Es una idea común escuchar la afirmación que el envejecimiento es un suceso inevitable en la vida, por ende, independientemente de lo que pensemos y anhelemos, eventualmente envejeceremos. No obstante, en su libro Lifespan, el profesor David Sinclair, Ph.D, especialista en genética en la Escuela de Medicina, en Harvard, expone que la esperanza de vida en las próximas década continuará aumentando en el promedio de la población industrializada a alrededor de dos décadas luego de alcanzar los 90 años. Para que tengas una idea en contexto, “la esperanza de vida de una persona que llega a los 65 años, hoy día, es de 85 años” (Sinclair, 2019, p. 228). Y la persona que ha durado más tiempo, aparentemente ha sido la francesa Jeanne Calmen, que murió a los 122, en el 1997. Lo interesante del asunto es, que realmente no sería relevante la longevidad de vida con las implicaciones que conlleva el envejecimiento, sino que según los avances en genética contemporáneos, no solamente podremos obtener longevidad, sino que será posible tener longevidad con vitalidad, es decir, con energía suficiente para disfrutar la vida prósperamente.