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Transmutación
El secreto de la gracia radica en una frase: Aun con todo lo que soy, Dios sigue siendo Dios. Aun cuando merecemos su ira, Dios sigue extendiendo misericordia. Y aunque cada día necesitaríamos corrección por todo lo que hacemos, aun con todo eso, Dios todas las mañanas hace nueva su misericordia. Lamentaciones 3:22-23 (RVR1960) "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad."
Significa que todo lo que experimentamos todos los días de parte de Dios es por encima de todo lo que somos, Dios no obra porque nosotros lo merezcamos, no nos ganamos nada por mérito propio, esto es porque muchas veces construimos y nosotros mismos lo destruimos; realmente somos la peor materia prima que existe. Así que no hay manera de entender la gracia y el favor de Dios si no entendemos lo que significa la frase: "aun con todo lo que somos, Dios sigue siendo Dios”.
Dios no obra porque yo me lo merezca, sino porque Él es bueno. La mayor evidencia de que Dios es bueno es que, aun siendo lo que soy, tengo todo lo que tengo.
Y puedo colocar varios ejemplos de lo que somos y de lo que hacemos: Cuántas veces dejamos de diezmar y Dios nos sigue prosperando; Cuántas veces dejamos de ofrendar y Dios sigue proveyendo; Cuántas veces hemos dejado de venir al culto y Dios viene a todos los cultos a esperarnos, para tener un encuentro con nosotros; Cuántas veces dejamos de buscar a Dios, y sin embargo, Dios nos sigue buscando. Porque por encima de todo lo que somos, Dios sigue siendo Dios. Dios no actúa como yo lo hago, porque Él no es igual que yo. Aun con todo, Dios es bueno.
Aun con nuestras infidelidades, Dios es fiel
2 Timoteo 2:13 (RVR1960) "Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo."
Por encima de nuestra infidelidad, Dios sigue siendo fiel. En más de una ocasión hemos sido infieles, y de muchas, muchas maneras, somos infieles el día que le dijimos: "A partir de hoy, todos los días voy a orar", y ese día te acostaste a dormir. Fuiste infiel a tu palabra, fuiste infiel a lo que le dijiste a Dios; Dices: "Señor, a partir de hoy, todos los días voy a leer la Biblia”, y resulta que ese día estabas demasiado cansado, pero estabas en tu celular, en tus redes sociales, de modo que no tuviste tiempo para cumplirle a Dios con tu palabra, y fuiste infiel; Sin embargo, al día siguiente, Dios en su fidelidad siguió cumpliendo su promesa contigo, ¿Cuál? "Todos los días te irá bien", y ese día siguiente te fue bien; Aun con tu infidelidad, Dios sigue siendo fiel, porque Él no puede negarse a sí mismo.
Piensa en Pedro; Imaginemos la escena de la última cena: Jesús les está diciendo a sus discípulos que a donde Él va, ellos no pueden ir, en ese momento salta Pedro, impulsivo, lleno de buenas intenciones, pero confiando demasiado en sus propias fuerzas. Pedro se pone de pie, y lanza una promesa: Juan 13:37 (RVR1960) "Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti."
Pero Jesús, que conoce nuestra humanidad mejor que nosotros mismos, lo aterriza de golpe; Él sabe que somos la peor materia prima, que prometemos mucho y cumplimos poco, Juan 13:38 (RVR1960) "Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces."
Cualquiera se quedaría callado ante una reprensión directa de Dios, pero a veces nosotros somos demasiado orgullosos. Pedro no se quedó callado, se sintió ofendido y decidió discutirle al propio Maestro, se pone de terco e insistente: Marcos 14:31 (RVR1960) "Mas él decía con mayor insistencia: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré…”
Pedro le está porfiando a Dios, le está diciendo: "Tú te equivocas, yo soy más fuerte de lo que crees”; ¿Cuántas veces hacemos nosotros exactamente lo mismo? ¿Cuántas veces le discutimos a Dios nuestras capacidades y juramos: "Señor, yo jamás haré eso, yo jamás caeré”? Y aquí viene lo más hermoso, la verdadera transmutación, Jesús escucha a este hombre terco que le está discutiendo, Jesús sabe que en unas pocas horas ese mismo hombre lo va a abandonar y lo va a negar con maldiciones ¿Y qué hace Jesús? ¿Le voltea la cara? ¿Le dice "pues quédate solo por orgulloso"? ¡No! Inmediatamente después de anunciarle su caída, en la misma conversación, Jesús suelta una de las promesas de consuelo más impresionantes: Juan 14:1 (RVR1960) "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí."
Y pasó exactamente lo que Jesús dijo. Llegó la noche, la presión subió, el miedo lo invadió y Pedro, el mismo que horas antes gritaba que daría su vida, negó a su Maestro con maldiciones y juramentos; Cantó el gallo y Pedro salió a llorar amargamente, rompió su promesa, rompió su palabra, sintió que lo había arruinado todo.
Cualquiera de nosotros, en el lugar de Jesús, habría dicho: "Hasta aquí llego contigo, Pedro. Me fallaste en mi peor momento". Pero mira lo que pasa el día de resurrección cuando las mujeres van al sepulcro vacío y se encuentran con el ángel, allí reciben un mensaje directo del cielo: Marcos 16:7 (RVR1960) "Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo."
"Y a Pedro" Dios desde el cielo se aseguró de mandar a buscar con nombre propio al que había fallado. El mensaje era: "Díganle a los discípulos, pero especialmente asegúrense de decirle a Pedro, que no me he olvidado de él, que mi cita sigue en pie".
Y no solo le mandó a avisar, sino que Jesús mismo fue a buscarlo a la orilla del mar, al mismo lugar donde lo había llamado la primera vez. Pedro, sintiéndose indigno y fracasado, había vuelto a su vieja vida de pescador y allí se le aparece el Señor resucitado.
Cuando lo tiene frente a frente, Jesús no llega a reclamarle: "¿No que ibas a morir por mí? ¿No que eras muy valiente? ¡Mírate ahora!". ¡No! Jesús llega a prepararle el desayuno y a restaurar su corazón roto: Juan 21:15 (RVR1960) "Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos."
¡Esa es la verdadera gracia en acción, esa es la transmutación! Jesús no lo desechó por su error. Aun con todo lo que hizo Pedro, aun con sus mentiras, sus negaciones y su cobardía, a Jesús le plació ir a buscarlo, sentarlo a su mesa, perdonarlo y devolverle su propósito.
Si hoy te sientes como Pedro, avergonzado por lo que prometiste y no cumpliste, quiero que sepas que el Señor te está buscando a ti también, Él sabe exactamente dónde estás escondido en tu culpa, y viene a buscarte porque, aun con todo lo que has hecho, Dios sigue siendo Dios.
Aun con nuestros pecados, Él nos limpia
1 Juan 1:9 (RVR1960) dice: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad".
Aun con mis pecados, Dios sigue estando dispuesto a perdonarme. Todos los días fallamos de una u otra manera en nuestra mente, en nuestra manera de pensar y de actuar, en nuestro corazón. El crecimiento no te lleva muchas veces a la perfección, sino al reconocimiento del error. Crecer no es dejar de fallar, porque nuestra naturaleza humana nos va a hacer fallar, pero crecer es pelear contra el pec...
Mateo 15:13 “Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”.
El Proceso de Desarraigar el Alma
La Biblia nos habla de un proceso profundo y transformador: el proceso de desarraigar, de arrancar la raíz. Muchas veces nos desgastamos trabajando en lo externo, enfocándonos en podar las ramas visibles, pero descuidamos lo interno.
Para entender esto, debemos reconocer nuestra naturaleza tripartita: somos espíritu, alma y cuerpo. Es muy común ver que todo el mundo busca beneficios para su cuerpo: queremos ser sanos, sentirnos bien, prosperar físicamente. De igual forma, buscamos constantemente la bendición para nuestro espíritu: anhelamos recibir de Dios los dones espirituales, los milagros, sanidades y prodigios, pero, ¿cuántos buscan realmente bendecir y sanar su alma? Sanar el alma no se logra con pañitos de aguas tibias, por lo que la verdadera prosperidad está íntimamente ligada al alma, recordemos que el indicador de nuestra prosperidad integral comienza en el interior, está escrito en 3 Juan 2 “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
Es precisamente allí, en el terreno del alma, donde muchas veces fallamos al no trabajar la raíz de nuestros problemas, Jesús fue tajante en Mateo 15:13: "Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada."
