Julio Verne fue un hombre que convirtió la curiosidad en brújula y la imaginación en motor. Creía en un futuro moldeado por el ingenio, donde la ciencia no era amenaza sino promesa. Desde su escritorio, cartografió mares, cielos y planetas con la convicción de que el ser humano acabaría conquistándolos. Su optimismo no era ingenuo: estaba alimentado por el estudio minucioso de avances reales, al que sumaba una confianza obstinada en la capacidad de soñar. Para él, cada invento posible era una puerta abierta y cada página escrita, un billete de ida hacia territorios aún sin nombre.
Por: Fabián C. Barrio
Link original: https://www.youtube.com/watch?v=G16eqqKOEkE
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