El poder real bendice el voto siempre y cuando sea inocuo, y apoya las democracias siempre que no pongan en riesgo los intereses de las minorías ricas. Cuando el voto puede generar algún cambio en sentido contrario, entonces se prohíbe: golpes militares, golpes parlamentarios, judiciales, golpes mediáticos, proscripciones. Ahí están, otra vez, como siempre, batiendo los tambores de su guerra.