Este pasaje es impresionante y revelador, la Palabra declara con firmeza que todo aquello que Dios no sembró, irremediablemente será desarraigado. Piensa en esto: tu vida es como un campo; en ese campo siembra Dios, pero también siembra tu familia, tus experiencias y la sociedad; y con el tiempo, empiezas a dar fruto de todo aquello que ha sido depositado en ti.
Sin embargo, hay raíces oscuras que no provienen de Dios y que operan en "modo incógnito" bajo la tierra de nuestra alma. Es imprescindible que miremos profundamente, porque quizás hoy, dentro de ti, existan raíces oscuras que Dios jamás plantó, raíces que hasta el día de hoy no has logrado identificar ni erradicar.
El mayor peligro de las tinieblas es cuando operan en modo incógnito, escondidas bajo la tierra de nuestra alma, donde no reconocemos lo que hacen ni podemos identificar sus obras destructivas. Hoy es el día para examinar nuestro interior: ¿Hay en ti alguna raíz de mal que deba ser arrancada?
Brotando desde lo Oculto: La Raíz de Amargura
"Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados." (Hebreos 12:15, RVR1960)
La Biblia nos enseña que brotar es aquello que sale desde adentro hacia afuera. Brotar es crecer, producir, germinar, es emerger de lo profundo hasta que se hace visible.
Traduzcamos esto a nuestra realidad: Muchas veces leemos este versículo y creemos que el problema radica en que alguien se amargó por una situación reciente, pero la Palabra no habla de gente que se amargó de un día para otro; la Biblia nos advierte sobre personas que siempre llevaron esa amargura por dentro, solo que aún no se había evidenciado. La palabra clave y reveladora en este pasaje es que "brotó" una raíz que ya estaba allí pero que no se veía. ¿Cuántas raíces tenemos guardadas en el interior que no se ven, pero que de vez en cuando brotan, emergen y salen a la luz?
A veces escuchamos decir: "El hermano se amargó en la iglesia". ¡No! No se amargó en la iglesia; siempre fue un amargado, pero la raíz no había brotado, aún no se había manifestado lo que realmente llevaba en su interior, el Señor te está diciendo que hay cosas dentro de ti que todavía no has arrancado y que, en el momento menos pensado, salen a la superficie.
Vemos personas que llegan a la iglesia, le entregan su vida a Cristo y reciben de Dios, pero nunca empiezan el trabajo de desarraigar las raíces que traen, la raíz sigue ahí, escondida bajo la tierra y escuche bien esto: aunque lo que estaba afuera se haya quemado, se haya dañado, se haya deteriorado, o incluso se haya podado y cortado... mientras quede raíz, siempre habrá el peligro de que algo vuelva a brotar.
Podar el Carácter vs. Desarraigar la Raíz
Tristemente, vemos que la iglesia vive modificando el comportamiento, pero no se ocupa de desarraigar el carácter, nos hemos acostumbrado a ocultar los traumas, pero jamás los arrancamos de raíz, y es por eso que, en algún momento de nuestra vida, algo inesperado nace.
Es entonces cuando decimos: "Pero yo creía que ya había sido libre", "Yo pensé que había resuelto mi problema", la dura realidad es que solo se podó; se cortó la maleza superficial, pero el mal jamás se desarraigó, y en el momento menos pensado, la raíz de lo que realmente llevamos por dentro volvió a brotar.
El peligro más grande de la raíz es su naturaleza: está diseñada para aferrarse, para agarrarse de algo y evitar ser arrancada. Podemos intentar arrancar una mata por encima, pero es casi imposible sacar todas las raíces de un solo tirón, porque allá en lo profundo, en lo oscuro de la tierra, se agarraron de las piedras, se enredaron en los troncos e incluso se entrelazaron con otras raíces para hacerse más fuertes.
Muchas veces venimos a la congregación y los pastores empiezan a corregir, a podar nuestro exterior: "Hermano, no hable así", "Baje el volumen", "Hermana, no le grite a su esposo", "No vuelva a maltratar a su familia". Pasamos todo el tiempo simplemente podando, pero inevitablemente llega el momento donde esa raíz brota, renace y reaparece. ¿Por qué? Porque aunque cortaste lo aparente, jamás erradicaste el problema de fondo.
Hemos permitido que se levante una generación que vive de apariencias, pensamos: "Mientras yo me vea bien por fuera, no importa qué raíz tenga por dentro, no importa lo que lleve en el alma ni quién soy realmente en mi casa", llegamos al extremo de encubrirnos unos a otros: "Mi esposa va a cubrir mis raíces malas porque no podemos dañar la reputación que tenemos como familia".
Vivimos de apariencias, olvidando que las raíces, tarde o temprano, siempre salen a la luz. Atrévase hoy a confrontar su realidad. "¿Qué raíz tienes escondida que está a punto de brotar?"
La Contaminación de la Raíz
Dice la Palabra que la raíz no solo te estorba cuando se evidencia, cuando finalmente brota, sino que además empieza a contaminar a otros. Tienes que entender una verdad espiritual muy seria: cuando lo que está oculto en tu corazón se manifiesta, tus hijos y tu familia es contaminada.
¿Qué sucede cuando lo que está adentro empieza a evidenciarse afuera? Alguien dice: "Yo no sé qué me pasó que me puse violento, ¡si yo soy un hombre pacífico!", la realidad es que la raíz de la ira siempre estuvo ahí; nunca la quitaste.
Nos acostumbramos a culpar a la gente y a las circunstancias, pero en el fondo el problema soy yo, que tengo una raíz que no he logrado arrancar; miremos el fundamento a través de Deuteronomio 29:18: "No sea que haya entre vosotros varón, o mujer, o familia, o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones; no sea que haya en medio de vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo." (Deuteronomio 29:18, RVR1960)
Dios le advirtió esto al pueblo de Israel justo cuando estaban a punto de entrar a la tierra de Canaán. El verdadero problema de contaminación para el pueblo no estaba en los gigantes que habitaban la tierra, ni en las religiones de Canaán, el problema real estaba e...
La Biblia me enseña cómo tener una buena vida, una vida feliz, una vida larga, que es uno de los anhelos que tenemos. Salmos 34:12-14 dice así la Palabra: “¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (RVR1960) / “¿Quieres vivir una vida larga y próspera? Dejen de hablar mal de otros, de andar diciendo mentiras; aléjense del mal y hagan lo bueno, procuren vivir siempre en paz”. (Nueva Traducción Viviente - NTV).
El secreto de vivir bien la vida, no es un secreto. Es una realdad evidente: todos anhelamos una existencia plena y longeva. Pero cuando miramos la Palabra del Señor, encontramos a David escapando de la muerte. Él escribe este salmo en un momento de crisis extrema, cuya historia encontramos en 1 Samuel 21:12-15, cuando tuvo que fingir demencia ante el rey Aquis de Gat para salvar su vida. La Biblia dice que David “cambió su manera de comportarse delante de ellos, y se fingió loco entre sus manos, y escribía en las portadas de las puertas, y dejaba correr su saliva por su barba” (RVR1960). Literalmente recurrió a todo lo humanamente posible para aferrarse a la vida, demostrando cuánto amamos la vida.
Desde esa profunda experiencia, David reflexiona en el Salmo 34 y nos confronta con una pregunta vital: "¿Quién de nosotros quiere vivir y disfrutar de una buena vida?". Ahí es donde el salmista nos sacude el alma y nos enseña que no se trata simplemente de existir, sino de saber vivir.
A veces estamos llevando una vida que no es sana, ni correcta, ni se acerca a lo que verdaderamente llamamos una "buena vida". Y lo curioso es que David no nos dice: "Si quieres vivir bien, cuida tus finanzas, acumula riquezas o alcanza el poder". ¡No! Él nos confronta con el carácter espiritual de nuestra existencia. Se mete en terrenos tan profundos que uno dice: "Tal vez nunca lo había mirado desde esa perspectiva”. Él nos habla del poder de nuestra boca, nos urge a apartarnos de la maldad y nos desafía a vivir en paz. Son las preocupaciones, la ansiedad y las tensiones internas las que empiezan a destruir tu cuerpo, tu mente y tu corazón, haciendo que toda tu vida se marchite.
Y aquí surge una pregunta con la que quiero sacudir tu corazón: ¿Qué tan cerca estamos de Dios hoy? Puede que estemos muy cerca del dinero, del poder, de las propiedades o de los logros terrenales; pero la verdadera pregunta es: ¿qué tan cerca estoy del Creador?
