Qué bueno es Dios que nos regala esta nueva oportunidad para compartir con ustedes una nueva historia de santidad
La historia de la Iglesia cuenta entre sus filas a santos de todas las profesiones, incluso militares.
La violencia, las masacres, la violación de los derechos humanos nunca será algo bueno. Sin embargo nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica que: “Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras.
Sin embargo, mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa.
Al ejercer ese derecho a la legítima defensa se pueden dar dos efectos: el primero la conservación de la propia vida; el segundo, la muerte del agresor, no porque de por sí se quiera matar al agresor, sino porque en el acto de defenderse ocurre este hecho.
Los santos que ejercieron la vida militar, supieron por la luz del Espíritu Santo, defender legítimamente los derechos de sus pueblos, respetando en cuanto les fue posible, el derecho a la vida de sus agresores.
Hoy primero de noviembre, la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos, aun así, hay algunos de ellos que se recuerdan de forma especial en esta fecha.
Conmemoramos a San Cesario de Tarracina, Mártir; San Benigno de Dijón, Presbítero y Mártir; San Austremonio de Arvernia, Obispo;
Santos Mártires Juan, obispo y Jacobo, presbítero; San Marcelo de París, Obispo; san Severino, monje; san Magno de Milán, obispo;
San Licinio, Obispo; san Maturino, presbítero; San Audomaro, obispo; Beato Rainero del Santo Sepulcro, Religioso; san Nonio Álvarez Pereira, religioso;
Beatos mártires Pedro Pablo Navarro, presbítero, Dionisio Fujishima y Pedro Onizuka Sandayu, religiosos y Clemente Kyuemon, laico;
Santos mártires Jerónimo Hermosilla y Valentín Barriochoa, obispos, y Pedro Almató Ribeira, presbítero; Beato Rupert Mayer, presbítero y Beato Teodoro Romza, Obispo y mártir.
En esta festividad de Todos los Santos, la Iglesia celebra también la vida de este portugués, aclamado fervorosamente en su país.
Él es San Nuño de Santa María Álvares Pereira.
Pidamos la intercesión de este soldado de Cristo que cambió la espada por la escoba y el trabajo humilde en el convento:
Señor, Dios nuestro, que diste a San Nuño de Santa María la gracia de combatir el buen combate, y lo volviste eximio vencedor de sí mismo, concede a tus siervos que, dominando como él las seducciones del mundo, con él vivamos para siempre en la patria celestial. Por Cristo, nuestro Señor. Amén
Este héroe portugués y carmelita fue el elegido por la providencia para liberar a su patria y conseguir su independencia.
Nuño fue devotísimo de la Virgen María, a cuya protección, después de Dios, atribuía todas sus victorias; devoto del Santísimo Sacramento, preparándose siempre a la comunión con largas oraciones. También fue admirable su caridad con los pobres.
Sin lugar a dudas quien es devoto a la Virgen María, alcanzará un gran amor a Jesús y fidelidad en el estado de vida que elija, hasta el final.
San Nuño Alvares Pereira,