la oración y creer en la asistencia del Espíritu Santo para tomar sus decisiones.
Por eso, llenémonos de valentía con el ejemplo de los santos que se recuerdan hoy, 23 de mayo, en nuestro catálogo divino.
Ellos son: San Desiderio de Langres, obispo; San Efebo de Nápoles, obispo; San Eutiquio de Nursia, abad; San Guiberto, monje;
San Honorato de Subiaco, abad; San Juan Bautista de Rossi, presbítero; San Miguel de Sinada, obispo; San Siagrio, obispo y San Spes de Nursia, abad.
Este santo es un testimonio de aquello que llamamos “querer es poder'', pues, a pesar de tener una difícil situación de salud, fue un sacerdote que se desgastó por atender con la misericordia a los fieles, tanto en la caridad como con el sacramento de la reconciliación.
Él es San Juan Bautista de Rossi.
Sus amigos de siempre fueron los pobres, los desamparados, los enfermos, los niños de la calle y los pecadores que deseaban convertirse.
Para ellos vivió y por ellos desgastó totalmente su vida.
Su mala salud decayó más en 1763; sufrió un ataque al corazón y recibió la unción de los enfermos. Sin embargo, se recuperó hasta volver a celebrar la misa.
Se acentuaron progresivamente sus ataques epilépticos. El 23 de mayo de 1764, otro ataque al corazón puso fin a su vida. Tenía entonces sesenta y seis años.
Su pobreza era tal que el entierro tuvo que costearse con limosnas.
La estima por él en Roma era tan grande que a su funeral asistieron 260 sacerdotes, un arzobispo, muchos religiosos e inmenso gentío. La misa de réquiem la cantó el coro pontificio de la Basílica de Roma.
Oremos pidiendo la intercesión de este santo que no se ahorró esfuerzos para salvar almas:
Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de San Juan Bautista Rossi, estemos un día entre los elegidos de tu reino. Amén
San Juan Bautista Rossi nos ilumina sobre el inmenso valor del sacramento de la confesión, del cual enseña el papa Juan Pablo II, lo siguiente:
"Junto con la Eucaristía, el sacramento de la Reconciliación debe tener también un papel fundamental en la recuperación de la esperanza:…
El que, … se reconoce pecador y se encomienda a la misericordia del Padre celestial, experimenta la alegría de una verdadera liberación…".
No nos cerremos a la esperanza de una vida mejor, de una vida unida a Dios.
Valoremos la oportunidad de confesarnos bien y sobre todo de reconocer nuestros pecados, como la oportunidad para experimentar el amor de Dios y no volver a ofenderlo más.
Dios nos abre los brazos, corramos a recibir su perdón.