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¿De qué sirve el rencor? ¿Para qué echarle la culpa a los demás de nuestros propios errores? ¿No es más gratificante la generosidad? Pero, ¿y si las cosas se pudieran ver de otra manera por un giro de guion ajeno a nuestra voluntad? Algo de todo eso hay en «Mario y María». Cuando lo publiqué por primera vez en mi extinto blog se lo dediqué a una antigua alumna: María Merino. No sé qué habrá sido de ella, pero, esté donde esté, siempre pensaré en ella como la María de «Mario y María». A ella sigo dedicando esta breve historia.
Si has escuchado otros relatos de este pódcast, sabrás que me interesan esos desvíos de la realidad que son imposibles, pero que nos permiten entender algo mejor, los caminos torcidos de nuestro día a día.
«Adiós» es un relato muy breve, pero sin llegar a ser un microrrelato. ¿Qué ocurre cuando un ser querido nos dice adiós? En mi opinión, durante un tiempo todo nuestro mundo se trastoca. Pues de eso va esta pequeña historia.
«Color crepuscular» es un pódcast en el que, entre otras cosas, puedes conocer versiones alternativas de la Historia sin que eso suponga revisionismo o populismo histórico.
Por muchos motivos, cuando publiqué este relato en mi blog ya cerrado, se lo dediqué a mi amigo Diego. Aunque ya no esté entre nosotros, me sigue pareciendo dedicárselo a él. Los que lo conocieron, lo entenderán perfectamente
«El movimiento de las cosas quietas» es uno de mis relatos favoritos. Claro que eso, viniendo de mí, no significa mucho. Yo los quiero a todos como si fueran mis hijos. Que lo son. Sin embargo, te aviso. No es un relato alegre. O, más bien, es un relato bien triste. Espero que eso no te arredre.
Este pódcast es un cajón de sastre en el que lo mismo puedes encontrar relatos dulces como el almíbar de los jazmines, distopías amargas como la vejez no deseada o kafkianos como «Paramnesia»
Quizá conozcas el término, quizá no. Por si acaso, te traigo aquí la definición de la RAE:«Alteración de la memoria por la que el sujeto cree recordar situaciones que no han ocurrido o modifica algunas circunstancias de aquellas que se han producido.» ¿Es eso lo que ocurre en este relato? Escúchalo y saldrás de dudas.
«Los hilos de la vida» es un relato de justicia poética. La venganza está permitida porque no es más que un cuento, es decir, una alegoría.
Aunque en español solemos hablar de «La Parca» como representación antropomórfica de «La Muerte», en realidad, «Las parcas» eran tres en la mitología romana: «Nona», «Décima» y «Morta» y eran las que manejaban los hilos de la vida de los mortales y los conducían a su destino final al llegarles la hora de la muerte. Tenían su equivalencia en las «Moiras» griegas o en las «Nornas» nórdicas.
Y de eso trata este pequeño cuento.
Algunos relatos son solo fragmentos de una vida. No hay fantasía, no hay juego, no hay artificio. Solo verdad. Eso es lo que perseguía al escribir «Amanecer». El problema es que la verdad rara vez es dulce. No obstante, la amargura de esta historia queda mitigada en parte por la dulzura de la voz de nuestra amiga Salu que nos la presta para la ocasión. De ese modo, este cuento triste lo es un poco menos gracias a la calidez de sus palabras.
«Amanda II» es el tercero y último de una serie de relatos alrededor de un personaje, Amanda, que, como todos nosotros, es poliédrico. Amanda, de hecho, tiene al menos dos vidas diferentes. La que se relata en los dos episodios anteriores (si no los has escuchado, te sugiero que vuelvas a atrás y lo hagas ahora mismo) y la narrada en este.
Cuando comencé a escribir este cuento, no sabía muy bien en qué acabaría, pero tras unas cuentas líneas, tuve claro que no era sino una vuelta al origen de Amanda. Aunque un origen distinto. No te digo más. Después de haber escuchado «Amanda», «Amanda en Guadalest» y «Amanda II», quizá seas tú el que quieras decirme algo. Espero impaciente.
Doy por sentado que has escuchado el episodio anterior, «Amanda». Si no es así, te sugiero que pares ahora mismo y lo escuches. Este no tiene mucho sentido sin aquel.
Muchas veces quise c¡volver sobre dos de mis personajes favoritos, Amanda y su innominado admirador. No pretendía escribir una continuación, solo una historia nueva con ellos, pero tampoco podía ignorar lo que es relata en «Amanda», de modo que, de forma natural, llegó «Amanda en Guadalest»
Decía León Felipe que «el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos». No le llevaré la contraria, pero me gustaría hoy leerte un cuento que no te haga sentir miedo. Más bien, que te provoque una sonrisa amable.
«Amanda» es mi relato favorito. Lo incluí en mi primer libro autopublicado: «Historias que llegaron con la lluvia». No te diré nada de él. Prefiero que lo escuches sin prejuicios. Sin embargo, sí te adelanto que escribí una continuación: «Amanda en Guadalest» que será el próximo episodio. Y que, más adelante, empecé otro cuento que, sin pretenderlo, me llevó de vuelta a Amanda. Pensé volver a titularlo «Amanda», pero decidí que incluiría los tres en mi segundo libro, «El amargo sabor de la cerveza». No podía ponerle el mismo título que al primero, así es que lo llamé simplemente «Amanda II». Pues bien, ese será el episodio siguiente a «Amanda en Guadalest»
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