En este año jubilar, nos alegra poder compartir con todos ustedes una nueva historia de amor a Dios, aquí en el Catálogo Divino.
La gracia hace cosas increíbles: transforma corazones, fortalece la debilidad, da sabiduría y aumenta el amor hasta el límite de lo heroico.
Los santos han sabido acoger y administrar de forma adecuada la gracia. Por ello en sus almas dio abundante fruto y redundó en la gloria de Dios.
Hoy, 13 de febrero, la Iglesia conmemora a algunos de estos santos que han sabido defender el tesoro de la gracia santificante.
Hacemos memoria de: San Martiniano, Eremita; San Cástor de Aquitania, presbítero y eremita; san Benigno, presbítero y mártir;
San Esteban de Lyon, Obispo; San Gosberto, obispo; San Guimera, Obispo; San Esteban de Rieti, Abad; san Fulcrán, obispo;
San Gilberto de Meaux, Obispo; Beato Jordán de Sajonia, presbítero religioso; Beata Cristina de Espoleto, viuda; Beata Eustoquia Bellini de Padua, Virgen;
San Pablo Liu Hanzou, presbítero y mártir; San Pablo Le-Van-Loc, presbítero y mártir; Santas Fusca y Maura, Vírgenes y Mártires.
Cada 13 de febrero, la Iglesia conmemora a las santas Fusca y Maura, dos mujeres a las que unió una amistad muy especial.
Pidamos la intercesión de estas dos santas mujeres que no tuvieron miedo a la muerte
Gloriosas Santas Fusca y Maura a ustedes acudimos, llenos de confianza en su intercesión. Nos sentimos atraídos a ustedes con una especial devoción y sabemos que nuestras súplicas serán más agradables a Dios nuestro Señor, si ustedes, que tan amadas son de Él, se las presentan.
Su caridad, reflejo admirable de la de Dios, las inclina a socorrer toda miseria, a consolar toda pena y a complacer todo deseo y necesidad, si ello ha de ser en provecho del alma.
Miren, pues, nuestras miserias y penas, nuestros trabajos y necesidades, nuestros buenos deseos, y ayúdennos a que cada día aseguremos más nuestra eterna salvación con la práctica de las buenas obras y la imitación de sus virtudes. Amén.
Las santas Fusca y Maura son dos ejemplos luminosos de fe y valentía, que nos invitan a seguir a Cristo con todo el corazón y con toda la mente.
Las dos santas nos enseñan a resistir a las tentaciones del mundo, que nos ofrece placeres efímeros e ilusorios, y a elegir el verdadero bien, que es Dios y su amor.
Nos enseñan a sufrir las pruebas de la vida con paciencia y alegría, pues ellas nos purifican y nos acercan a Cristo, que sufrió por nosotros en la cruz.
También nos enseñan a confiar en la protección y ayuda de Dios, que nunca nos abandona y nos envía a sus ángeles para sostenernos y consolarnos.
Santas Fusca y Maura, mártires,
Rueguen por nosotros.