Brasil, 1977. Un profesor universitario roba fondos de investigación. Un empresario con conexiones militares lo quiere muerto. Su esposa acaba de fallecer —neumonía, dice el certificado—. Y en medio del Carnaval de Recife, la noticia del día no es una batucada, sino una pierna humana encontrada en el estómago de un tiburón.
Así arranca O Agente Secreto, la nueva película de Kleber Mendonça Filho. La que hizo ovacionar por trece minutos Cannes. La que convirtió a Wagner Moura en el primer actor brasileño con un Globo de Oro. La que hoy compite por Mejor Película en el Oscar, nada menos.
Pero ojo: esto no es un thriller de espías más. Acá el agente secreto no tiene licencia para matar, sino para sobrevivir. Para buscar a su madre desaparecida. Para no llamarse por su nombre real cuando pasa frente a un policía.
En Cachaza Cinema nos preguntamos: ¿qué hace que una película tan cruda, tan local, tan llena de silencios y moscas y perros callejeros, le esté ganando al mundo entero?
La respuesta, creemos, está en algo que Mendonça Filho nunca dice en voz alta pero filma en cada plano: el terror no siempre viene con uniforme. A veces viene disfrazado de tiburón. A veces viene en un Fusca amarillo. Y a veces —las más tristes— se sienta en la butaca de un cine, esperando que alguien lo mire de frente.
Bienvenides a Cachaza Cinema. Hablemos de Brasil, de memoria y de una pierna que no deja de nadar.