Cada vez son más las personas que padecen graves dificultades para acceder a una vivienda digna. Tanto en el Norte como en el Sur, y no nos referimos sólo al N. o al S. de la Península Ibérica, sino a los llamados Países Empobrecidos y Enriquecidos, la conversión de la vivienda en un bien de inversión ha significado el aumento de la especulación inmobiliaria y, por lo tanto, de los precios, pero también de fenómenos como el acoso inmobiliario, los desahucios masivos o el sobre endeudamiento de las familias. Como resultado, los colectivos empobrecidos son expulsados a las periferias de las ciudades, a chabolas, a garajes, a casa de los padres, hermanos u otros familiares.