Una larga existencia es hermosa, siempre y cuando sea una buena vida. Vivir muchos años sumido en la tristeza, el aburrimiento, la enfermedad o la amargura no es una bendición, ¡es una tortura y una maldición! Cuando Jesús habita en el corazón, todo cambia. No te estoy ofreciendo la falsa expectativa de una vida perfecta y libre de aflicciones; te hablo de una vida en la que, al tener a Cristo dentro de nuestro corazón, sabremos exactamente cómo encarar las tormentas. En lugar de permitir que los problemas te derriben y te destruyan, tú vas con fe y te postras ante la cruz, entregándole a Él toda tu carga.
Esa es la gran diferencia entre el que solo tiene dinero y el que tiene a Dios; tú y yo tenemos al Señor, y sabemos con absoluta certeza que para Él no hay nada imposible. Esa es la diferencia entre el que confía en el poder humano, en las influencias o en las alianzas políticas, y aquel que camina de la mano de Dios. Si anhelas disfrutar de una vida plena, fuerte, renovada y rebosante de entusiasmo, hoy te convoco a correr hacia una vida espiritual sana.
Por tal razón, nadie alcanzará esa vida bendecida basándose únicamente en la oración; la clave definitiva está en la obediencia. Muchos creen que basta con pasar horas orando o exhibiendo una religiosidad superficial, pero la Palabra del Señor es categórica en Santiago 1:22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (RVR1960). Cuando decidimos obedecer de corazón, es ahí cuando dejamos las palabras atrás y empezamos a caminar firmes en Su verdad.
El poder de las palabras
Algo contundente que nos enseña el salmista es esto: "Si quieres tener una buena vida, tendrás que cuidar la boca". Si no frenas lo que dices, las palabras que salen de tu boca inevitablemente van a causar estragos irreparables. Si empezamos a lanzar palabras hirientes, incorrectas y destructivas, alteramos ese diseño. Cuando en medio del conflicto recurrimos a frases como: "Bruto", "tonto", "no sirves para nada", "nunca debí casarme contigo", "es que mi mamá me lo advirtió, eres un bueno para nada" o "el día que te mueras no te voy a llorar"... todas esas palabras no solo maldicen tu propia vida, sino que destruyen el alma de los demás. Por eso, la Palabra del Señor es tan radical en Proverbios 18:21 al advertirnos: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos” (RVR1960).
Esto es exactamente lo que provocamos cuando le lanzamos ráfagas de amargura a un hijo o a nuestra pareja. La Biblia nos confronta: "¿Quieres vivir bien y disfrutar de largos días?". Permíteme sumarle algo más a esa pregunta: ¿Quieres tener un matrimonio sólido? ¿Quieres ver a tu familia unida? ¿Anhelas que tus hijos te respeten, que en tu hogar te amen y que al llegar a casa corran a abrazarte? Entonces, empieza por gobernar tus palabras, especialmente en los momentos de ira. No fuimos llamados a destilar veneno ni a descargar basura sobre los seres que amamos. El momento de crisis es para ir a derramar nuestro dolor y nuestra frustración, pero de rodillas delante del Señor; allí, en Su presencia, nuestro lamento no le hace daño a nadie. Cuida tu boca y tu vida será mejor; cuida tu boca y el entorno de tu familia cambiará; cuida tu boca y te vas a ahorrar una cantidad inimaginable de problemas. Qué desastre tan terrible provocan las palabras descontroladas en nuestra vida, y es precisamente por ahí por donde debemos comenzar a corregir.
Si quieres vivir bien y anhelas disfrutar de una larga existencia, el secreto comienza justo aquí: Tenemos que refrenar la lengua. Volvamos a la instrucción de las Escrituras en el Salmo 34; el consejo es claro y directo: "Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño". Dios no anda con rodeos; si de verdad queremos una buena vida, el punto de partida es erradicar el chisme, la crítica, la maledicencia y la mentira de nuestro vocabulario.
La boca es el espejo del alma. Uno puede intentar camuflar o esconder lo que lleva por dentro durante un tiempo; podemos fingir en el corazón o en la mente, pero tarde o temprano, la boca nos va a delatar. Lo que guardamos en lo más profundo del ser terminará saliendo a la luz, porque la boca siempre revela lo que el corazón intenta ocultar. El mismo Jesús lo dejó establecido con una fuerza impresionante en Mateo 12:34: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (RVR1960).
Así que ninguna palabra sale por azar; no es un simple "se me escapó" o "me equivoqué". Es verdad que hay temporadas de profunda crisis o dolor donde el alma se desahoga, como lo hizo Job 7:11 cuando exclamó en su angustia: “Por tanto, no frenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré en la amargura de mi alma” (RVR1960). Pero una cosa es derramar el quebranto ante Dios y otra muy distinta es andar con la boca suelta difamando, murmurando y lanzando veneno contra el prójimo. Al hacer eso, no solo destruimos a quienes nos rodean, sino que marchitamos por completo nuestra propia vida espiritual.
Pensemos en lo que brota de nuestro interior cuando un hijo comete un error qu...
Juan 5:44 "¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?"
Tanto el mundo como los cristianos están envueltos en engaños e hipocresías, divisiones, contiendas, iras, celos y envidias; la culpa, vergüenza, falta de perdón, amargura, raíz de amargura, el miedo, resentimiento y orgullo y la respuesta a estos comportamientos son las máscaras. Lo hacemos con el único fin de vernos bien o que nos vean bien.
Quiero hacer énfasis en una conversación que sostuvo Jesús con unos personajes llamados “Los fariseos”, Jesús le dio la etiqueta de hipócritas y generación de víboras en Mateo 12:34-35 “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”.
Y Juan 5:39-40, Jesús les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”, los fariseos se comían las escrituras buscando salvación pero ignoraban al verbo, al autor de la Palabra, al autor de la salvación, estos personajes ostentaban el mayor conocimiento de la Ley en su tiempo, eran los "iluminados" de la época; aquellos que parecían comprender la vida mejor que nadie; Si alguien buscaba un consejo sabio, una solución legal o una respuesta espiritual, ellos eran la referencia obligada, pues eran los intérpretes oficiales de la Palabra.
Sin embargo, a lo largo del ministerio de Jesús, vemos una constante tensión doctrinal con ellos. Jesús no cuestionaba su intelecto, sino su incoherencia, confrontándolos con una verdad incómoda: "El problema no es lo que ustedes saben, el problema es lo que hacen", Mateo 23:2-3 “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen”, prácticamente Jesús los denominó “hipócritas, falsos, mentirosos, vanos e ilusos” personas con falta de decisión para ser verdaderos delante de Dios; ademas los llamó incongruentes …Dicen, pero no hacen.
Incongruencia es la falta de correspondencia entre una cosa y otra. Es hacer algo que es contrario a lo que decimos. La incongruencia en el cristianismo moderno es que hablamos mucho pero hacemos muy poco. Predicamos tanto el Evangelio pero lo vivimos muy poco. La incongruencia entre lo que hacemos y decimos solo demuestra la falta de autenticidad de nuestra vida. Solo comprueba que existe un gran carencia de verdad en nuestras vidas. No nos hemos percatado que las palabras son menos eficaces que las acciones que realizamos cuando no coinciden unas con las otras.
La iglesia está enferma de incongruencia, no somos coherentes con lo que creemos, lo que hablamos y la vida real que llevamos; lo que predicamos es diferente a lo que vivimos, hablamos palabras en vez de acciones que muestren que realmente Cristo vive en nosotros, enseñamos pero en realidad lo que enseñamos no lo vivimos, eso se llama religión, escuche esto: “Nuestras vidas deben ser consistentes con lo que somos”.
Al estudiar las Escrituras, me detuve en tres versículos que me sacudieron. Entendí que el fariseísmo no es un grupo histórico, sino una tendencia del corazón humano que nos afecta a todos hoy.
El diagnóstico: Fariseos modernos
Históricamente, los fariseos fueron un grupo influyente en la esfera política, social y religiosa de Israel. Se caracterizaban por una observancia milimétrica de la Ley mosaica y de las tradiciones orales. Eran estudiosos, preparados y muy populares entre el pueblo; de hecho, ellos sentaron las bases de lo que hoy conocemos como el judaísmo rabínico. Sin embargo, esa misma preparación los convirtió a menudo en los principales antagonistas de Jesús.
