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Cuando observamos los restos neolíticos en un museo, encontramos multitud de herramientas de sílex, como cuchillos, puntas de flecha, raspadores, etc. Son herramientas hábilmente talladas, pero aparecen inconexas y dispersas porque, al faltar restos de madera y otros materiales, nos hacen pensar que aquellas gentes eran toscas y atrasadas. Esta fue mi percepción hasta que tuve la oportunidad de conocer el trabajo de Juan F. Gibaja sobre el yacimiento de La Marmotta, ubicado en el lago Bracciano, cerca de Roma, Italia. Este yacimiento excepcional se encuentra en el fondo del lago a 11 metros de profundidad y ha conservado los restos de un poblado y multitud de enseres: canoas de grandes dimensiones, herramientas completas utilizadas en labores agrícolas, arcos y flechas, cestos, semillas de cereales, opio, etc., objetos que muestran la complejidad de las poblaciones neolíticas. Más información en https://cienciaes.com
En esta ocasión me ha apetecido tratar de unos de los misterios de la ciencia que aún no han sido resueltos, y de los que ya hablaba hace algo más de cuatro lustros, en julio de 2003. Se trata de los misterios de la materia oscura y de la energía oscura. Seguramente no te sorprenderá la afirmación de que, tras más de 20 años de investigación en astrofísica y cosmología, todavía sigue sin esclarecerse lo que son la materia y la energía oscuras. No obstante, se han realizado ciertas observaciones, tanto por el Observatorio de Interferometría de Ondas Gravitatorias, más conocido como LIGO por sus sigas en inglés, como con el Telescopio espacial James Webb que comienzan a inclinar la balanza en favor de algunas hipótesis y en detrimento de otras. Más información en https://cienciaes.com
El canguro Procoptodon goliah, que vivió durante el Pleistoceno, alcanzaba los 2,7 metros de altura y pesaba entre 200 y 240 kilos. En las manos, dos dedos muy largos están equipados con grandes garras, probablemente para agarrar las ramas y acercarlas a la boca. Vivía en regiones semiáridas del sur y el este de Australia, y también se han encontrado huellas fósiles en la isla Canguro, frente a las costas de Australia Meridional. Sthenurus stirlingi alcanzaba una longitud total de 3,5 metros y un peso de 240 kilos. Tenía la cola más corta y gruesa que los canguros actuales. El cuello es corto, y los brazos largos. Más información en https.//cienciaes.com
A pesar de lo que el título pueda sugerir, hoy nos acercamos a la ciencia real, donde los protagonistas son seres humanos: personas normales con ideas tan brillantes como, aparentemente, absurdas. Unas ideas rozan los límites de lo que se considera científicamente serio. Sin embargo, en la mayoría de los casos, sí es ciencia seria; aunque también es delirante, divertida y capaz de hacernos dudar de la cordura de algunos científicos. Diseñar una alarma de wasabi, proponer una autocolonoscopia, administrar viagra a hámsteres para investigar el jetlag, hacer que campeones olímpicos naden en sirope o construir un repelente electromagnético de adolescentes son solo algunas de las investigaciones reales magníficamente contadas por nuestro invitado, Pablo Palazón, en su libro "Ciencia Idiota". Más información en https://cienciaes.com
Se ha calculado que, cada día, el cuarenta por ciento de las bacterias marinas son destruidas por los bacteriófagos. Los restos de las bacterias muertas sirven así de alimento a otras bacterias o acaban depositados en el fondo marino. La parte positiva de esta historia es que un mayor conocimiento de la biología de estos interesantes virus bacterianos puede ayudar a desarrollar nuevas armas contra las bacterias patógenas. Hoy Jorge Laborda habla de lo que contaba al respecto hace algo más de dos décadas y comenta algunos de los avances más recientes que se han llevado a cabo sobre dos de los aspectos que mencionaba entonces: el papel de los bacteriófagos en la lucha antibacteriana y el sorprendente papel que algunos bacteriófagos pueden desempeñar en el desarrollo de ciertas enfermedades autoinmunitarias. Más información en https://cienciaes.com
Imagina un ejército de diminutas máquinas autopropulsadas, armadas con misiles radiactivos, moviéndose dentro del cuerpo en busca de células tumorales. Esto, que podría parecer sacado de una obra de ciencia ficción, es precisamente el tema de la investigación que Cristina Simó ha desarrollado durante su tesis doctoral, cuyos hallazgos han sido publicados en la prestigiosa revista Nature Nanotechnology. Esas pequeñísimas máquinas autopropulsadas son los "nanobots", nanopartículas diseñadas para desplazarse activamente dentro del cuerpo. La investigación se ha centrado en emplear estos nanobots para combatir el cáncer de vejiga, un tipo específico de cáncer que, aunque actualmente pueda ser tratado con éxito, suele reaparecer con el tiempo. Los resultados han mostrando la capacidad de los nanobots para localizar y acumularse en los tumores de la vejiga, logrando una reducción de tamaño de hasta el 90% en ratones de laboratorio. Más información en https://cienciaes.com
