Patrimonio de la Humanidad que posee. De hecho, el nombre de la provincia proviene de ese otro patrimonio: las misiones jesuíticas o reducciones jesuíticas.
Las luchas territoriales entre los portugueses (bandeirantes) y los españoles –ninguno acataba el Tratado de Tordesillas– llevó al rey de España, Felipe II, a enviar a los jesuitas a la zona. Corría el año 1585 y la misión que les encomendó era tanto defender las fronteras españolas de los ataques de los bandeirantes como cristianizar y «educar» a los indios guaraníes en las costumbres españolas.
Durante el siglo XVII, y hasta su expulsión en 1750, la Orden Jesuita fundó una serie de pueblos llamados reducciones en los territorios guaraníes y tupíes, ubicados en el noreste de la provincia de Misiones en Argentina, colindantes con Paraguay y Brasil.
La labor de estos sacerdotes fue importantísima ya que no sólo cristianizaron a los pueblos originarios, sino que también respetaron las lenguas autóctonas, crearon escuelas para su instrucción, enseñaron diferentes oficios y restringieron la presencia de españoles y portugueses, que muchas veces los capturaban para llevarlos a realizar trabajos forzados en plantaciones, minas.
Preocupado por el poder que estaban obteniendo los jesuitas, Carlos III, junto con el Papa Clemente XIV, promovió su expulsión del Reino de España y, posteriormente, su disolución como orden, en 1768. No se buscaba su desmantelamiento, puesto que eran útiles a la corona, de forma que se enviaron directores alejados de la Iglesia. Los indios guaraníes no vieron el cambio con buenos ojos y muchos volvieron a la selva y otros buscaron trabajo en Buenos Aires gracias a las profesiones aprendidas y a su estatus de españoles de pleno derecho
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