Durante décadas, la ciencia ha sostenido que los recuerdos residen exclusivamente en el cerebro. La neurociencia clásica ha centrado su atención en estructuras como el hipocampo, la corteza prefrontal o la amígdala para explicar la codificación, almacenamiento y recuperación de la memoria. Sin embargo, en los márgenes de esta visión tradicional ha emergido una teoría que propone una idea revolucionaria: el cuerpo también puede almacenar memorias. Esta hipótesis, conocida como la "memoria somática", sugiere que ciertos eventos, especialmente aquellos que involucran traumas emocionales o físicos, dejan una impronta no solo en la mente, sino también en los tejidos, músculos y reacciones fisiológicas del cuerpo. ¿Qué tan real es esta idea?