El Maestro los confrontaba en tres áreas específicas que, si las traemos a nuestro siglo, actúan como un espejo para muchos de nosotros. Yo los llamaría: “Fariseos modernos”.
Son personas que están físicamente muy cerca de la iglesia, muy cerca de la Palabra y muy cerca de los rituales, pero emocional y espiritualmente están a kilómetros de una transformación real.
Piénsenlo bien: hoy en día tenemos más recursos que nunca. Tenemos acceso a miles de prédicas, múltiples versiones de la Biblia, libros, videos, retiros, conciertos y eventos masivos, nunca hubo tanta información espiritual; pero paradójicamente, hay mucha gente que sigue hundida en el fariseísmo: mucha religión, pero poca vida espiritual. Para poder experimentar un cambio genuino y no quedarnos solo en la superficie, necesitamos profundizar en estos tres principios que la Biblia nos revela:
COMUNIÓN CON DIOS
En Juan 5:39-40, Jesús les lanza una verdad que quema: "Ustedes escudriñan las Escrituras porque les parece que en ellas tienen la vida eterna... pero no quieren venir a MÍ para que tengan vida".
Los fariseos eran expertos en información, pero analfabetos en transformación. Ojo, el Señor no está negando el valor de la Biblia; al contrario, está diciendo: "La Palabra es el mapa, pero yo soy el destino". El mapa no te sirve de nada si no llegas al lugar.
El problema no es la falta de conocimiento, sino la falta de intimidad. La comunión es mucho más que calentar una silla el domingo o leer un capítulo por compromiso, la verdadera comunión nace cuando empezamos a cultivar una vida de oración.
Yo sé que todos tenemos agendas apretadas, algunos arrancan antes de que salga el sol, otros lidian con los hijos, las prisas del tráfico o las presiones de la oficina, pero la clave de la comunión no es tener "tiempo libre", es hacerle un espacio a Dios en el tiempo que ya tienes.
¿Por qué es vital? Porque cuando estás muy ocupado pero no tienes intimidad con el Padre, tu vida se empieza a secar, esta es la razón por la que hay tanta gente irritable, explosiva y amargada. Dicen: "Me siento agotado, no disfruto la vida aunque lo tenga todo". Eso pasa porque te falta el combustible de la intimidad con Dios.
Necesitas recordar que el Espíritu Santo va contigo en el carro camino al trabajo; está contigo en la oficina; está contigo mientras preparas el desayuno. Él prometió estar con nosotros todos los días, el problema es que lo estamos ignorando. Mateo 28:19-20 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. La oración diaria te transforma; ignorar a Dios te deforma. Si tu única "porción espiritual" es el domingo, te vas a desnutrir, el Espíritu Santo quiere encontrarse contigo en el almuerzo, en la calle, donde sea".
Muchos cristianos reciben la Palabra con gozo aquí adentro, pero afuera se les seca porque no tienen raíz, así como los fariseos, tenían los títulos, pero no tenían contacto con Jesús. Muchos no encuentran el poder para avanzar en la vida; el poder no está en lo que sabes, sino en a quién buscas.
No intentes cambiar en tus propias fuerzas; ve a Él y dile: "Señor, yo no puedo solo, perfecciona tu poder en mi debilidad", todo se sella de rodillas, transforma tu trayecto al trabajo en un altar y dale a Dios los primeros minutos de cada actividad, esa decisión es la que realmente te va a transformar.
EL AMOR DE DI...
Mateo 13:24-28 (RVR1960) “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo…"
La Mente: El Terreno de Conquista
La mente humana es el terreno fértil que Dios nos entregó. Somos más fértiles que la misma tierra: nuestro corazón es fértil, nuestro ser es fértil, pero nuestra mente es un territorio estratégico. De hecho, el primer escenario de guerra, el primer lugar donde el enemigo ataca, es la mente. Vivimos en la era de los ataques y enfermedades mentales. Entendemos que la mente es el escenario de las grandes batallas espirituales, tal como dice 2 Corintios 10:4-5 (RVR1960): “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.
Mateo 13:24-28 (RVR1960) “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?”
La Biblia dice que este hombre tenía un campo; nuestro campo es la mente. Él sembró buena semilla, pero mientras los hombres dormían, el enemigo sembró cizaña. El primer punto crítico aquí es que el ataque ocurrió durante el sueño, en la vulnerabilidad de la noche.
Raíces Invisibles y Frutos Evidentes
Esa semilla sembrada en la oscuridad echó raíces, nada se hace evidente si primero no se arraiga; Para que una planta brote, ya ha conquistado el subsuelo, esto significa que todo lo que hoy ves manifestado en tu vida, ya tiene una raíz profunda. Debemos recordar lo que dice Proverbios 4:23 (RVR1960): “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.
Cuando el trigo produjo grano, apareció la cizaña, los siervos preguntaron: “Señor, ¿no sembraste buena semilla? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?”. La respuesta fue clara: “Un enemigo ha hecho esto”.
¿Qué tanto cuidamos nuestra mente? ¿Clasificamos las semillas que entran? Todo campo descuidado se llena de maleza, la maleza drena la vida del buen árbol. Si no revisamos el jardín mental, aparecen pensamientos parásitos que devoran los buenos. Nuestra tarea es: “regar, sembrar, cultivar, cortar y desarraigar todo lo que Dios no plantó”, está escrito en Mateo 15:13 (RVR1960): “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”.
El Ataque a los Fundamentos
Salmo 11:3 (RVR1960) “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?”
Existe una agenda diseñada para destruir fundamentos. Toda sociedad y civilización se sostiene sobre bases; si estas caen, la estructura se desploma. Estamos viviendo el ataque más grande y silencioso contra los fundamentos de la iglesia: la fe, la moral, el amor, la identidad y la doctrina.
Semilla 1: La verdad relativa
La idea de hoy es que no hay verdades absolutas, sino que cada uno tiene "su verdad". Al hacer esto, la verdad se reduce a una simple opinión. La Biblia es tajante en Juan 17:17 (RVR1960): “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.
El relativismo dice: "lo que es verdad para ti, no lo es para mí". Pero la verdad no es un sentimiento, yo puedo decir que los gatos tienen tres patas porque vi uno así, pero la realidad es que tienen cuatro.
Esta semilla se está sembrando especialmente en los jóvenes, llevándolos a creer que "respetar el criterio" es validar el error, no podemos respetar la autodestrucción bajo el nombre de “opinión", Jesús dijo en Juan 8:32 (RVR1960): “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”; sin verdad absoluta, no hay libertad real.
La postura de la Iglesia: Este concepto ha entrado a las congregaciones. Aunque hay temas opcionales (formas, moldes), los fundamentos son innegociables:
Semilla 2: El Adormecimiento Espiritual
Mateo 13:22 (RVR1960) “El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”
Dios debe ser el primero. Cuando el primer lugar se comparte, Dios deja de ser el número uno.
El adormecimiento ocurre cuando convertimos la iglesia en un club social. Debemos estar alertas como está escrito en 1 Pedro 5:8 (RVR1960): “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.
La espiritualidad es personal, no global:
Semilla 3: La Normalización del Pecado
Es cuando lo que es pecado se celebra como "ser auténtico". Isaías 5:20 (RVR1960) nos advierte: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de las tinieblas luz, y de la luz tinieblas; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”.
Se han redefinido los conceptos, ahora se dice que no se puede predicar sobre la culpa, solo sobre la gracia, pero ojo: la responsabilidad no es culpa.
Buscar a Dios, leer la Biblia y orar no es una "hazaña heroica", es tu responsabilidad y disciplina espiritual. Como dice Romanos 12:2 (RVR1960): “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento...”.
No podemos permitir que se nos "zafen los tornillos" y normalicemos el pecado en casa, lo que está mal, está mal, aunque todo el mundo lo haga. Dejemos de ser "focas de circo" que aplauden cualquier concepto moderno y empecemos a cuestionar lo que contradice la Verdad.
"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Mateo 6:33
Existe una verdad que debemos asimilar profundamente: la justicia del hombre jamás podrá compararse con la justicia de Dios, son naturalezas opuestas y para entenderlo, primero debemos identificar los tres tipos de justicia que operan en el mundo:
Existe un versículo que todos conocemos y abrazamos como una promesa de provisión, pero que pocas veces analizamos en su dimensión legal: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."Mateo 6:33 (RVR1960).
