Que la paz del Señor llene sus corazones.
Esa paz que sólo da el Señor y que nos impulsa a buscar el bien y mantenernos cerca de Dios.
En la sencillez y la paciencia de las cosas pequeñas podemos encontrar la paz; Dios nos encuentra en medio de la serenidad de la vida cotidiana y en el esfuerzo del trabajo, en las plegarias sinceras y en los pequeños sacrificios por ayudar a los demás, brota su amor sanador para cada uno de nosotros.
En este día 21 de febrero, también encontramos santos que se llenaron de Dios, simplemente haciendo lo que les correspondía con amor, dedicación y generosidad.
En nuestro catálogo divino para este día encontramos a los siguientes santos:
San Pedro Damián, cardenal y doctor de la Iglesia; San Eustacio de Antioquía, obispo; San Germán, abad; Beato Tomás Portmort, presbítero y mártir;
San Roberto Southwell, presbítero y mártir; Beato Natal Pinot, presbítero y mártir y la Beata María Enriqueta Dominici, virgen.
Para zanjar un desacuerdo, la Santa Sede nombró superiora general de su comunidad a esta religiosa y ella lideró su congregación con sabiduría y gran testimonio de humildad y espiritualidad.
Conozcamos a la Beata María Enriqueta Dominici.
Oremos con esta plegaria escrita por la propia María Enriqueta:
Oh Dios Todopoderoso te pedimos:
Humildad que, con relación a Ti, se convierta
en adoración y obediencia a tu Palabra.
La fe es oscura, pero nos deja siempre
luz suficiente para caminar hacia Dios.
Humildad que, con relación a los demás,
se convierta en caridad, servicio, solidaridad,
convivencia armoniosa y paz, con la repulsa,
a nivel personal y social, del abuso y de la violencia.
Humildad que, con relación a la Iglesia,
se convierta en amor y docilidad, con
el convencimiento de que ella es en Cristo
como un sacramento o signo e instrumento
de la unión íntima con Dios y de la unidad
de todo el género humano que camina a Ti.
Humildad que, con relación a nosotros mismos,
se convierta en conciencia serena de que
nuestra existencia humana sólo puede adquirir
su significado global y auténtico si nos unimos
al designio amoroso de la voluntad de Dios:
"Querer lo que Dios quiere, como Dios
lo quiere y hasta que El lo quiera" Amén.
María Enriqueta vivió la “Humildad que, con relación a Dios, se convierte en adoración.”
Nos enseña que nuestra fe requiere de la humildad para darnos las disposiciones necesarias para vivir el camino de la fe y del cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida.
Es una humildad que no humilla sino enaltece, porque nos ayuda a comprender nuestro lugar como creaturas y nos dispone a vivir nuestra condición de hijos acogidos con amor por Dios.
También nos ayuda a convertir nuestro amor a Dios en gestos concretos de caridad y servicio.
La humildad nos ayuda a ser cada vez más plenamente humanos.
Beata María Enriqueta Dominici,
Ruega por nosotros.