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Debemos entender que nuestra vida tiene diferentes momentos y uno de los más importantes es recargarse.
Cuando respiramos desde el corazón, nuestra vibración, cambia, nos sentimos plenos, en armonía, en agradecimiento.
Cada uno de nosotros tenemos un poder, somos nosotros los que debemos saber manejarlo. Por ningún motivo ni siquiera por amor a otra persona podemos renunciar a nuestro poder. Perder nuestro poder es desvanecernos a los ojos de los demás y permitir que los demás nos manejen.
La verdad, la credibilidad, la confianza, deben hacer parte del ambiente del hogar, así unos con otros estableceremos vínculos de confianza y protección.
Nuestra vida debe ser entendida y manejada con criterio, con sentido, con objetividad. De no ser así, somos como barcos a la deriva que se mueven al compas del ir y venir de nuestras emociones.
Paso a paso avanzamos por el camino de la vida. Somos caminantes que dejamos huellas por doquier. ¿Nuestras huellas son de amor, de verdad, de trascendencia?. ¿Nuestros pasos tienen un norte, tienen una dirección?
Cuando valoramos lo esencial, lo demás desaparece ante nuestros ojos. Lo aparente tiene una connotación de belleza, de poder, de fama, de fortuna y en ocasiones, nuestro interno se deja llevar, dándose cuenta que se obnubiló y que dejó atrás lo verdaderamente trascendente. Hay que mirar con los ojos del alma, así no nos equivocamos y damos el real valor a cada cosa.
Cuando nosotros creemos que nuestro trabajo, es realización, flujo de energía, servicio, la energía de la vida llena de satisfacción, de plenitud y de abundancia.
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