Hoy es imposible para cualquier mente razonable negar que algo extraño está sucediendo al clima del planeta. Los científicos llevan avisando de este asunto desde al menos los años 80 del siglo pasado. No obstante, hace veinte años, si había o no calentamiento global era aún debatido, no solo en base a datos climáticos, sino también en base a intereses económicos. Muchos científicos, sin embargo, se embarcaron sin esperar más en proyectos de investigación que perseguían estudiar la capacidad de algunos organismos para adaptarse a lo que probablemente iba a suponer un problema creciente: el aumento de la temperatura y la disminución de las precipitaciones en muchas partes del mundo. Compartimos lo que se decía entonces y analizamos algunas enseñanzas derivadas de ello. Más información en https://cienciaes.com
Durante un paseo por lugares donde pasta el ganado, no es difícil observar cómo los excrementos de los animales se convierten en hervideros de vida. La figura más llamativa entre ellos es el escarabajo pelotero, un insecto de cuerpo negro que se afana empujando con sus patas traseras una bola de excremento varias veces más grande que él. Aunque estos animales son los más destacados, existen muchos otros que, como escucharemos en la entrevista con Joaquín Hortal, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), contribuyen con su gran diversidad y variedad de funciones a la descomposición de excrementos. El estudio, realizado en 38 localidades de todo el mundo, ha permitido evaluar la biodiversidad y el funcionamiento de estos descomponedores de estiércol en diferentes lugares, climas y bajo distintos regímenes de gestión agrícola. Publicado en 'Nature Communications', el estudio muestra cómo la intensificación agrícola y ganadera, así como las prácticas de gestión, impactan de manera diversa en la biodiversidad y los ecosistemas. Más información en https://cienciaes.com
La bioquímica y la inmunología están conectadas a través de la estructura y función de las membranas celulares, específicamente los fosfolípidos. Los fosfolípidos tienen una cabeza polar y una cola no polar, permitiendo a las membranas celulares formar una barrera entre el interior y el exterior de la célula. En nuestras células la cara interior y exterior de las membranas son diferentes, la pared exterior tiene carga eléctrica positiva y la interior no tiene carga, en las bacterias, en cambio, ambas caras son iguales, sin carga. Esta asimetría es crucial para la supervivencia, permitiendo a las células inmunitarias identificar y eliminar células enfermas o viejas. También ayuda a distinguir células propias de las invasoras como las bacterias, gracias a las defensinas, proteínas del sistema inmunitario que atacan a las bacterias uniéndose a sus membranas porque no están cargadas positivamente. Más información en https://cienciaes.com
Las palabras 'fantasmas', 'duendes', 'elfos' o 'gigantes' nos llevan invariablemente a pensar en personajes de la literatura fantástica, ajenos a la ciencia. Sin embargo, estos términos también se utilizan para identificar fenómenos naturales luminosos y de corta duración que ocurren en ciertas noches de tormenta. Estos fenómenos, conocidos como Eventos Luminosos Transitorios (TLE, por sus siglas en inglés), surgen junto al fogonazo de luz producido por un rayo, el cual rompe el aire y traza su camino sinuoso en el cielo. En esos momentos, en la parte más alta de las nubes, los científicos han observado débiles destellos de luz conocidos como 'Sprites' (duendes), tenues discos de luz que se expanden denominados 'Elfos', chorros de luz azul llamados 'Jets Azules' y estructuras que se extienden hacia arriba, conocidas como 'Gigantes'. Entre todos estos, existe un fenómeno muy tenue y difícil de observar que permanece durante algunos milisegundos por encima de ciertos sprites energéticos, al cual han denominado 'Fantasma' (Ghost). Estos 'fantasmas' fueron fotografiados por primera vez en 2019 y ahora, gracias a las observaciones recogidas por el equipo de María Passas Varo, nuestra invitada en 'Hablando con Científicos', el estudio mediante espectroscopía de uno de ellos ha revelado que su luz es emitida por átomos de hierro y otros metales. Más información en https://cienciaes.com
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