Solemos enfocarnos en las "añadiduras", pero debemos poner la lupa en la condición: buscar el Reino y Su justicia. Las añadiduras no son automáticas; son una consecuencia de buscar la justicia del Reino, por tanto, debemos entender que la justicia que perseguimos no es la humana, sino la del Reino de los Cielos.
La Justicia del Reino y su Constitución
El primer punto fundamental es este: La justicia que buscamos no es humana, para entender esto, debemos comprender el concepto de "Reino". Todo reino se rige por una Constitución. Es imposible determinar qué es justo o injusto si ignoramos la ley que nos gobierna. Para vivir en justicia es imperativo conocer la Ley del Reino.
Donde existe una Constitución, existen personas constituidas para velar por su cumplimiento. En el Reino de Dios, los ministerios no son solo títulos eclesiásticos, sino figuras legales.
Efesios 4:11: "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros." Estos ministerios han sido establecidos por Dios como agentes de la ley espiritual. Su función principal es cuidar y enseñar la justicia del Reino, asegurando que el pueblo de Dios camine bajo los principios constitucionales del Cielo.
El Desconocimiento de las Leyes Celestiales
Conocemos a fondo las leyes de nuestra nación, pero a menudo ignoramos las leyes del Reino de los Cielos. Si los ministros han sido constituidos como agentes para cuidar la justicia divina, cabe preguntarnos: ¿Realmente conocemos la Constitución del Cielo? ¿Entendemos cómo operan sus leyes?
El Caso de Abraham: En Génesis 18:22-25, vemos un ejemplo claro de lo que sucede cuando no comprendemos el funcionamiento legal del Reino. Abraham se acerca al Señor con un argumento basado en su propio concepto de justicia: “¿Destruirás también al justo con el impío? [...] El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”
Para entender este escenario, debemos recordar el contexto: tres hombres visitan a Abraham. Dos eran ángeles y el tercero era el Señor. Mientras los ángeles se dirigen a Sodoma y Gomorra con una misión clara, Dios se queda con Abraham. Los ángeles ya iban en camino para ejecutar la destrucción y rescatar a Lot. Dios no se acercó a Abraham para pedirle su opinión o para abrir un espacio de negociación; Él vino a notificarle Su decisión.
Cuando no entendemos cómo funciona el Reino, cometemos el error de intentar negociar sobre algo que ya ha sido decidido. Dios le notificó Su decisión, y Abraham empezó a regatear: si hay 50 justos, 45, 40... hasta llegar a 10. En cada paso, Abraham se iba quedando sin elementos legales, porque su argumento se basaba en una suposición y no en la realidad de lo que ocurría en las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Resulta asombroso ver a un hombre hablándole de justicia a Aquel que él mismo llama "El Juez de toda la tierra". Es, como dice el dicho, “querer enseñarle a bailar al trompo”; Abraham intentó darle clases de justicia al Juez.
Abraham llegó a decirle: "Lejos de ti el hacer tal... nunca tal hagas". En su osadía, le estaba sugiriendo a Dios que, si destruía la ciudad, Su carácter de Juez quedaría en entredicho. Abraham perdió porque se quedó sin elementos sólidos y porque estaba pidiendo mal.
Aprender cómo funciona el Reino es, en esencia, aprender a orar, muchas veces nuestras oraciones no son contestadas porque van en contra de las leyes establecidas por Dios. Él nunca violará Su propio orden; Él vela por Su Palabra para que se cumpla, no por nuestros deseos personales. Dios sabía lo que era justo en Sodoma, pero para Abraham, la justicia de Dios parecía una injusticia.
Debemos entender este principio fundamental: La justicia no complace, en un juicio, jamás el juzgado, el demandante o el testigo quedan plenamente complacidos. La justicia no está diseñada para dar satisfacción emocional, sino para establecer lo que es debido.
Si pides justicia esperando que Dios satisfaga tus deseos o tus sentimientos, probablemente te sentirás defraudado. La justicia divina busca el orden y la verdad, no la aprobación del hombre.
Muchos claman: "¡Señor, hazme justicia!", pero en realidad lo que esperan es que Dios los complazca. Debemos entender una verdad fundamental que cualquier experto en leyes conoce: La justicia jamás satisface plenamente a las partes. En un tribunal terrenal, el que demanda siempre quiere una condena mayor y el acusado siempre espera una sentencia menor. Es imposible que ambos salgan felices.
Si pides justicia esperando que Dios satisfaga tu necesidad de venganza, ya has perdido el caso. La justicia no está diseñada para satisfacer el ego o el dolor del hombre.
Cuando Dios no responde según nuestro capricho, terminamos amargados, enojados o incluso blasfemando, sin entender que Dios ya respondió, pero Su respuesta no alimentó nuestro odio o nuestra sed de venganza; La justicia no es venganza, la justicia es dar a cada uno lo que merece.
Abraham presentó un caso basado en argumentos que no eran sólidos ya que mientras él intentaba negociar la ciudad por unos supuestos justos, Dios ya estaba sacando de allí a los únicos que realmente lo eran. Abraham abogaba por un escenario inexistente; estaba presentando un caso perdido ante un Dios justo.
No pierdas tu tiempo presentando casos que no tienen fundamento legal en el Reino, interceder no es simplemente gritar u orar con fuerza, interceder es examinar la validez de nuestra petición. Si pedimos por alguien que Dios ya ha decidido juzgar por su falta de arrepentimiento, nuestra oración no tendrá eco. Debemos alinear nuestros argumentos con la realidad del Cielo, no con nuestras suposiciones humanas.
La justicia de Dios jamás será comprendida plenamente por la mente humana. Lo que para Abraham parecía una injusticia (la destrucción de Sodoma y Gomorra), para Dios era el ejercicio perfec...
El orden no es una opción estética o de organización humana; es un principio de legalidad espiritual. La Biblia nos enseña que Dios no puede respaldar lo que está fuera de Su estructura, de Sus principios y Sus fundamentos. Cuando hay desorden, se rompe la fe y se pierde la credibilidad ante el mundo.
Cuando entregamos nuestra vida al Señor, Él se encarga de edificar, levantar, corregir y bendecir. Nosotros somos solamente Sus administradores; Él es el dueño de todo y nosotros seguimos Sus planes y propósitos.
Cuando pretendemos edificar por nosotros mismos, nuestro trabajo es en vano, pues sin el fundamento de Dios, que es Cristo Jesús en nuestras vidas, todo lo que construyamos se derrumbará; no permanecerá. Dice Su Palabra que separados de Él nada podemos hacer. Sin Su ayuda, una casa puede ser solamente el lugar donde la familia vive, come y duerme; pero un hogar es mucho más que eso: es un lugar donde la familia crece, se edifica, se fortalece, se reúne, convive, comparte, se ama y se es feliz. Es el lugar donde se honra a Dios, donde desciende la bendición sobre sus hijos y donde se sienten seguros, bien atendidos y amados. Para comenzar este proceso de restauración y restitución, se hace necesario que el carácter de Dios se impregne en nuestra vida, nuestro hogar y nuestra familia. Ese carácter no puede ser solo de labios; tenemos que accionar para lograrlo.
Quiero comenzar con un pasaje bíblico que me hizo reflexionar y se encuentra en Mateo 3:13-15: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”. En el tiempo de Jesús, Juan el Bautista predicaba y bautizaba, y el Señor toma la decisión de ir hacia él con el fin de ser bautizado. Este relato de la Palabra me impacta profundamente por varias razones; porque veo a Jesús que —siendo el Hijo de Dios, teniendo una misión asignada y concreta, y contando con el respaldo del Padre y la unción del Espíritu Santo— estuvo dispuesto a hacer las cosas de manera ordenada. Pudiendo actuar bajo Su propia voluntad, prefirió someterse al orden contenido en la frase: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”.
Estoy seguro que, los peores problemas que nos hemos ganado en la vida han sido por hacer las cosas de manera desordenada, a nuestro antojo y parecer. He visto gente dañar hogares porque los manejaron como no debían; he visto personas quebrarse financieramente porque administraron sus finanzas sin orden; he visto a otros arruinar empresas por no seguir los principios correctos. Así podemos encontrar a muchos hombres y mujeres que tergiversaron el propósito de Dios porque no hicieron las cosas con orden, ni respetaron los procesos divinos.
Por tal razón, es necesario que aprendamos esta verdad como principio fundamental: Dios bendice el orden.
