Cuando valoramos lo esencial, lo demás desaparece ante nuestros ojos. Lo aparente tiene una connotación de belleza, de poder, de fama, de fortuna y en ocasiones, nuestro interno se deja llevar, dándose cuenta que se obnubiló y que dejó atrás lo verdaderamente trascendente. Hay que mirar con los ojos del alma, así no nos equivocamos y damos el real valor a cada cosa.