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Dios no recibió el castigo de tu pecado para manipularte emocionalmente. Jesús no murió por tu culpa, Él murió por tu causa.
Dios no nos diseñó para estar en un tiesto, nos diseñó para ser plantado en una casa. Para eso Él nos diseñó, no para estar en un tiesto que nos podemos estar moviendo de hoy para allá, sino para ser plantado en su casa.
Dios no te llamó porque tú eres perfecto. Te llamó porque Él es perfecto. Y Él va a glorificar su nombre a través de las grietas de tu vida.
Tenemos que vivir amando su venida, llenos de expectativas. Pablo, Pedro, los demás escritores de la Biblia vivían con expectativas. Los padres de la fe vivían con expectativas.
Si queremos la experiencia transformadora de Peniel, te va a costar. Te va a costar lágrimas y muchos ruegos y muchas súplicas.
Las promesas de Dios a nuestras vidas son como un mapa para el futuro. Cada promesa de Dios es el deseo de lo que Dios quiere que tú te conviertas, lo que Dios quiere que tú hagas y lo que Dios quiere que tú seas.
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