Dios es un Dios de orden; el enemigo es desorden. Todo lo que corresponde al Reino del Señor debe reflejar orden, mientras que todo lo que se aleja de Dios cae en el caos. Somos herederos de una naturaleza pecaminosa que tiende naturalmente al desorden:
¿Cuántas cosas en nuestras vidas están hoy en desorden? El Señor te dice hoy a través de Su Palabra: “Ordena tu vida”. Nuestra existencia, nuestra casa y nuestro hogar deberían estar ordenados; nuestra vida debería ser un ejemplo de Su luz.
Cuando examinamos nuestra vida, familia y descendencia, a menudo vemos el resultado de la "contaminación" que hemos permitido en nuestra tierra, y esa es la raíz de muchas crisis actuales. Pero Dios desea rectificar y enderezar todo lo que está torcido, todo lo que hemos desordenado con nuestros actos, Él siempre tiene un plan de redención, restauración y restitución; Cristo compró nuestra redención completa a precio de sangre, llevando en el madero nuestro pecado, nuestra maldad y nuestra iniquidad.
Cuando aprendes a caminar en orden, Dios te bendice. Cuando administras bien lo que se te ha confiado y aprovechas con integridad las oportunidades, Dios las multiplica. Muchas personas pierden bendiciones valiosas simplemente por falta de orden. Debes entender esto: “Las puertas más grandes que se abrirán en tu vida serán proporcionales a tu capacidad de ser ordenado. Cuando haces las cosas en orden, Dios te confía mucho más.”
Respetar el proceso
Cuando aprendes a ser ordenado, Dios te confía mucho más de lo que tienes; pero hay quienes han manejado su vida de una forma tan inadecuada que se hunden cada vez más en sus propios problemas. Antes de que Dios abra los cielos para bendecirte, Él te abrirá los oídos para exhortarte y decirte: "O te ordenas, o no verás Mi bendición".
¿Y por qué me apoyo en la historia de Jesús? Porque lo primero que veo en Él es que estuvo listo para respetar el proceso. Dios bendice a las personas ordenadas porque están dispuestas a someterse a los procesos, este mundo, cada día más rápido y afanado, nos ha vendido la idea de que podemos alcanzar cualquier meta en cuestión de minutos; pero las grandes cosas en Dios siempre demandarán un proceso.
Jesús era el Hijo de Dios, había sido ungido por el Padre, pero aun en Él hubo un proceso, Su autoridad no lo eximió de los pasos establecidos por Dios; En su bautismo, nos dejó el código de conducta para todo aquel que anhele caminar bajo el favor del cielo. Si Jesús se sometió al orden para "cumplir toda justicia", nadie puede pretender recibir la bendición de Dios saltándose las reglas, los tiempos o las autoridades. El orden es el lenguaje de la justicia divina.
Debemos entender que el proceso es lo que nos prepara para caminar en las bendiciones más grandes: es lo que nos quita lo malo y aumenta lo bueno en nosotros. El proceso forma tu carácter, te enseña a esperar, a confiar, a corregir y, finalmente, a tomar decisiones correctas.
La tentación de saltarse pasos
Hay personas que no han aprendido el valor del proceso y, por eso, tratan de omitirlo. ¿Y saben qué me he encontrado? Que todo el que intenta brincarse los procesos podrá lograrlo una vez, pero no dos. He visto gente escalar sin proceso, movidos por el afán, y algún día les toca devolverse para enfrentar lo que en su momento nunca quisieron hacer.
Por ejemplo, en una relación, el proceso normal debería ser enfocarse primero en la vida: saber qué quieres, trabajar, estudiar, proveer... en fin, ser un buen administrador. Pero veo gente que dice: “Pastor, encontré a mi ayuda idónea”. Están tan enamorados que no escuchan a nadie; se casan, y poco después esa persona les “sabe horrible”. Vienen y dicen: “Pastor, estoy arrepentido, no sé con quién me casé”. Yo les diré qué fue lo que pasó: usted nunca respetó el proceso, y ahora, metido en esa “vaca loca”, le va a tocar volver a empezar desde cero.
Lo mismo ocurre con las compras innecesarias con tarjetas de crédito; incluso mercados que terminan en el excusado a los pocos días, pero que se pagan en 3, 6 y hasta 12 cuotas. El mercado se acaba en dos semanas, pero la deuda permanece por meses. ...
Romanos 8:15 “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción...”
Definición
Hablamos de identidad constantemente, pero parece que el concepto se nos escurre entre los dedos. Si hoy te pregunto: "¿Quién eres?", lo más probable es que me des tu nombre. Y eso es correcto, pero piénsalo bien: si mañana te cambiaran el nombre por otro, tú seguirías estando ahí. Seguirías siendo tú. Entonces, la identidad no puede ser solo una etiqueta.
A veces creemos que nuestra identidad radica únicamente en lo que se puede medir: en nuestra huella digital, en nuestros datos biométricos o en la imagen que nos devuelve el espejo. Y aunque tu físico y tu apariencia son parte de ti, la verdadera identidad es algo mucho más profundo que una foto de documento o una firma.
Para entenderlo de verdad, miremos la raíz. La palabra identidad nace de la unión de dos raíces: "Ídem", que significa "lo mismo", y el sufijo "tas", que se refiere a una "cualidad o condición".
Identidad es la cualidad de ser el mismo; es la condición de permanecer siendo el mismo a pesar de las circunstancias, es esa esencia inalterable que no depende de dónde estés, con quién estés o qué tengas puesto. Identidad es, sencillamente, la capacidad de no dejar de ser tú.
Los diversos "yo" y el diseño de Dios
Si identidad significa "que yo soy yo y nada me puede cambiar", entonces tenemos un problema grave: dentro de cada uno de nosotros conviven muchos "yo" en conflicto. Está ese "yo" que la cultura moldeó a su antojo, pero que no es el diseño original de Dios; existe el "yo" que nuestros padres proyectaron sobre nosotros, pero que tampoco es el plan que el Cielo tiene para nuestra vida y además, lidiamos con un "yo" llamado espíritu, un "yo" llamado carne y un "yo" llamado alma. La vida entera se nos va en esa búsqueda agotadora de intentar descifrar: ¿quién soy yo realmente?
Pero escucha esto, porque es aquí donde muchos se confunden, hay quienes dicen con ligereza: "Yo soy así, y Dios me ama como soy" Estás equivocado, Dios te ama porque Su amor es inmutable, no porque ame todo lo que hay en ti. Dios no ama lo perverso, no ama lo profano, ni tiene comunión con el pecado, Dios te ama a ti porque, por encima de tus fallas, Él ve en ti la imagen de Su Hijo.
Esa es tu verdadera identidad, el día que aceptaste a Cristo como tu Salvador, Su imagen quedó sellada en tu corazón; Cuando el Padre te mira, no ve tu confusión ni tus máscaras; ve en ti la cualidad de ser el mismo, ve la imagen de Jesús, tu identidad no es lo que tú has construido, es lo que Dios depositó en ti a través de Su Hijo.
Identidad vs. Función y Estatus
Como creyentes, ha llegado el momento de abrazar la identidad real que Dios nos otorgó. Servir a Dios es hermoso, pero hemos cometido un error peligroso: confundir el servicio con la identidad, escucha bien esto: "Yo no sirvo para llegar a ser alguien; yo sirvo porque ya soy alguien" Mi identidad no es ser pastor; yo desempeño la labor de pastor porque, primero, soy hijo de Dios. Antes de que Dios me llamara a un púlpito, Él me llamó Su hijo.
El mundo nos empuja a depositar nuestra identidad en funciones, en roles o en un estatus que hoy está y mañana no. Decimos: "Yo soy próspero". Pero te pregunto: si esa prosperidad desaparece mañana, ¿desaparece también quién eres tú? Si tu identidad se tambalea cuando cambian tus circunstancias, entonces no era identidad. Porque la identidad es inmutable; no cambia, no se oxida, no depende del saldo en tu cuenta bancaria.
Esto nos lleva a una pregunta de examen para el alma: ¿Eres tú mismo donde quiera que vas, o cambias de forma según el lugar donde estés? Si necesitas convertirte en otra persona para encajar, si dejas de ser tú para que los demás te acepten, entonces no tienes identidad; lo que tienes es un disfraz. Y vivir tras un disfraz es la señal más clara de una profunda crisis de identidad. Si necesitas aparentar lo que no eres para que te amen por una mentira, es porque todavía no has descubierto el valor de quién eres para tu Padre.
El Eje de la Vida: Identidad y Propósito
Es asombroso comprender que, para un hijo de Dios, la identidad es el eje sobre el cual gira toda su existencia. Existe un orden divino que no podemos alterar: la identidad siempre antecede al propósito. Muchos viven agotados intentando hacer para llegar a ser, cuando la realidad es que tú solo puedes hacer algo con autoridad cuando sabes quién eres. Cuando tu identidad está firme, tu propósito se aclara.
Si tienes clara tu identidad, no caminas a ciegas. Sabes cuál es tu rol, comprendes tu desempeño y tienes la certeza de qué espera Dios de ti. Conocer quién eres en Él no es un lujo, debería ser la meta principal de cada creyente¿Y saben por qué? Porque si alguien es enemigo acérrimo de tu identidad, es el diablo. Al enemigo le aterra que descubras quién eres, porque sabe que una persona sin identidad es alguien a quien puede manipular a su antojo. Si no sabes quién eres, el enemigo literalmente puede hacer contigo lo que quiera.
Los Cinco Enemigos de la Identidad
Para destruirnos, el enemigo no siempre usa ataques frontales; a menudo usa estrategias sutiles para erosionar nuestra esencia. He identificado cinco armas específicas que él utiliza para robarte tu identidad. A partir de ahora, vamos a desenmascararlas una por una:
La Orfandad
Vamos a detenernos en el enemigo más peligroso de todos: la orfandad. Dice la Biblia en Romanos 8:15: "Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijo por el cual clamamos ¡Abba, Padre!" (RVR1960)
Aunque la Palabra nos asegura que fuimos adoptados y que tenemos una identidad nueva, la realidad es que muchos seguimos luchando contra un espíritu de orfandad. Vivimos en una generación de hogares rotos y, como suelo decir, de "huérfanos con padres vivos". Son personas que crecieron con un padre presente físicamente, pero ausente en su función; una paternidad que no se ejerció correctamente deja una orfandad que crece silenciosa en el corazón.
Hay quienes se sienten huérfanos porque fueron rechazados, abandonados o cargan con el peso de haber sido llamados "un error". Quizás para tus padres biológicos apareciste en el tiempo equivocado o en la agenda equivocada, pero escucha esto: para Dios, tú eres un propósito eterno. La orfandad se manifiesta cuando vivimos buscando desesperadamente la aprobación de los demás; cuando el alma mendiga un abrazo o un beso porque tiene un vacío de paternidad que nada en este mundo ha podido llenar.
Mentalidad de Huérfano vs. Mentalidad de Hijo
El gran peligro de no erradicar la orfandad es que terminamos viviendo en dependencia de los hombres, desconectándonos de la presencia constante de Dios. La mentalidad de huérfano te engaña diciéndote que tienes que "trabajar por amor". Te pregunto hoy: ¿Todavía sientes que tienes que esforzarte para que te amen?
Este es uno de los traumas de la niñez que hemos trasladado a la vida espiritual. Hay personas que sirven en la iglesia solo para que el pastor los note, o para sentirse útiles y recibir un mensaje de texto de felicitación, eso no es servicio, eso es orfandad; El que es hijo no hace nada para "ganarse" el amor, el que es hijo sirve porque sabe que ya es amado. El huérfano sirve para que lo amen, el que es hijo sirve porque el amor del Padre ya lo desbordó.
El huérfano nunca echa raíces porque vive mendigando afe...
Quiero comenzar este mensaje con una historia que nos va a abrir los ojos de par en par. Es una fábula popular que nos aterriza en la realidad: 'El Lobo Ingrato'.
Resulta que paseaba un hombre por un bosque cuando vio a un lobo colgado de un árbol, atrapado por una pata y boca abajo. ¡Estaba sentenciado a muerte! — ¡Socorro! ¡Ayúdame, buen hombre, o moriré aquí! —gritó el lobo. El hombre, con prudencia, le dijo: — Vaya, lo haría de buen gusto, pero tengo miedo de que luego intentes comerme. — ¿Comerte? —respondió el lobo fingiendo indignación—. ¡Si me vas a salvar la vida! Te prometo, te juro, que jamás te comeré.
El hombre, movido por la compasión, le creyó. Pero escuchen esto: en cuanto el lobo estuvo en tierra firme, empezó a mirar al hombre con voracidad. — ¡Alto ahí! —dijo el hombre—. ¿Es que no recuerdas lo que prometiste? — Ya lo sé —respondió el lobo relamiéndose—. Gracias por salvarme, pero es que yo soy lobo y siempre seré lobo; mi naturaleza es devorar, así que... 'de malas'.
¿Y te parece eso justo? —dijo el hombre con amargura. Bien lo dice el refrán: «Haz el bien, y te pagarán con palos». Escúchenme bien: Usted no le puede pedir gratitud a un corazón que no ha sido transformado. El ingrato siempre terminará devorándote, porque su naturaleza es el 'yo' y nada más que el ‘yo’.
"El lobo no es malo porque devore, es malo porque prometió lealtad para ser salvo y pagó con traición al ser libre. La ingratitud es el olvido voluntario de un beneficio recibido."
El veneno que deforma el alma
¡Hoy vamos a hablar de un veneno silencioso! La ingratitud, un martillazo que quiebra la confianza.
¿Saben por qué? Porque hay gente que mientras te necesita te abraza, pero cuando ya no le sirves, te muerde. Ojo, que de este mensaje nadie sale igual: o te identificas con el que ha sido herido, o te arrepientes de haber sido el que mordió.
La ingratitud es una fuerza destructiva que puede llevar a las personas a olvidar la ayuda que recibieron durante sus momentos más difíciles. Cuando las personas salen de sus problemas, a menudo se vuelven desleales, desagradecidos e irrespetuosos con aquellos que los ayudaron.
La ingratitud es una realidad dolorosa que muchos de nosotros enfrentamos en algún momento de nuestras vidas. Es un fenómeno en el que las personas olvidan la ayuda que recibieron cuando más la necesitaban, solo para negarla más tarde cuando les conviene.
El patrón de la ingratitud
A menudo comienza con un grito de ayuda. Alguien se encuentra en una situación difícil y se acerca a ti para que te apoye. Proporcionas asistencia, orientación o un oído atento, sin esperar nada a cambio. Pero tan pronto como su crisis pasa, se olvidan de tu contribución. Cuando necesitas ayuda o reconocimiento en el futuro, niegan o minimizan el apoyo que les diste.
Este patrón no solo es hiriente, sino también frustrante. Te quedas preguntándote si tus esfuerzos valieron la pena y si la persona a la que ayudaste alguna vez estuvo realmente agradecida.
De la miseria de Lodebar al honor de la Mesa
Para entender la gravedad de esto, tenemos que ir a la raíz. Dice 2 Samuel 19:25: “Y aconteció que cuando él vino a Jerusalén para recibir al rey, el rey le dijo: Mefiboset, ¿por qué no viniste conmigo?”.
Para los que no conocen la historia, Mefiboset era un hombre desvalido. Como nieto del rey Saúl, por ley de hombres, le correspondía la muerte. En esa época, cuando un nuevo rey subía al trono, eliminaba a toda la dinastía anterior para no tener rivales. Mefiboset estaba escondido en un lugar llamado Lodebar. ¿Saben qué significa Lodebar? 'Sin pasto'. Un lugar seco, inhóspito, un rincón de miseria donde no crece la esperanza.
¡Pero miren la misericordia de David! De allá, de ese hueco, lo manda a sacar el rey. Y no lo saca para matarlo, lo saca para sentarlo a su mesa. David le devuelve las tierras, le pone sirvientes y le devuelve el honor que había perdido. ¡Lo sacó de la basura y lo puso en el palacio!
Pero un día, el panorama cambió. David se vio bajo ataque, casi lo derrocan y tuvo que huir. Y aquí es donde la ingratitud muerde: Cuando David regresa y se encuentra con Mefiboset, le lanza esa pregunta que corta el alma: '¿Por qué no viniste conmigo?'. Es como si David le dijera de frente: "Mefiboset, cuando tú estabas en la miseria, yo te di todo. Pero ahora, cuando yo más te necesité... ¿dónde estabas tú?". ¡Qué dolor da ver que la mano que te alimentó hoy está sola porque tú decidiste no aparecer!
Hoy quiero que entendamos algo vital: así como el agradecimiento tiene un poder increíble para abrir puertas, la ingratitud es destructiva; El ingrato empieza a mostrar su verdadera cara en las cosas pequeñas: se nota en el saludo que antes era un abrazo y ahora es un 'hola' seco; en la sonrisa que se apaga; en esa mirada que antes era de aprecio y ahora es de total indiferencia. El ingrato actúa como si ya no te necesitara; ya no hay por qué llamarte ni escribirte.
La ingratitud es especialista en borrar la memoria del corazón, es como si tuviera un borrador gigante que limpia el pasado del sacrificio y el amor que recibiste, ¡los borra por completo! A mucha gente se le olvidó quién les tendió la mano cuando no tenían nada. No hay dolor más amargo que el que viene de adentro: uno aguanta que lo olvide cualquiera, pero ¡cómo duele cuando te desprecia aquel a quien tú amaste y cuidaste con toda tu alma!
Mefiboset, el hombre que no tenía esperanza, llega al palacio y se deja cegar por la ambición, Mefiboset estaba sentado a la mesa del rey, pero en sus sueños lo que quería era el trono de David.
La ingratitud te borra la memoria
La ingratitud se disfraza de ambición
La ingratitud nunca termina bien
Cuando tu te olvidas de quién te levantó, un día volverá a caer. Hay personas que olvidan la mano que las sacó del pozo, pero son especialistas en morder esa misma mano que un día las ayudó. ¡Qué peligroso es perder la memoria del corazón!
Cuando eres agradecido valoras todo lo que Dios te ha dado, sea poco o sea mucho, el agradecido disfr...
La Iglesia de hoy esta enfrentando uno de los problemas más terribles de todos los tiempos en su historia, LA TOLERANCIA Y LA ALCAHUETERÍA. Desde el comienzo Dios ha anhelado un Pueblo que sea Su Pueblo y que Dios sea su Dios; para que esto ocurra es necesario que la iglesia sea transformada conforme al carácter de Dios.
Para poder entender el Código de Redención es necesario ir a los inicios, a los tiempos del Éxodo; El pueblo Hebreo (El pueblo de Dios) fue sometido a tributos y a esclavitud y opresión, los amargaron con dura servidumbre y los hicieron servir con dureza en toda labor del campo y en todo su servicio los obligaban con rigor.
Nace Moisés, al que Dios designó para sacar a Su pueblo (Israel) de la esclavitud, crece y ve a sus hermanos en duras tareas, mata a un Egipcio que maltrataba a uno de los suyos y por temor a que Faraón lo mate huye de Egipto hacia la tierra de Madián.
Muere el rey de Egipto y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre y clamaron y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre y oyó Dios el gemido de ellos y se “Acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob y miró Dios los hijos de Israel y los reconoció”.
Dios llama a Moisés estando apacentando las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, en el monte Horeb, monte de Dios y el Angel de Dios se le aparece en una llama de fuego en medio de una zarza… Se identificó como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y le dijo: He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto…Y toma la decisión de libertarlos.
Muchos de los que están aquí, que forman parte del pueblo espiritual de Dios, necesitan ser reconocidos por Dios, y hoy están clamando por causa del Egipto que se ha introducido en sus vidas, su hogar y su familia y hoy te invito a que levantemos nuestra voz y clamemos a cuello tendido: “Señor mira mi aflicción, reconóceme como tu pueblo, ayúdame, sácame de la esclavitud en la que estoy…” Dios ha visto la aflicción de su pueblo y ha oído el clamor a causa de nuestros exactores, ha conocido nuestras angustias y ha descendido hoy para librarnos de mano de todos nuestros enemigos.
El código de la Redención consta de:
El Misterio de la Cruz: Muerte para Redimir
Entender la Cristología es, en esencia, entender el Evangelio; sin embargo, muchos llenan las bancas sin comprender la magnitud de la Cruz. Dios, en su naturaleza eterna, no tiene principio ni fin, pero se hizo visible y ocupó un cuerpo humano con un propósito sagrado: poder ser herido. Si Cristo no se hace hombre, no puede participar de la muerte, y es precisamente esa entrega la que hace a Dios aún más grande ante nuestros ojos.
Vivimos en una cultura que busca el crecimiento pero le huye a la muerte; el miedo humano se resume en esa palabra. Pero el Señor vino con un diseño claro: se hizo hombre para poder morir y murió para poder redimir. ¿Por qué este sacrificio extremo? Porque sobre nosotros pesaba una demanda judicial del tribunal del cielo que exigía el cumplimiento de una ley tajante: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." — Romanos 6:23 (RVR1960)
Sin Cristo como nuestra redención, lo perderíamos todo para siempre. Por eso se manifestó el misterio de la piedad: para que en ese madero, Aquel que es eterno pagara nuestra deuda y nos devolviera la esperanza.
Hoy muchos ostentan cruces, pero carecen de la doctrina de la cruz. Debemos entender que, en su origen, la cruz no era más que una herramienta de tortura y vergüenza; miles murieron en ellas antes y después de Cristo, pero fue Aquel que se entregó en ese madero quien la hizo memorable y gloriosa para nosotros. Por eso, mantener a un Cristo colgado en una cruz hoy es una ofensa directa a la Resurrección y una victoria indirecta para el enemigo, quien intenta susurrar que la obra no se consumó. Pero la Palabra es contundente: "No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor." — Mateo 28:6 (RVR1960)
Pablo, un hombre de linaje y poder, entendió que el Evangelio no se mezcla con méritos humanos ni filosofías baratas. Mientras el mundo intentaba (y sigue intentando hoy) convertir la cruz en una decoración eclesiástica o en una ley de hombres, Pablo fue tajante al declarar que nuestra única jactancia es el sacrificio que nos separa del sistema del mundo:
"Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo." — Gálatas 6:14 (RVR1960)
La cruz jamás fue un símbolo estético; es el escenario de la gloria donde el instrumento de vergüenza se convirtió en nuestra mayor victoria.
Dios es tan grande que estuvo dispuesto a perder Su vida para que nosotros tuviéramos vida; perdió Su lugar de gloria para darnos a nosotros un lugar ante el Padre. Sin embargo, el drama de hoy es que se habla demasiado de lo que el cristiano puede poseer y muy poco de lo que Cristo ya consumó. Hemos cambiado la predicación de la Redención por una psicología barata y "píldoras de optimismo" que solo alimentan el ego. La prédica moderna gira en torno al "yo", a cómo sentirme bien, cuando el mensaje bíblico gira en torno a cómo morir al pecado.
¿Qué es la Cruz? La Cruz es muerte. Es el escenario donde el sacrificio y el arrepentimiento le ganan la partida al deseo humano. Por eso el mundo no la entiende, pero para nosotros es la fuente de autoridad:
"Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios." — 1 Corintios 1:18 (RVR1960)
La Cruz es el único poder que me permite morir a lo que yo soy para vivir para Aquel que me salvó. Si Jesús dejó Su trono para morir por mí, ¿cómo me atrevo yo a no morir a mis gustos para agradarlo a Él? La Cruz no es una sugerencia, es el poder para transformarme, para renunciar a la iniquidad y para abandonar lo que Dios aborrece. A todo aquel que dice "no puedo", el Código le responde: necesitas el Evangelio de la Cruz. Porque el seguimiento de Cristo tiene una condición innegociable:
"Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." — Lucas 9:23 (RVR1960)
La Sangre: El Precio Innegociable de Nuestra Libertad
Llegamos a la esencia misma del Evangelio: la Sangre. Este es el mensaje que define nuestro destino eterno; o nos lleva al cielo o nos hace perderlo todo. El apóstol Pedro nos llama a un temor reverente, recordándonos que nuestra libertad no tiene una etiqueta de precio humana. No fuiste rescatado con oro ni con plata, que son cosas que perecen y se devalúan, sino con la divisa más alta del Reino: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación." — 1 Pedro 1:18-19 (RVR1960)
Nuestra herencia vacía y esa vana manera de vivir no se podían pagar con lo que el hombre cuenta con sus manos. Fue necesaria la Sangre Preciosa de Cristo, un sacrificio que jamás fue un "Plan B" de emergencia, sino el diseño eterno de Dios manifestado hoy por amor a nosotros. ¡Nuestra esperanza no descansa en un mártir derrotado, sino en el Dios vivo que levantó a Cristo después de que Su sangre fuera derramada para nuestra redención!
Pecar contra un Dios Santo no es un error de cálculo; es un riesgo eterno. El pecado no respeta vocación ni estatus social, y cuando se vuelve continuo, nos expone al castigo d...
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